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Managua, 27/05/2012 0:18 PM
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Ortega y Alemán: distintos pero idénticos
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Lo peor que le podría ocurrir a Nicaragua es “pasar de don Daniel a don Arnoldo”, ha dicho el sociólogo, politólogo e historiador francés Gilles Bataillon, quien es considerado como “uno de los mayores expertos europeos en sandinismo”.

Bataillon habló el martes de esta semana en Madrid, España, sobre la crisis de Nicaragua y aseguró que Daniel Ortega “no tiene nada de democrático”, que maneja a Nicaragua “como si fuera su finca”, igual que lo hace Arnoldo Alemán, quien tampoco es un demócrata. Según Bataillon, Ortega y Alemán “son dos rivales políticos que se parecen muchísimo”, y por eso los nicaragüenses no ganarían nada saliendo del caudillo del FSLN para caer en manos del caudillo del PLC.

Gilles Bataillon, quien tiene ahora 52 años de edad, es director de la Escuela Práctica de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, igual que del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, de la misma capital francesa. También es profesor de la División de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económica de México, miembro de los comités de redacción de las revistas de Francia Espíritu y Problemas de América Latina, y colaborador permanente de otras revistas francesas denominadas Comentarios y Comunismo.

El interés de Bataillon por Nicaragua y el sandinismo data desde los años ochenta del siglo pasado, cuando se desilusionó por la desviación de la revolución sandinista hacia el totalitarismo comunista de tipo estalinista soviético y castrista cubano. En febrero de 1986, en un artículo que fue publicado en la revista mexicana Vuelta, que fundó y dirigió el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, titulado “La Revolución Sandinista, la Oposición y Nosotros”, Bataillon contradijo a Mario Vargas Llosa, quien había dicho en un artículo publicado en The New York Times, que la revolución sandinista cada día se parecía menos a la de Moscú y más a la de México. Eso no es cierto, aseguró Bataillon, pues “la especificidad de la revolución nicaragüense se fundamenta en un factor desconocido en la escena revolucionaria mexicana: un partido totalitario, el FSLN”. Bataillon agregó en aquella ocasión que “si ellos —los sandinistas— organizan elecciones no es para demostrar que el poder es del pueblo y que ninguna persona o institución puede apropiárselo, sino —como lo explicara crudamente Bayardo Arce (en un discurso que pronunció el 18 de abril de 1984 ante el Comité Central del Partido Socialista Nicaragüense)— con la idea de que las elecciones son un medio tácticamente interesante de consolidar su poder”.

Recientemente, en diciembre del año pasado, Gilles Bataillon publicó en la revista mexicana Letras Libres, sucesora de Vuelta, un artículo de opinión titulado “Caza de Brujas en Managua”, en el cual denunció la persecución del gobierno orteguista contra intelectuales nicaragüenses de izquierda, disidentes del FSLN, y señaló que Daniel Ortega y su equipo tienen “el proyecto político de establecer una dictadura personal y familiar, con la pantalla de “democracia directa”.

De manera que la crítica esencial de Gilles Bataillon al orteguismo no es nueva. Lo novedoso es su señalamiento de que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán son prácticamente la misma cosa, que ambos son igualmente antidemocráticos, que los dos manejan el país como si fuera su hacienda, y que, por lo tanto, una solución democrática de la crisis nicaragüense no pasa por el regreso de Alemán al poder, sino por la derrota de los dos caudillos antidemocráticos.

En realidad, sólo las personas políticamente ingenuas —o que simulan ingenuidad— pueden creer que porque Daniel Ortega ha tenido formalmente preso a Arnoldo Alemán, ambos son excluyentes. La verdad es que ellos son diferentes personalmente, pero en el fondo son idénticos y en todo caso complementarios. Por eso es que se han entendido y se siguen entendiendo muy bien y han pactado para repartirse el botín del Estado, para eliminar la competencia política, para reducir la oposición democrática a una mínima expresión, para restablecer el bipartidismo somocista, para alternarse en el poder en períodos presidenciales o uno como presidente y el otro como primer ministro.

Tiene razón, pues, Gilles Bataillon. Ortega y Alemán son prácticamente la misma cosa. Y por lo tanto para recuperar la libertad y salvar la democracia es necesario derrotar a los dos y extirparlos de la vida política de Nicaragua.

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