Después de dos años de nueva gestión gubernamental del presidente Daniel Ortega, la situación económica y política del país ha retrocedido de manera considerable, sobre todo a raíz del fraude electoral del 9 de noviembre pasado.
A partir de 1991 y en el curso de los 16 años de tres gobiernos democráticos (“oligarcas y neoliberales” según la obsesiva descalificación de Daniel Ortega), Nicaragua experimentó un consistente crecimiento de su Producto Interno Bruto, alcanzando un 7 por ciento en 1999 y 5.1 por ciento en el 2004. La inflación anual se mantuvo en un dígito, a excepción de dos años. El Banco Mundial en su publicación anual Doing Business del 2006 colocó a Nicaragua por encima del resto de Centroamérica, República Dominicana y México, en su ranking de entornos favorables para emprender negocios.
Entre los años 2003 y 2005, Nicaragua fue el país centroamericano que más aumentó relativamente sus exportaciones, al lograr un 47 por ciento. Se ratificó e implementó el tratado DR-Cafta con los socios comerciales más importantes, que son Centroamérica y Estados Unidos, los cuales representan más del 60 por ciento de las exportaciones totales del país, según datos del Centro de Trámites de las Exportaciones (Cetrex), de diciembre del 2008.
Pero ahora, “La nueva Administración de Daniel Ortega ha hecho poco para mejorar la libertad económica de Nicaragua y, en especial, el Estado de Derecho, el respeto a la propiedad privada y la independencia del Poder Judicial”, se dijo en el Índice de Libertad Económica 2009, del diario The Wall Street Journal y la Heritage Fundation, según información publicada en LA PRENSA el miércoles 14 de enero pasado.
A diciembre de 2008, después de dos años de gobierno de Daniel Ortega las exportaciones de Nicaragua, según datos oficiales del Cetrex, disminuyeron en volumen un 2.4 por ciento, y en los principales 20 productos la disminución fue de un 9.61 por ciento. El aumento del 24 por ciento que se experimentó en millones de dólares, fue por el mejoramiento de los precios internacionales, no por el crecimiento de las exportaciones propiamente dichas.
Por otro lado, se ha vuelto a fomentar la cultura del no pago por parte del propio presidente Ortega, quien en los años ochenta endeudó al país con más de 12,000 millones de dólares y las condonaciones masivas de las deudas bancarias provocaron que se quedaran sin crédito disponible los grandes, medianos y pequeños productores. Los aumentos al salario mínimo, efectuados desde mediados del 2007, han sido populistas e insostenibles y por lo tanto hicieron desaparecer miles de empleos durante el 2008. Sólo en las Zonas Francas se perdieron más de 20,000 empleos, como consecuencia, entre otras cosas, de estas irresponsables y unilaterales decisiones del Gobierno y sus sindicatos “blancos”.
La inserción de Nicaragua en el ámbito internacional, que se reinició desde 1991, se ha visto seriamente dañada a raíz del pasado fraude electoral del 2008. Este fraude provocó que el gobierno de EE.UU., el principal socio comercial del país, congelara la Cuenta Reto del Milenio, lo que significa un golpe mortal a la economía del Occidente nicaragüense si no se logra destrabar. El embajador de EE.UU. en Nicaragua ha advertido en reiteradas ocasiones que este congelamiento puede ser “la punta del iceberg”, de futuras sanciones comerciales y económicas. Desde Centroamérica, que es el segundo socio comercial del país, también se han alzado voces en el mismo sentido.
La Unión Europea (tercer socio comercial de Nicaragua), ha disminuido su ayuda financiera, que en el 2007 fue de 216.2 millones de dólares, donaciones el 99 por ciento de ella. Hay actualmente un proceso de asociación con el bloque económico europeo, que podría colapsar en el caso de que el gobierno orteguista no cumpla los requisitos mínimos de gobernabilidad e institucionalidad comprometidos en las negociaciones con Europa. De seguir en este sendero de “populismo salvaje”, el gobierno de Ortega volverá a despedazar a Nicaragua con la hiperinflación y un descenso de la producción a niveles de 1945, como sucedió en los ochenta. Y además de la falta de libertad y de democracia, el gobierno de Daniel Ortega que pretende permanecer para siempre en el poder con la complicidad de la cúpula pactista del PLC, hundiría otra vez al país en una espantosa miseria.