En un artículo que se publica en las páginas de Opinión de esta misma edición de LA PRENSA, el doctor René Herrera Zúñiga, magistrado del Consejo Supremo Electoral (CSE) en representación del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), nos brinda su explicación del fraude electoral que se realizó en los comicios municipales del 9 de noviembre pasado.
Por supuesto que el magistrado Herrera no reconoce explícitamente el fraude que se cometió el 9 de noviembre. Lo disimula con el eufemismo de “dar mi versión de por qué salieron mal para la Alianza PLC las elecciones municipales”. Pero es lo mismo.
Ahora bien, la explicación del fraude electoral por parte del magistrado René Herrera carece de originalidad, pues se limita a repetir el peregrino argumento del presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, de que el único fraude que hubo en esos comicios fue el “fraude mediático”. “Circo mediático”, prefiere llamarlo Herrera. Según ellos, quienes hicieron el fraude fueron los medios de comunicación, que lo denunciaron paso a paso, no el Consejo Supremo Electoral que lo perpetró.
El magistrado Herrera recurre al antiguo ardid de culpar a la víctima por el crimen que cometió el victimario. Señala a Eduardo Montealegre como culpable del fraude que él, Herrera, prefiere llamar “derrota de la Alianza PLC”; asegura que los electores del PLC estaban “ardidos” con Montealegre porque éste dividió el voto liberal en las elecciones del 2006; sugiere que por ese enojo los liberales en su mayoría votaron por los candidatos del Frente Sandinista o se abstuvieron de votar; dice que Alemán sabía lo que iba a ocurrir y por eso “toreó” y “engatusó” a Montealegre, dejándole que pusiera los candidatos donde se perdería y reservándose, Alemán, las candidaturas en los lugares donde estaba seguro de que iba a ganar.
El magistrado Herrera concluye su justificación del fraude con una frase que pretende ser lapidaria: “En política los resultados hablan”. Claro que los resultados hablan, y hasta dicen falsedades y encubren fraudes electorales. Los que dicen la verdad son los hechos. Y los hechos que conformaron y comprobaron el fraude fueron, básicamente, los siguientes:
Primero: despojar a Eduardo Montealegre de su partido, ALN, para que los puestos en los organismos electorales intermedios y de base que por mandato de la Ley le corresponden al partido que ocupó el segundo lugar en la elección nacional, fueran ocupados por cómplices del FSLN, quienes avalarían el fraude. Segundo: cancelar las personalidades jurídicas del Partido Conservador y el MRS, para inducir a la ciudadanía democrática a desconfiar de las elecciones y abstenerse. Tercero: manipular la cedulación en favor del FSLN. Cuarto: impedir la observación electoral independiente, nacional y extranjera, para que no hubiera testigos calificados en los escenarios del fraude. Quinto: ocultar los resultados de las votaciones en 625 Juntas Receptoras de Votos de Managua, equivalentes a más del 30 por ciento del total en este municipio. Sexto: informar resultados generales, en base a porcentajes, en vez de dar a conocer los números específicos. Séptimo: cometer irregularidades notorias que para Ética y Transparencia ocurrieron en el 32 por ciento de las Juntas Receptoras de Votos y para la oposición en más del 50 por ciento; etc., etc.
Tan evidente y escandaloso fue el fraude del 9 de noviembre, que uno de los magistrados liberales del CSE, quien al parecer puso su honor y su dignidad personal por encima de los compromisos, las lealtades y los negocios políticos, el doctor Luis Benavides, denunció que las elecciones del 9 de noviembre “se desarrollaron en un ambiente oscuro y turbio” y “estuvieron plagadas de nulidades y artimañas”.
De manera que el magistrado René Herrera tiene razón, pero sólo relativamente, al decir que los resultados hablan. Los resultados del fraude fueron el atropello a la voluntad popular, el robo de su triunfo a quienes realmente ganaron las elecciones, para dárselo de manera fraudulenta a los candidatos del Consejo Supremo Electoral, es decir, del FSLN. En cambio, los hechos, que son los que dicen la verdad, demuestran que el 9 de noviembre pasado se perpetró el fraude electoral más descarado de toda la historia política de Nicaragua, realizado por el desacreditado CSE que integran personas como don René Herrera Zúñiga y el señor Roberto Rivas Reyes.