En el Prólogo a la tercera Edición del libro de Carlos Marx, La guerra civil en Francia, publicada en marzo de 1891, Federico Engels escribió que todo aquél que quisiera ver el rostro de la dictadura del proletariado, debía mirar lo que fue la Comuna de París. “¡He ahí la dictadura del proletariado!”, exclamó, intimidante, el entrañable camarada del fundador de la llamada doctrina del comunismo científico.
La Comuna de París fue el primer intento triunfante en el mundo —aunque efímero, pues sólo duró del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871— de imponer un régimen comunista, el cual se caracterizó por sus aspectos terriblemente sangrientos, tanto en la toma del poder por los comunistas como en la feroz represión con que aplastaron a sus adversarios y en la no menos horrorosa represalia contrarrevolucionaria que sobrevino después que los comuneros parisinos fueron desalojados del poder.
Pues bien, parafraseando a Federico Engels, los nicaragüenses podemos decirle ahora a los salvadoreños que se preparan para ir a una elección presidencial crucial, el próximo 15 de marzo: ¿Quieren saber lo que les ocurriría si el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y su candidato presidencial Mauricio Funes ganaran esa elección? Pues para saberlo sólo tienen que recordar lo que ocurrió en Nicaragua en los años aciagos de la revolución sandinista, de 1979 a 1990, y ver lo que está ocurriendo otra vez aquí bajo el nuevo gobierno de Daniel Ortega y el FSLN. Es decir, mirar el desastre económico que están causando Ortega y el FSLN, el desmantelamiento de la institucionalidad democrática, su grave amenaza de no dejar piedra sobre piedra del sistema de libertades individuales y de respeto a los derechos humanos.
Pero, afortunadamente para los salvadoreños democráticos, inclusive para muchos ingenuos que simpatizan con el FMLN y su candidato creyendo en sus mentirosas promesas populistas, últimamente se han producido en El Salvador algunos hechos que hacen abrigar la esperanza de que ese país no caerá en el mismo abismo en el que por segunda vez ha caído Nicaragua.
Primero fueron los resultados de las elecciones legislativas y municipales del 18 de enero pasado en El Salvador, en las cuales el FMLN obtuvo más diputados en comparación con cada uno de los demás partidos, con 37 del total de 84, mientras que el partido democrático de derecha, Arena, eligió 34 diputados, pero los izquierdistas no podrán dominar la Asamblea Legislativa. Además, Arena es un partido de principios, no es como el PLC de Nicaragua y por lo tanto no traicionará a sus electores entregándole al FMLN el control del Poder Legislativo.
Por otro lado, lo más importante que ocurrió en los comicios del 18 de enero en El Salvador fue que el FMLN perdió la Alcaldía de San Salvador, la que venía gobernando desde 1997, durante cuatro períodos consecutivos. Este triunfo de Arena ha tenido una enorme repercusión en el fortalecimiento de la moral política de los electores democráticos salvadoreños y ha causado confusión y desmoralización en los sectores izquierdistas.
Finalmente, esta semana los minoritarios partidos Demócrata Cristiano y Conciliación Nacional se retiraron de la campaña presidencial, porque no tienen ninguna posibilidad de ganar ni pueden seguir financiando sus campañas.Y eso despeja más el camino de Arena. Es cierto que el triunfo democrático en la elección de San Salvador y la retirada de los dos pequeños partidos que le podían quitar más votos a la derecha que a la izquierda, no significa que Arena ha asegurado automáticamente la victoria en la elección presidencial del 15 de marzo próximo. Pero se ha mejorado la posibilidad del candidato democrático, Rodrigo Ávila, quien según una información publicada ayer por LA PRENSA está en desventaja en las encuestas, con 26.5 por ciento de intención de voto, ante el candidato del FMLN, Mauricio Funes, quien marca 32.5 por ciento. Y en todo caso, el resultado de la elección dependerá de a dónde se incline la mayor parte del 28.2 por ciento de los ciudadanos que hasta ahora no han dicho por quién van votar.
Lo que sí se puede asegurar es que las posibilidades de Arena han mejorado notablemente, y que ha aumentado la esperanza del pueblo salvadoreño de no caer en la misma trágica situación en la que se encuentra ahora Nicaragua. Y por su bien y el de nosotros esperamos que así sea.