Unas 30,000 personas se hallaban este sábado aisladas en la región del Caribe sur costarricense, a causa del desbordamiento de ríos que virtualmente borraron las carreteras, informó ayer la Comisión Nacional de Emergencias que mantenía la zona en “alerta máxima”.
Las fuertes lluvias que caen en la costa caribeña costarricense desde hace una semana produjeron el desbordamiento del río Sixaola, que cubrió las carreteras y provocó daños en varios puentes, dejando aisladas a numerosas comunidades, en las que habitan unas 30,000 personas, según estimaciones oficiales.
Hasta la noche del viernes, los organismos de socorro habían logrado rescatar a 952 personas cuyas casas se inundaron, para alojarlas en albergues temporales abiertos en escuelas e iglesias de la región.
Vecinos de estas localidades que han logrado salir a puerto Limón u otros centros poblacionales, afirmaron a medios de comunicación que hay sitios a los que sólo se puede llegar en panga y que numerosas familias necesitan ayuda.
Mientras tanto, las autoridades locales no ocultaron su preocupación por los daños que han sufrido las plantaciones de banano que constituyen la principal actividad económica de la zona. “La gente vive de la venta del plátano, muchas plantaciones están destruidas y otras, en la Alta Talamanca, no las pueden sacar. Si no venden el plátano no tienen comida. Esto es grave”, declaró al diario La Nación, Rugeli Morales, alcalde de Talamanca, localidad situada a unos 200 kilómetros al sureste de San José.
Un frente frío que ha afectado a Centroamérica durante toda esta semana ha causado lluvias, bajas temperaturas y vientos huracanados en Costa Rica, donde cientos de casas quedaron destechadas y miles de personas han sufrido interrupciones en los servicios de electricidad y telefonía.
Para el fin de semana, los servicios meteorológicos pronosticaron que los “vientos del norte” disminuirán de forma gradual, pero el martes ingresará al istmo un nuevo frente frío que podría causar nuevas complicaciones.