Después de los anuncios de diversos países del mundo acerca de cómo enfrentarán la crisis económica internacional en el año 2009, y luego del anuncio que al respecto hizo el pasado 20 de enero el presidente Daniel Ortega, hay que identificar algunos criterios básicos que a nuestro juicio podrían asegurar en gran medida el éxito de tales planes. Estos criterios involucran a los trabajadores, al sector privado empleador y a todos los poderes del Estado relacionados con el quehacer económico nacional.
El primer criterio a considerar es que el país afronte y resuelva primero los problemas internos que están bajo su esfera de influencia, para hacerle frente después con mejores perspectivas de éxito a los problemas de origen externo, sobre los cuales se tiene muy poco control. Y en este sentido el Gobierno debe comenzar por resolver las demandas por el fraude electoral del 9 de noviembre pasado
En las actuales circunstancias el pleito de los nicaragüenses debe ser por sacar adelante al país. Deben de primar los intereses de nación —frase desgastada en nuestro medio— y que resume asegurar que todos los nicaragüenses tengan acceso, como mínimo, al “sacrosanto gallo pinto” de todos los días; alcanzando colateralmente mejores índices sociales en salud, educación y acceso a servicios públicos.
En momentos de crisis es fundamental no anteponer los intereses particulares (políticos, raciales, religiosos y sociales), a los intereses de nación, que se resumen en procurar un mayor bienestar para todos los nicaragüenses, sin exclusión alguna. Es primordial que cada nicaragüense, en el sector en el cual se desenvuelve, esté dispuesto a sacrificar cuotas de “derechos” acumulados en el pasado a cambio de cuotas de “deberes” por cumplir en el presente y para poder tener más derechos en el futuro.
Dicho de manera más concreta, al Gobierno le compete la mayor parte de la gran responsabilidad de crear un clima propicio para la inversión privada, tanto nacional como extranjera, así como promover una mayor y más eficiente inversión pública, abrir fuentes permanentes de empleos formales, que sean autosostenibles en el tiempo y proveedores de ingresos tributarios para la nación. Adicionalmente, siendo el PIB de Nicaragua dependiente en aproximadamente un 18 por ciento de la cooperación externa, hay que promoverla con hechos claros y convincentes.
A nivel empresarial corresponde esforzarse en promover un auténtico diálogo social, lo mismo que reinventarse cada día a través de mejores niveles de competitividad, haciendo uso eficiente de los recursos escasos para el logro de los objetivos empresariales y sociales.
A nivel de trabajadores, éstos deben colaborar con el empresariado nicaragüense, de manera independiente o asociados a los movimientos sindicales, los cuales deben asumir con responsabilidad —tanto hacia sus agremiados como hacia el total de los trabajadores del país— posiciones de consenso al negociar temas como el salario mínimo, cuyo aumento artificial en las actuales circunstancias puede generar un “efecto boomerang”, ante la realidad económica nacional y del entorno internacional en el cual se desenvuelve Nicaragua.
Los salarios no se fijan artificialmente. Son las condiciones del mercado las que los establecen. Dicho de otro modo, los salarios no son el resultado de buenas intenciones sino de realidades económicas concretas. Salarios mínimos insostenibles en el sector formal, fomentan la informalidad y causan un mayor desgaste presupuestario.
A nivel personal, es necesario invertir en mayor adecuación de las habilidades y destrezas de cada quien, en relación con las exigencias de un mercado laboral cada vez más exigente y competitivo, involucrándose en el aprendizaje y la utilización de todo el bagaje tecnológico diseñado en las últimas décadas, para realizar más eficientemente las labores cotidianas. Así como también es preciso gastar y cobrar oportunamente.
En resumen, en momentos de crisis se necesita tanto como nación y a nivel empresarial y personal, que todos por igual asistan a una de las más importantes universidades de la vida, que es la universidad de la competitividad y de la responsabilidad. Conviene recordar al respecto la famosa frase de Benito Juárez, acerca de que “entre los individuos, así como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno, es la paz”; la cual, en las actuales circunstancias se puede parafrasear diciendo que: Entre los individuos, así como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno genera paz y bienestar económico.