No hay más que buscar, la separa-
ción del Movimiento Vamos con Eduardo y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) se da por diferencias irreconciliables, como se dice en muchos divorcios. En este caso, en realidad, el matrimonio fue desde un principio un matrimonio de conveniencia, que no tenía ningún futuro aún si las elecciones del pasado 9 de noviembre no hubieran terminado en el gigantesco fraude que terminaron. Aún si la Alianza PLC hubiera logrado las más de 100 alcaldías que se proponía.
Tal vez voy a simplificar mucho las cosas, pero considero que en un país donde los partidos políticos no tienen raíces institucionales y se sostienen sobre lo que llaman “bases”, que no es más que un sinónimo del ya demasiado desprestigiado término de “masas”, éstos no pueden sobrevivir con más de una cabeza.
Y ése es un gran problema. Aquí tenemos dos líderes, Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán, que quieren lo mismo, ser la cabeza del partido y luego ser el Presidente de la República.
No quiero entrar aquí a discutir quién es el bueno y quién es el malo. Yo creo que a estas alturas ya todos los nicaragüenses tenemos formada una opinión sobre eso. Mi reflexión va más allá.
Desde que Montealegre anunció que su movimiento se fusionaba con el Partido Liberal Independiente (PLI) he notado a mucha gente angustiada porque la “unidad liberal” se rompió y eso sólo le da ventaja al proyecto totalitario del compañero comandante pueblo presidente Daniel y al orteguismo. Eso es cierto. Pero también es cierto que la “unidad” nunca existió. Hay claramente diferencias irreconciliables entre estas dos personas y la gente que las sigue, lo cual garantiza que “unidos” o separados siempre estén tratando de destruirse porque no persiguen lo mismo. Si lo único que tienen en común es el mote de “liberales” y muchos, en ambos bandos ni siquiera saben lo que ese término significa.
Tal vez las cosas se facilitarían si ambos personajes estuvieran dispuestos a medirse limpiamente en una elección entre “las bases” liberales. Se postulan, la gente vota, se cuentan los votos y el que saca más es el líder, el otro lo apoya y espera su turno, si es que alguna vez llega. Si las intenciones de ambos fuesen sanas en ese sentido pues el paso de Montealegre no sería del todo negativo. Él se va, organiza a su gente bajo el PLI, Alemán se queda en su PLC y luego se realiza una elección para ver quién es el que obtiene más votos.
Esto lleva consigo, sin embargo, para comenzar, que ambos estén dispuestos a someterse a ese proceso y a jugar limpio. Yo dudo que los dos estén dispuestos a eso, y con uno que falle todo el andamiaje se cae.
Sin embargo, la experiencia del 2006 ha causado un trauma en todo el que no es orteguista. Nos aterroriza pensar que en otras elecciones generales vayan a participar de nuevo dos partidos liberales. Pero por la guerra que se tienen entre ellos actualmente para mí está claro que no hay otra opción. Además, separados se les puede diferenciar claramente.
Y por último, aún cuando se presentaron “unidos” el orteguismo se robó las elecciones, así que no hay que perder el sueño por la unidad de los liberales, eso no se va a dar. El verdadero problema está en quién y cómo se cuentan los votos, pero ése es tema de otra columna.