El presidente Daniel Ortega viajó en estos días a Venezuela, para participar en la Cumbre de la Alianza Bolivariana de las Américas (Alba) que se ha celebrado en la capital venezolana en ocasión de conmemorarse el décimo aniversario de la toma del poder por el coronel Hugo Chávez.
Nicaragua cumplió en enero recién pasado dos años de haberse incorporado al Alba, en cumplimiento de una de las primeras decisiones de Daniel Ortega después que recuperó el poder presidencial, el 10 de enero del 2007. Y dos años es un lapso más que suficiente para valorar si la adhesión de Nicaragua a esa alianza internacional que creó y encabeza Hugo Chávez, ha sido beneficiosa o no para el país.
Cuando Daniel Ortega incorporó el país al Alba, el 11 de enero de 2007, lo anunció como si era una fórmula maravillosa que resolvería todos los males de Nicaragua. “Las políticas de carácter neoliberal aplicadas en América Latina y el Caribe —dijo Ortega en aquella ocasión—, han generado la exclusión de las mayorías populares de los beneficios del crecimiento económico, que han profundizado la desigualdad y la pobreza en la región”. Y agregó que: “La superación del modelo neoliberal y sus efectos en la región, implica una alianza estratégica entre los Estados y los pueblos de América Latina y el Caribe, basada en los principios de solidaridad, cooperación, complementación y ayuda mutua, y, fundamentadas en el rescate y valoración de nuestra identidad, la democracia participativa y el desarrollo económico con equidad”.
Pero nada de esas maravillas han ocurrido. En realidad, el Alba es más un proyecto político para enfrentarse contra Estados Unidos, que un plan de integración económica a fin de impulsar el desarrollo y resolver los problemas de pobreza y atraso que sufren nuestros pueblos.
El Alba fue creado el 14 de diciembre de 2004, en La Habana, por los gobernantes de Cuba y Venezuela. En abril del 2006 se les unió el Presidente de Bolivia, Evo Morales, y el 11 de enero de 2007 Daniel Ortega convirtió a Nicaragua en el cuarto país integrante de dicha coalición internacional populista. Cabe recordar que en el acto de incorporación de Nicaragua al Alba, Hugo Chávez proclamó que el propósito de este bloque es unir a los pueblos para darle muerte “moral” (?) al imperialismo norteamericano. Con el Alba, dijo, “llegó la era de la resurrección de los pueblos” y anunció el comienzo de “una nueva batalla de los pueblos latinoamericanos contra la pretensión hegemónica del imperialismo norteamericano”. Es “el alba de oro”, gritó Chávez, eufórico, apropiándose de la frase poética de Rubén Darío.
En realidad, el bloque Alba fue concebido por Hugo Chávez y Fidel Castro como una alternativa populista, izquierdista y revolucionaria a los tratados de libre comercio como el DR-Cafta, que asocia exitosamente a los países centroamericanos y República Dominicana con Estados Unidos. No obstante, viendo el asunto con una perspectiva de ampliación de las relaciones económicas de Nicaragua con Venezuela y otros países de América del Sur, se podía pensar que el Alba podría tener algo de beneficioso. Por eso el sector privado y las fuerzas políticas democráticas no rechazaron la inconsulta incorporación de Nicaragua al Alba, sino que la recibieron con un voto de confianza o de duda razonable. Al respecto el entonces presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua y ahora presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, declaró en aquella oportunidad que sumar nuevos mercados “lo vemos como algo que hay que explorar y conocer”; y opinó que “puede ser positivo explorar y analizar la oportunidad de una relación comercial hacia el Sur del continente”. Sin embargo, Aguerri recordó o precisó que “tanto para Nicaragua como para el resto de países centroamericanos nuestro primer mercado es Estados Unidos”.
Ahora, dos años después de su incorporación al Alba es evidente que Nicaragua está peor que antes. Los indicadores económicos señalan que los únicos beneficios que el país ha podido obtener en este período, han sido los que se derivan del tratado de libre comercio regional DR-Cafta. Los réditos del Alba son escasos, y en todo caso sólo benefician a la familia gobernante y a los miembros de la nueva oligarquía que desgobierna el país, quienes están haciendo el negocio de toda su vida mientras el país se arruina inexorablemente.