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Managua, 27/05/2012 0:24 PM
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¿Es confiable e indispensable el PLC?
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Algunos miembros destacados del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), así como ciertos amigos y observadores políticos democráticos, nos dicen que no debemos hacer el juego a quienes quieren desprestigiar a este partido, que es el único que, según ellos, puede derrotar al FSLN y restaurar la democracia en Nicaragua. “No hay que maldecir la comida que uno se tiene que comer”, dicen.

Pero al respecto debemos manifestar que los partidos, igual que las personas, se prestigian o desacreditan por lo que hacen, no por lo que los otros dicen de ellos. Además, el PLC como cualquier otro partido, por su condición de institución de derecho público está necesariamente expuesto al escrutinio y la crítica social. Por lo tanto, si los miembros del PLC quieren que su partido tenga buena reputación deben ganársela con sus propias acciones.

Por ejemplo, si a los líderes del PLC no les gusta que se diga públicamente que ellos no pagan sus deudas; y si les molesta la cobranza en cámara que a diario les hace el Canal 12 de Televisión, por unas cuentas que tienen pendientes desde la campaña electoral del 2006, pues sencillamente deberían pagarlas. Es más, el PLC debió cancelar esa deuda desde que recibió el reembolso del Estado por los gastos de campaña. O sea que si este partido no tuviera esa deuda pendiente y la cual hasta ahora no ha querido pagar, por mucho que se dijera que son tramposos no lo serían, sino honorables funcionarios políticos que honran sus compromisos, respetan su palabra y cuidan su imagen.

De manera que si la gente dice que el PLC es pactista; si lo critican porque le facilitó a Daniel Ortega la recuperación de la Presidencia de Nicaragua con sólo el 35 por ciento de los votos, a cambio de compartir minoritariamente los cargos más lucrativos del Estado y por el interés de restablecer el bipartidismo somocista en el ejercicio del Poder, es porque todo eso ha ocurrido a vista e impaciencia pública, no porque alguien lo hubiera inventado para desprestigiarlo y molestarlo.

Por otro lado, no es cierto que el PLC sea un partido indispensable y mucho menos para recuperar la República, para restablecer la institucionalidad democrática del país y las libertades personales y públicas de los nicaragüenses, las que ese mismo partido ha entregado a Daniel Ortega y el FSLN a cambio de un plato de prebendas o lentejas. Es cierto que el PLC ganó las elecciones de 1996 y 2001 con más del cincuenta por ciento del voto popular. Pero desde entonces ha venido perdiendo votos catastróficamente, y no por las campañas de desprestigio de nadie sino por su conducta pactista, por su entreguismo a Daniel Ortega y el FSLN, por su traición al voto democrático que en las elecciones del año 1996 sumó más del sesenta por ciento.

No ponemos en duda que en el PLC hay personas que no están de acuerdo con el pactismo claudicante de Arnoldo Alemán, y que quisieran revocarlo. Pero creen que para eso tienen que llegar a ser Presidente de Nicaragua, lo cual sólo sería posible por medio de su partido y con el visto bueno del caudillo Alemán. Lo mismo creyó don Enrique Bolaños, quien mediante el dedazo de Alemán obtuvo la nominación del PLC pasando encima de fieles arnoldistas. Pero cuando Bolaños quiso revocar el pacto y castigar la corrupción alemancista, se enredó en una artera trampa que le tendieron Daniel Ortega y el FSLN y al final no quedó bien ni con Dios ni con el diablo.

Ahora el PLC puede ser una buena maquinaria política para obtener una candidatura presidencial y hacer el papel de candidato zancudo en contra de Daniel Ortega, a lo sumo para agarrar una cuota minoritaria de cargos estatales. Pero no para volver al poder y mucho menos para reconstruir la institucionalidad democrática y recuperar las libertades y los derechos humanos de todos los nicaragüenses que el mismo PLC entregó en bandeja de plata.

Finalmente, hay que reconocer que seguramente el PLI no tiene capacidad para convertirse en la gran fuerza nacional que es necesaria para derrotar al FSLN orteguista y al zancudismo pelecista. Pero al menos por ahora parece ser la única alternativa y en todo caso es una semilla de la cual podría fructificar la poderosa fuerza política y el gran liderazgo democrático, que necesita Nicaragua para salir del autoritarismo, de la corrupción y la desmoralización social a donde lo ha arrojado el sandinismo orteguista con la complicidad del liberalismo arnoldista.

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