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Pobre OEA
Danilo Arbilla
El autor es periodista uruguayo, fue presidente de la SIP
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Que se recuerde nunca un secretario de la OEA ha sido tan maltratado como Insulza, en particular por el comandante Hugo Chávez, que le ha llamado “pendejo” , “insulso” o su canciller que recientemente lo volvió a vapulear utilizando ese mismo lenguaje.

Es difícil encontrar y hasta imaginar un organismo tan inoperante, con menos fuerza, que la Organización de Estados Americanos. Si no fuera por la gestión que cumplen su Comisión de Derechos Humanos y la Relatoria sobre la Libertad de Expresión y la relación con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la OEA sería inexistente y nadie lo lamentaría.

En los hechos ha sido sustituida por una serie de organizaciones regionales, con variados propósitos. Uno de los primeros fue restarle influencia y quitar del medio a los EE.UU., otro meter de alguna medida a Cuba, después responder a los afanes tutorales, nostálgicos y por supuestos económicos del reino de España o hasta por los sueños imperiales o de liderazgo universal de Brasil y del comandante Hugo Chávez, respectivamente, además de intereses y aspiraciones integracionistas.

La falta de recursos para financiar todo el aparato, a su vez, ha incidido en ese desgaste y crisis continua de la OEA.

Cuando quiso ser resucitada con la aprobación de una Carta Democrática, la “elasticidad” de ésta, que ha servido de cobertura a cualquier tipo de gobierno violador de las prácticas básicas que hacen a la democracia, ha contribuido más al descrédito del ya desacreditado organismo.

Pero, por si faltara algo para alcanzar la pérdida total de credibilidad, ahora se ha sumado el aporte de su actual secretario general, el chileno José Miguel Insulza. Que se recuerde nunca un secretario de la OEA ha sido tan maltratado como éste, en particular por el comandante Hugo Chávez, que le ha llamado “pendejo” , “insulso” o su canciller que recientemente lo volvió a vapulear utilizando ese lenguaje que caracteriza a los bolivarianos, mientras Insulza, no sólo “pasa por alto” esos “detalles” sino que se esmera en halagarlos y, por ejemplo, ya no se mete en temas como la clausura de medios en Venezuela o le quita importancia y hasta niega la interferencia de Chávez en los asuntos internos de otros países, en particular Colombia, y su relación con las FARC.

Cada manifestación del secretario Insulza supera a la anterior. En la reciente reunión cumbre de presidentes latinoamericanos, organizada por Lula en Costa de Sauípe (Bahía, Brasil) y en la que fue tan festejado Raúl Castro, Insulsa no perdió la oportunidad para decir lo suyo: advirtió que el “aislamiento de Cuba es un resabio de la guerra fría”. Muy bien; y Cuba, su sistema totalitario, los presos políticos, la falta total de libertad de expresión que rige en la isla ¿qué es para el secretario general de la OEA?

Pero Insulza no se contiene. En las últimas horas acaba de hacerle ver al presidente Obama que la V Cumbre de las Américas (a realizarse en Trinidad y Tobago en abril próximo) “será una oportunidad única para que …(él) dialogue con sus colegas de la región”, y “demuestre que está dispuesto” a ello, señalando, vaya novedad, que las relaciones hemisféricas no “han sido prioridad en la agenda de la política internacional de los Estados Unidos”.

Es, por supuesto, lo que por su condición de secretario general debe y tiene que hacer. Eso sí, señalar como la mayor virtud de la organización el “desarrollo democrático” alcanzado por sus miembros, resulta, por lo menos, no muy creíble y bastante discutible.

Antes de hacer ese tipo de afirmaciones, le convendría tener más datos sobre las prácticas electorales, antes y durante, la compra de votos y medios de comunicación, las presiones a la prensa y los periodistas, la concentración de poderes y su consabido abuso y el hostigamiento oficial a la oposición y la proscripción de candidatos, para no caer en nuevas imprudencias. Hay una larga lista de países miembros por donde podría darse una vuelta y recoger información en serio. Si no lo hace o no se anima, debería, por lo menos, cuidarse más en sus declaraciones; le quitan credibilidad.

Si eso lo afectara únicamente a él, no importa, es su problema y su decisión, pero involucra a la OEA y, dado su “estado”, a esta pobre no le hace nada bien.

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