Es difícil pensar que el Presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, contribuya a salir pronto de la crisis económica que asola a Nicaragua, agravada por su forma obsoleta de dirigir los destinos de esta empobrecida nación. Él nunca ha sido un dirigente exitoso, por el contrario, siempre ha fracasado como mandatario por tener ínfulas tiránicas y eso no va con las sociedades modernas, ni con los cada vez emergentes modelos económicos de países pequeños y/o pobres, que requieren de otras estrategias para su desarrollo.
Más allá de entrar en las frías cifras de las proyecciones del comportamiento de nuestra economía que ya ha publicado el Diario LA PRENSA, veamos algunos ejemplos del reflejo de lo que vivimos, como muestra de que Ortega manipula, miente y alimenta la miseria de los verdaderos pobres.
Los pobres de los discursos de Ortega no tienen que ver con los pobres de la realidad de Nicaragua. Sino, ya hubiera quitado a los pobres que están frente a la Asamblea Nacional y en las rotondas de Managua, que por comida y algo de dinero, esta gente desamparada ayuda a exaltar la figura de un personaje que tiene un poder ilimitado que alcanza todos los ámbitos y se manifiesta a través de la autoridad. Ortega impulsa movimientos de masas en el que pretende encuadrar a toda la sociedad y hace uso intenso de la propaganda y de distintos mecanismos de control social y de represión como la Policía o el Poder Judicial.
Si es tanta la ayuda del Presidente venezolano, Hugo Chávez, pues Ortega ya hubiera dicho a estos pobres que tendrán salud, educación, fuentes de trabajo, un techo digno en un reparto y demás necesidades básicas satisfechas. Es sólo un grupo, Señor Presidente.
Lo cierto es que la crisis económica en Nicaragua se agrava, sobre todo por temor a un gobernante señalado de reeditar su totalitarismo, persecución política y corrupción institucionalizada con el binomio Estado-Partido.
La realidad que se vive ahorita es que a los empleados de las universidades del Consejo Nacional de Universidades (CNU) no les pagaron sus salarios completos este mes y sólo les dieron un “adelantito”, mientras los acreedores no perdonan. El Ministerio de Educación sacrifica a otra cantidad de maestros al quitarles sus dobles plazas y dárselas a los partidarios del FSLN. La UNEN también sentirá la mano dura del Gobierno. Pero, ¿dónde están los encapuchados de UNEN destruyendo buses, calles, quemando vehículos, rompiendo ventanales del Ministerio de Hacienda, exigiendo que no se afecte a las universidades? ¿Por qué no cometen ahora esos actos de vandalismo? ¿Es miedo o comodidad?
Cada día aumentan lamentos contra el gobernante de turno y éste no parece escuchar a su pueblo, sino que más bien lo azota. Por ejemplo: “Por Ortega, en mi trabajo recortaron 30 empleos. Por este gobierno en mi trabajo se fueron 20. A mí me volaron la gallina (lo despidieron). En cualquier momento me dan mi carta de despido. Sacaré mi dinero a Costa Rica. Detendré mi proyecto”, es lo que se escucha diario. Otros síntomas de la economía en que nos tiene metido Ortega, es que hay cualquier cantidad de rótulos puestos sobre vehículos, terrenos limpios o casas que dicen: “Se vende”. Y esto seguirá agravándose si no hay una visión integral de nación y respeto a los derechos de los demás, para mejorar nuestra situación económica como país. De lo contrario, éste será otro fracaso en la vida de Ortega a tomar en cuenta.