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Catástrofe por un sueño equivocado: las elecciones municipales del 2008
René Herrera Zúniga
El autor es magistrado por el PLC, del Consejo Supremo Electoral.
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Voy a dar mi versión de porqué salieron mal para la Alianza PLC, las elecciones municipales. Tarea difícil porque muchos creían que era forzoso, obligatorio, que ganaran Eduardo y sus candidatos. Era así, o había fraude de los magistrados vendidos, traidores y sinvergüenzas.

Para octubre de 2008 yo había dado dos vueltas al territorio en encuentros de capacitación política, primero con aspirantes a alcaldes, a vicealcaldes y concejales, (julio-agosto 2007), y luego, con candidatos a alcaldes, a vicealcaldes y concejales, (septiembre-octubre 2008), de la Alianza PLC. Salvo el secretario de Capacitación del PLC, que me acompañaba, nunca me encontré con dirigentes nacionales del partido. Ni el presidente, vicepresidentes, secretario nacional del partido, diputados, aunque en algunos departamentos, como en Matagalpa, don Freddy Torres y en Chinandega, el doctor Callejas, sí estuvieron los diputados.

En la primera ronda (julio 2007) observé una situación que no sorprendía. Los liberales seguían dolidos del golpe de 2006. La unidad era poco fiable para ambos bandos. En reuniones de octubre y noviembre del 2007 le informé esa situación a Arnoldo, poniéndole al tanto de las consecuencias de ello. Me pidió sugerencias para el regreso de diciembre.

Comenzando 2008, desayuné dos veces en El Chile. Discutimos la unidad. Eduardo pedía nombrar candidatos en municipios ganados por él en 2006. Si Arnoldo aceptaba eso, se pasearía en el partido, porque los liberales PLC estaban ardidos, no votarían por quienes provocaron la derrota. El resultado sería catastrófico para el PLC en las elecciones municipales. Tenemos que aceptar la propuesta, me dijo. Arnoldo tenía razón, de no aceptar sería responsable de la derrota. Si perdemos “Eduardo va a ser el responsable de ese desastre”. No estemos tan seguros dije, él tiene un circo mediático.

“Qué bonito, me dijo un liberal del PLC, en Chontales, ahora resulta que Arnoldo va a premiar a los que nos dividieron, haciéndolos candidatos. Que voten solos, yo no”. Las elecciones del 2006 no habían terminado para muchos liberales del PLC. Mientras, el Frente cazaba echado. Sólo veían el pleito y cuando podían lo atizaban. En el circo mediático era obligatorio que Eduardo ganara. O todos gritarían fraude.

En la segunda vuelta por los territorios (septiembre-octubre 2008) todo seguía igual. Y sólo faltaba un mes para las elecciones. Había unidad retórica, no real. Fácil decían “el fraude está montado, el Consejo no quería observadores. Eduardo barría, pero el Frente se iba a robar las elecciones. El PLC barría, pero el Frente se las iba a robar”. Según los medios y círculos diplomáticos, no era el voto, era el pacto y el Consejo juntos los que harían la derrota de Eduardo.

En vez de asumir aquella realidad divisionista, el PLC compró el mensaje del fraude. Bien sabían lo que iba a pasar, pero fingieron demencia. Para no dejar que Eduardo se quedara como el gran quejoso y se apropiara del liderazgo liberal, era más fácil quemar al Consejo: Herrera, Marenco y Osuna quedaron expuestos.

El gran circo mediático envolvió el alma y el cuerpo de todos los políticos, que sabiendo que no las tenían todas a su favor, quisieron hacer fácil su derrota. Con una soberbia hipocresía y un escaso recato de exhibicionismo dijeron todos los días que si no fuera porque se las iban a robar, la Alianza-PLC ganaría más de cien alcaldías. “Alguien dijo: dejen al Frente Choluteca y Liberia, ya ni León le quieren dejar”.

No eran las elecciones municipales las que estaban en juego. Era la continuación del 2006, una lucha fiera por el control del poder opositor. Ve Arnoldo, le dije, esto es grave, nos han metido un circo mediático para vender la idea de que Eduardo es seguro ganador. Era la consigna, en inglés y en español.

Jurando que los medios y las embajadas eran suficientes, Eduardo repitió los errores del 2006. Para Arnoldo, Eduardo se había quedado enchilado. Como buen político primero lo toreó y luego lo engatusó como aliado. Eduardo no entendió el juego de esa alianza y creyó que poniendo él los candidatos se comerían vivo a Arnoldo. Éste lo dejó correr. Eduardo no manejaba los territorios y su gente en los municipios había sufrido mucho, porque los liberales del PLC le echaban la culpa. Arnoldo sabía que Eduardo volvería a perder. Y arriesgando lo dejó seleccionar los candidatos, al tiempo que se reservaba una trinchera invencible de cuarenta alcaldías.

Equivocado, Eduardo mantuvo íntegra su estrategia: enfrentar simultáneamente a dos tigres, Arnoldo y Daniel. Para anteponerse a Arnoldo, gritó: Vamos con Eduardo; y remarcó el grito: Todos contra Ortega, cuando Ortega no era candidato a la Alcaldía. En Managua, alejado de las estructuras tradicionales del PLC, no había forma de ganar a menos que ocurriera una votación masiva.

Nada ingenuo, Alemán tomó el reto sacrificando a sus líderes municipales. Ortega, callado, lo ignoró. Eduardo quedó pegando palos de ciego, confiado en su circo mediático.

En septiembre y octubre volví a los territorios, todo estaba listo para una situación de derrota electoral. Los pleitos, de los que se hablaba muy poco en público eran la nota diaria en privado. Informé a Arnoldo. La única posibilidad de cambiar el pronóstico era que saliera a votar el ochenta por ciento del electorado, y eso no ocurrió.

Cuando en la noche del 9 de noviembre aparecieron los primeros resultados nada fue sorpresa. La división estaba confirmándose vía abstención. Hablé por teléfono con Arnoldo varias veces. Pero en público él empezó a dejar que sus gentes gritaran fraude como una forma de evitar que Eduardo agarrara el liderazgo en la crisis electoral. Yo entendí la señal pero dejé saber a los medios que se trataba de dirimir conflictos de liderazgo a expensas del Consejo. Los bárbaros continuaron los ataques y hasta apareció uno de los que sabían bien como estaban las cosas, hablando de fraude horrendo de los magistrados, ahí sí me pudrió la vida. Dije que no fingieran demencia, que ya sabían lo que estaba pasando y lo que estábamos haciendo: leyendo resultados que habíamos sembrado en una alianza más falsa que verdadera. Desesperados dictaron la exclusión de Marenco, Osuna y Herrera, pero no pudieron ocultar sus propósitos. En política los resultados hablan.

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