La primera y principal definición de la palabra tragedia, que ofrece el Diccionario (en línea) de la Real Academia Española, es que se trata de una “obra dramática cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal que mueven a compasión y espanto, con el fin de purificar estas pasiones en el espectador y llevarle a considerar el enigma del destino humano, y en la cual la pugna entre libertad y necesidad termina generalmente en un desenlace funesto”.
A tenor de esa definición es válido decir que el reto crucial al que se enfrenta la población de El Salvador —con la elección mañana domingo 18 de enero de nuevas autoridades legislativas y municipales, y la presidencial del próximo mes de marzo—, podría ser una tragedia en dos actos cuyo desenlace sería funesto para la libertad del pueblo salvadoreño, si la izquierda revolucionaria gana los comicios.
Esa disyuntiva del pueblo de El Salvador la expresó el antiguo comandante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), y ahora disidente socialdemócrata salvadoreño, Joaquín Villalobos, en su artículo que publicamos el jueves de esta semana. En ese escrito, con pleno conocimiento de lo que son capaces de hacer y deshacer sus antiguos camaradas del FMLN, Villalobos asegura que si éste gana los comicios, ocurrirá en su país lo mismo que está ocurriendo ahora en Nicaragua, y quizás peor.
En efecto, Villalobos ha advertido que en el caso de ganar las elecciones, el FMLN “tomaría control de posiciones estratégicas como el Ministerio de Gobernación y las instituciones de trabajo social territorial, para fortalecer su organización partidaria; de la Policía Nacional Civil para transformarla en un cuerpo ideológico; del Organismo de Inteligencia del Estado, para convertirlo en una estructura de guerra política con el apoyo cubano; del Ministerio de Relaciones Exteriores, para alinear al país con Chávez; y del Ministerio de Educación, para adoctrinar a gran escala a maestros y jóvenes”.
Agrega el ex comandante guerrillero salvadoreño, quien renegó del extremismo izquierdista, que si el FMLN gana las elecciones “en el Ministerio de Hacienda, la Superintendencia del Sistema Financiero y la Corte de Cuentas (Contraloría) tomarían puestos claves para obtener información. Ampliarían su poder sobre el Tribunal Supremo Electoral, comprando con petrodólares al tercer partido; y continuarían su labor de penetración y reclutamiento sobre el Poder Judicial. A la Fuerza Armada la infiltrarían y depurarían para controlarla. En síntesis, ampliarían su fuerza de lucha callejera y le garantizarían impunidad, todo esto lo combinarían con capacidad para neutralizar, chantajear y amenazar a empresarios, opositores, periodistas… Una vez teniendo ese poder podrían hacer lo que quieran con la economía, la política y la prensa. Lo anterior no es una especulación, es el modelo bolivariano del poder”, concluye Villalobos. A lo cual debemos agregar que eso es también el modelo orteguista del poder, pues lo que Villalobos augura para El Salvador en el caso de que el FMLN gane las elecciones, de mañana y de marzo próximo, es básicamente lo que está ocurriendo en Nicaragua, para desgracia de la mayoría de los nicaragüenses.
Y es cierto que la mayor probabilidad de ganar las elecciones salvadoreñas la tiene el FMLN, hermano gemelo del Frente Sandinista de Daniel Ortega. Las últimas encuestas de Borge y Asociados indican que en la elección de diputados la votación será muy cerrada, entre el FMLN y el partido democrático Arena, pero en la de la Alcaldía de San Salvador la candidata izquierdista tiene 40 por ciento de intención de voto y el candidato arenero 35 por ciento. Y para la presidencial de marzo próximo, la encuesta muestra 39.9 por ciento de preferencia por el candidato del FMLN, Mauricio Funes, 34.6 por ciento para el de Arena, Rodrigo Ávila y 21.8 por ciento de indecisos.
Si los ciudadanos salvadoreños que piensan votar por el FMLN, no porque son comunistas ni izquierdistas de ninguna tendencia, sino porque ingenuamente han sido atraídos y más bien engañados con la prédica populista y las promesas farabundistas de felicidad social, paz y amor, pudieran ver o tener información de lo que está ocurriendo en Nicaragua bajo el régimen de Daniel Ortega, seguramente que se abstendrían de cometer la enorme insensatez de elegir a quienes después serán sus verdugos. Aunque la verdad es que, como ha dicho Mario Vargas Llosa, los pueblos a veces, igual que las ovejas, van mansamente al matadero y por su propia voluntad.