Un dicho reza que cae más rápido
un mentiroso que un ladrón. Y parece que es cierto. A veces hemos pensado que ya tenemos atrapado a un ladrón, que no se nos escapa, y de pronto, ¡zas! de un plumazo resulta que ni siquiera era ladrón. Sin embargo hay una mentira que no ha corrido largo, y de corazón lo digo, si “agarramos la vara” pues es que somos estúpidos de verdad.
A la mentira que me refiero es a este cuento que ha sacado el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), en forma de documento solemne en el que los miembros del Consejo Ejecutivo Nacional de ese partido han dicho que “por su honor” nunca votarán por una reforma constitucional que permita la reelección presidencial inmediata.
El documento está lleno de promesas bonitas, lo lógico que pueda esperar el ciudadano común que cambie en nuestro sistema político, pero fácilmente se ve que es un documento hecho a la carrera, sólo para abrir la puerta al tema de las reformas constitucionales y una vez abierta pues por ahí, por la puerta de enfrente y a la vista de todos se colará la reelección que tanto ansía Daniel Ortega y que sólo con los liberales del PLC puede obtener.
La prueba de que esto fue preparado a la carrera, sin pensarla mucho, es que los liberales cometen la torpeza de proponer que el mínimo que se necesite para elegir a un Presidente es que obtenga “el 51 por ciento de los votos válidos”. La pregunta que salta inmediatamente es ¿cómo van a resolver estos señores si se llega a dar el caso que un candidato logre el 50.2 por ciento de los votos y el otro el 49.8 por ciento? ¿Será que van a poner en la Constitución que en ese caso van a lanzar una moneda al aire? Si hubieran tenido tiempo y seriedad en su propuesta el planteamiento correcto habría sido que para ser Presidente de la República el candidato debe obtener el 50 por ciento más un voto. Pero eso no es lo importante para ellos.
Lo importante para este liberalismo zancudo que ha venido a encarnar el PLC es abrir la discusión, porque una vez abierta, y como ya lo dijo el diputado orteguista Edwin Castro haciéndosele agua la boca “para eso son necesarios 56 votos” o sea para eso es necesario el voto de los sandinistas, lo que implica entrar en una negociación, léase en un “dame que te doy” como ha dicho antes el diputado Wilfredo Navarro.
Y ya lo ha dicho antes Arnoldo Alemán, el “máximo líder”, que se puede aceptar la reelección si se sube el mínimo para ganarla.
Pero además de todo lo anterior, ¿por qué habría de creerle al PLC? No es éste el mismo partido que juró hace poco que nunca votaría por el orteguista René Núñez para presidente de la Asamblea? Y no sólo votó por Núñez sino que le dio mayoría al orteguismo en la Junta Directiva al votar por los aliados del oficialismo en otras tres posiciones.
Y no es la primera vez que dicen una cosa y hacen otra, ya el jueguito ése es demasiado evidente para que les estemos creyendo, lo venimos oyendo desde hace más de 10 años. ¿Recuerdan cuando Arnoldo Alemán organizó con toda la pompa un “diálogo nacional” en el que participaron decenas de organizaciones para una reforma constitucional? Más de 90 recomendaciones salieron de ese diálogo. Ni una sola se tomó en cuenta pues la verdadera negociación la tenía con Ortega en privado.
Ya es suficiente. Ya basta de mentiras tan descaradas de parte del arnoldismo. Les ha funcionado, no hay duda, pero los nicaragüenses tenemos que despertar en algún momento, de lo contrario ellos van a llegar hasta donde se los permitamos.