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Antes que sea demasiado tarde
Antonio Lacayo
El autor es ingeniero, fue Ministro de la Presidencia
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Hasta fines del año pasado, el Presidente y su gobierno hicieron lo único sensato que en materia económica cabe en el mundo de hoy: manejar la macroeconomía responsablemente, respetar las libertades básicas para fomentar la inversión, y utilizar los fondos del Estado para favorecer a las familias en la base de la pirámide de la pobreza, sobre todo rural. Ciertamente la única manera de generar progreso.

Sin embargo, en el preciso momento en que la economía mundial entraba en su peor crisis de los últimos ochenta años, el Consejo Supremo Electoral planeó y ejecutó en noviembre un fraude electoral tan masivo y evidente que contaminó la economía con las inevitables reacciones de la ciudadanía y la comunidad cooperante ante las evidencias salidas a flote por todos lados.

Como consecuencia de ello, iniciamos 2009 viendo formarse ante nosotros la “Tormenta Perfecta” de aquella película que terminó hundiendo al barco pesquero que no la supo sortear.

Producto de la crisis económica mundial, los precios del petróleo que en julio había llegado a 147 dólares el barril han caído a niveles de 40. Esto es quizás la única buena noticia para un país como Nicaragua que no produce petróleo y lo necesita para mover sus vehículos, camiones y tractores, y para generar electricidad.

Pero junto con la caída del petróleo, se ha dado una drástica caída de los precios del café, la carne, el azúcar, los lácteos, el maní, los camarones y casi todos nuestros productos de exportación, por lo que en 2009 nuestras exportaciones se contraerán fuertemente. En el caso de la langosta, las ventas están prácticamente paralizadas por falta de demanda.

La crisis internacional también reducirá las remesas que hermanos nicaragüenses enviarán en 2009, sea de Estados Unidos, Costa Rica o resto del mundo. Muchos de ellos están perdiendo sus trabajos, algunos incluso tendrán que regresar.

Además, la recesión que se ha gestado implica que habrá menos demanda para las ropas que exportan nuestras zonas francas, con lo que esas empresas continuarán cerrando operaciones, a como ya lo hemos visto en los últimos meses.

Y también implica menos financiamientos a los importadores, los bancos y microfinancieras que financian en el país las actividades productivas y el comercio, lo que impactará muy negativamente en la producción, las siembras y el empleo.

Todo esto hubiera pasado igual de haber ganado la presidencia Rizo o Montealegre en las elecciones de hace dos años. Pero debido al fraude electoral de noviembre, las cosas se han complicado mucho más, pues en respuesta a las contundentes evidencias se ha suspendido la cooperación de los países donantes que contribuyen al Presupuesto Nacional, el apoyo de la Cuenta del Milenio en Occidente, y hasta desembolsos del BID, como sucedió en diciembre.

Como resultado de la unión de estas dos realidades, la externa y la interna, en el 2009 entrarán menos dólares al país y habrá menos ingresos para los productores, las Alcaldías y el Fisco. Con ello, la vida de todos los nicaragüenses, ricos y pobres, de Managua o del interior, se verá afectada negativamente y la pobreza aumentará.

Viene pues un año tormentoso, difícil, sumamente duro, un año que nos invita a todos a pensar muy en serio en el futuro de la nación. El Gobierno del presidente Ortega ya se pronunció al respecto, anunciando algunos ahorros en el gasto público, pero evadiendo el fondo del problema al insistir sobre un fraude que la mayoría rechaza.

Esta actitud deja al país sin defensas ante la crisis mundial al destruir la confianza que habíamos construido los nicaragüenses desde 1990 sobre la certeza de que el voto ponía y quitaba gobiernos. Sin confianza en esta elemental regla del juego democrático, elecciones libres y justas, desaparecen también los últimos vestigios de confianza en las instituciones de la democracia, con lo que los Poderes del Estado pasan a ser vistos por muchos como bufones del emperador de turno.

Por eso, mientras aquí no se restaure la plena confianza en el voto ciudadano, mientras no se reafirme la soberanía nacional que nace del voto libre y respetado de cada ciudadano de esta nación, será casi imposible atraer inversiones al país, generar nuevos empleos, conseguir líneas de crédito, aumentar las áreas de siembra, reconquistar la comunidad cooperante o superar el desaliento que se siente en el ambiente. Y mejor ni hablar de lo que puede pasar con el Fondo Monetario Internacional.

El presidente Ortega debe asumir su responsabilidad ante la historia, ofrecerle una salida al país y devolverle la confianza en el futuro. Presidente es quien “preside”, y nunca es más necesario presidir que cuando las cosas van mal. Pero querer enfrentar la crisis evadiendo el tema del fraude es como querer sacar buena cosecha sin enterrar la semilla. Pasemos pues a la revisión de las actas antes que sea demasiado tarde.

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