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Notoriedad presidencial
Peter R. Bernal
El autor es comentarista internacional
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El pueblo de Estados Unidos de Norteamérica generalmente es espléndido con su Presidente al comienzo de su mandato. Curiosamente a los mandatarios que tienen que sustituir a otros por causa de muerte o de renuncia, la ciudadanía los respalda masivamente.

Con un alto porcentaje de popularidad en su gestión presidencial del 69 por ciento, según la investigación Gallup, al 26 de enero recién pasado, entre 3,205 entrevistados, Barack Obama la disfruta unos días después de su juramentación como el cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos, por su faena en la Casa Blanca. Ésta es la segunda mejor de presidentes electos desde la Segunda Guerra Mundial. Solamente John F. Kennedy ha obtenido superiores calificaciones, pues en 1961 obtuvo el 72 por ciento de aprobación en su misión. Otros como Dwight Eisenhower, 68 por ciento y Jimmy Carter 66 por ciento, lograron buenas marcas, pero Gallup no elaboraba sondeos durante la primera semana de estos tres presidentes y solamente hay cronología desde febrero. Distintos son las de Richard Nixon, Bill Clinton, George W. Bush, Ronald Reagan y George Bush padre, los que obtuvieron un average del 55 por ciento, que demuestra que Obama ha tenido aparentemente un buen inicio.

El pueblo estadounidense generalmente es espléndido con su Presidente al comienzo de su mandato. Curiosamente los mandatarios que tienen que sustituir por muerte o renuncia a otro, la ciudadanía los respalda masivamente. En 1945, Harry Truman recibe un 87 por ciento; en 1963, Lyndon Johnson el 78 por ciento, y a pesar de Watergate en 1974, Gerald Ford recibe el sostén del 71 por ciento de la ciudadanía.

El factor negativo, el 12 por ciento que se le confiere a Obama, no es alto respecto a otros sondeos. Por ejemplo, la mayoría de los presidentes después de la Segunda Guerra han estado por debajo de los 10 puntos, pero cuatro de los últimos cinco han estado por encima, excluyendo a Bush padre en 1989. Entre los tres últimos mandatarios, Obama comienza con un factor negativo inferior, pues tanto Clinton como Bush gozaban de una oposición del 20 al 25 por ciento.

Otro dato interesante de esta encuesta es la forma que miembros de otros partidos políticos se hacen sentir, por ejemplo el 41 por ciento de los republicanos no aprobaron en 1993 la gestión de Clinton y en febrero del 2001, el 46 por ciento de los demócratas estaban en desacuerdo con Bush.

Más datos, solamente tres republicanos, seis Independientes y nueve Demócratas de cada diez entrevistados en su respectivo grupo desaprueban el desempeño de Obama.

Ahora bien, estas indagaciones nos dan una clara idea para teorizar hasta cuándo Obama podrá disfrutar de una buena y favorable opinión de sus compatriotas y hasta cuándo puede durar la tradicional “Luna de Miel” con el Congreso y la prensa.

No nos debe extrañar que para eso examine con profundidad los movimientos iniciales que dio el ex presidente Franklin D. Roosevelt, al tomar las riendas de la Casa Blanca, después de la crisis económica y social heredada del régimen de Herbert Hoover (1929-1933).

Imitando a su ídolo Abraham Lincoln, está nombrando secretarios y consultivos de altos quilates y de ambos partidos (Gates y Jones) y lo coyuntural de su agenda es la revitalización de la economía y la creación de empleos. Lo demás es secundario.

En su discurso, Obama pidió responsabilidad y no perder la esperanza, pero creo que se le olvidó requerir un poco de paciencia. Expresó claramente: “Los retos son reales, son serios y son muchos” y añadió: “Los superaremos”.

Posiblemente en su plan de “recuperación e inversión” se necesitarán abultadas dosis de mucha paciencia, las cosas no se resolverán de la noche a la mañana y al igual que Roosevelt, el presidente Obama tendrá que continuar solicitando la unidad, pues la división interna solamente llevaría al país a la derrota y esto es algo que preocupa a los estadounidenses desde la época de Lincoln. Todos sabemos que el Estado no puede mejorar las condiciones de la ciudadanía, pero algo hay que hacer para poner en marcha y a producir a millones de hombres y mujeres.

Algo queda claro, los errores del pasado hay que corregirlos, sin criticarlos, y esto tomará años, pero como anotó notoriamente el presidente Reagan… “el Gobierno no es la solución, sino el problema”, entonces sería prudente para entender mejor las metas que debemos cumplir, hay que acordarse del discurso de unidad, del entonces aspirante a Senador por Illinois, Barack Obama en la Convención Demócrata del 2004, donde señaló… “No existe un país conservador por un lado y un país liberal por otro: existe los Estados Unidos de América”.

Más claro ni el agua.

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