En Nicaragua existen dos opciones políticas ideológicas con profundas y amplias raíces en la cultura nacional: el liberalismo y el sandinismo. El Frente Sandinista es percibido por la mayoría de la población como el representante del sandinismo, en donde los orteguistas se han apropiado del partido convirtiéndolo en instrumento al servicio del dictador, alejado de los principios, programas y actitudes que en otros tiempos mantuvieron los militantes sandinistas.
El MRS, liderado por Sergio Ramírez, fue visto como un proyecto personal de “quitate vos para ponerme yo” y no obtuvo en su primera participación electoral el respaldo popular. Posteriormente, bajo la conducción de Dora María Téllez volvió a las filas del FSLN bajo la figura de la “Convergencia”, dejando desconcertado al electorado nacional. Mundo Jarquín y el legado de Herty Lewites renacieron ese partido. Y ahora con Enrique Sáenz y Mundo Jarquín han asumido posiciones patrióticas, pero uno de los miembros de la Alianza MRS, Mónica Baltodano, con su campaña del “voto nulo” coadyuvó con lo que a la postre sería una de las principales herramientas del fraude orteguista en las elecciones municipales. La pregunta es, ¿podrá este movimiento entusiasmar a la mayoría de votantes sandinistas e indecisos?
El conservatismo, que otrora fuera una gran fuerza nacional, gracias a sus permanentes errores políticos terminó convirtiéndose en una opción minoritaria con pocas posibilidades de vencer al FSLN, pero puede ser un aliado que sume a la “unidad necesaria” para botar a Ortega del poder.
El PLC conducido por Alemán venció al FSLN en dos elecciones sucesivas y cayó en desgracia ante el electorado por la falta de democracia interna y la corrupción de sus líderes. Pero es obvio que es una gran fuerza, sin cuya participación será muy difícil vencer al FSLN. Su “máximo líder”, a como le llaman los principales aduladores de Alemán, afirmó que el PLC iniciará un proceso de democratización jamás conocido en sus filas. Promoverán una masiva afiliación que tendrá en mayo elecciones en los territorios y culminará con la convención de julio, en donde elegirán las autoridades nacionales.
Pero, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, todos recordarán la última Convención en donde eligieron a más del 20 por ciento del CEN. El secretario del partido mencionó a los candidatos y cuando los convencionales pedían elección individual, el licenciado Aguirre Sacasa dijo que no era necesario y a mano alzada eligieron en plancha. La votación exacta nunca se supo, porque a la cúpula del PLC no le interesaba, se trató de un “teatro en casa para legitimar” a los designados por el dedo de Alemán.
La otra opción relevante del liberalismo fue fundada por Eduardo Montealegre, quien no encontró otro nombre mas apropiado que el propio: Movimiento Vamos con Eduardo, cuya participación, al igual que la del PLC, es casi indispensable para vencer en las urnas al FSLN. Este movimiento creció muy rápidamente y ha sabido capitalizar el descontento dentro de las filas del PLC y de los indecisos, pero no pudo vencer al FSLN.
El MVE criticó duramente las prácticas antidemocráticas del PLC, pero terminó haciendo lo mismo. Hicieron un remedo de primarias que terminó “poniendo de dedo” a algunos diputados. En las municipales definieron algunos métodos de selección de candidatos muy sui géneris, que benefició a los bendecidos por la cúpula y ahora de la noche a la mañana anuncian que se fusionan al PLI sin siquiera haber consultado a sus bases.
Ambas organizaciones liberales lamentan que el pueblo no sale masivamente a ovacionarlas, ambas se quejan de pactar con el FSLN y sus cúpulas viven permanentemente reclamándose, mientras el orteguismo, día a día se consolida en el poder. Lamentablemente el CSE, dirigido por los orteguistas, se robaron las elecciones municipales.
Arnoldo Alemán, Eduardo Montealegre y sus cúpulas tienen ahora un compromiso con el pueblo y son moralmente responsables por el futuro. Ambas organizaciones tienen una gran oportunidad que se espera sepan aprovechar. Todos ellos han afirmado que divididos volverán a ser vencidos, por eso el PLC y el PLI deben iniciar cuanto antes un proceso de “unidad definitiva”, marcado por la práctica democrática de elegir a todas las autoridades de forma individual, directa y secreta. No más dedazos y no más amiguismos. Que las bases elijan libremente a sus líderes. Entonces y sólo entonces el pueblo los respaldará masivamente.