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Noticias >> Opinión
La agenda de Obama
Iván de Jesús Pereira
El autor es abogado
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Hoy, en Washington D.C. Barack Obama será juramentado como el 44 Presidente de los Estados Unidos. Su ascenso al poder se da cuando su país y el resto del mundo viven la mayor crisis económica de esta época. Cuando el mundo se vuelve multipolar en términos de distribución política y económica, y cuando poderes emergentes como China, India y Brasil exigen sus propios espacios. Pero sobre todo, cuando la influencia de los Estados Unidos y de sus instituciones declina, en especial por los errores de las pasadas administraciones.

Su llegada a la Casa Blanca (como lo predije varios meses atrás) sin lugar a duda ha despertado, en el mundo entero y en su propia nación, enormes expectaciones por un cambio en la manera de hacer política.

Desde su inicio se vio en él a la gran estrella del Mid-West, como dijera Walt Whitman de Abraham Lincoln.

Su agenda absorbida por la crisis financiera por lo menos en todo el presente año y probablemente el otro, interesa al mundo. Puntos sobresalientes son: Afganistán. Durante la campaña, Obama hizo de este país uno de sus temas prioritarios.

La relación con China, su enorme crecimiento y la capacidad de los norteamericanos de influir en ese proceso, es uno de los desafíos del siglo XXI.

La salida de las tropas de Irak, y el debate que conlleva a lo interno como a lo externo. Si la salida se produce rápidamente y las cosas en Irak empeoran, los republicanos le podrían echar en cara al Presidente haber perdido Irak y eso no lo puede permitir.

El calentamiento de las relaciones entre Pakistán y la India (países que poseen capacidad atómica) después del ataque terrorista de Mumbai, podría generar en una escalada militar, en una área de sumo cuidado para los intereses norte americanos.

Las relaciones con Irán será uno de los dolores de cabeza del nuevo Presidente. Elecciones presidenciales están programadas a efectuarse en el próximo junio en ese país, nadie sabe lo que pueda pasar, después de los resultados de la invasión Israelí en Gaza, que para muchos analistas es un aldabonazo de Israel al régimen de Teherán.

La relación con Rusia tiene que ser mejorada, un gesto positivo es el no caer en la tentación de anexar como miembros de la OTAN a Ucrania o Georgia en el próximo aniversario de la coalición en abril. Esto daría un impasse para volver a abrir el diálogo sobre el desarme de futuros misiles balísticos y construir una mejor relación en áreas como Afganistán y América Latina.

Pero el punto crítico de su política internacional estará en la habilidad de su Administración de crear una paz durable entre los judíos y los palestinos. Después de lo ocurrido los últimos días, esa paz pareciera que se aleja mucho más que antes, pero la imperiosa necesidad de construirla se hace más evidente ante el horror de la guerra.

En cuanto a América Latina, la política del nuevo Presidente debe de estar basada en dos áreas: México y Centroamérica, Brasil y el resto del Cono Sur.

Una nueva relación con Cuba es lo más esperado. La ocasión es propicia. Si el levantamiento del embargo es cosa difícil por tener que ser aprobado por el Congreso, la implementación de apertura de tráfico de personas, mayores niveles de envío de alimentos, medicina y dinero serían gestos muy loables que podrían producir mejores resultados que el obsoleto boicot que los norteamericanos mantiene a la Perla de las Antillas.

Centroamérica, contrario a lo que han dicho ciertos analistas, debe de representar punto importante en la nueva agenda. Una Centroamérica desestabilizada sería un serio problema para Estados Unidos.

La torpeza del Gobierno de Ortega en las elecciones del 9 de septiembre es más que suficiente para que la nueva Administración tenga que considerar a nuestra nación. Nicaragua ha sido impredecible en su desarrollo. Los Estados Unidos han sido mezquinos en su comportamiento con los gobiernos democráticos y lo siguen siendo con el Ejército y con la Policía que necesitan ayuda y asesoramiento. Ojalá que Mr. Obama cambie esa actitud.

Recordemos que quienes llegan a la Casa Blanca son los demócratas, cuyo énfasis en el respeto a los derechos humanos y la Carta Democrática de la OEA es mucho más marcado. Tanto Obama como su esposa, Michelle Robinson, son abogados y, para colmo, profesores de Derecho Constitucional. ¡Mucho cuidado con este nuevo fenómeno!

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