Miss Lee sobrevoló el Océano Pacífico, desde Corea del Sur —un país asiático tradicionalmente consumidor de té— para recorrer por primera vez algunas fincas cafetaleras de Jinotega, en el norte de Nicaragua, donde al catar el grano cosechado en estas frescas tierras de más de 1,000 metros de altura sobre el nivel del mar, vino a su memoria el aroma y el sabor del café especial de Etiopía, cuna del ancestral cultivo, según algunos historiadores.
“Cuando estaba catando las muestras que los productores nos han traído, una de ellas me trajo a la memoria el café de Etiopía, el cual por su alta calidad es de los más populares en Corea. Encontré aquí un aroma floral que me impresionó”, revela Lee, luego de haber catado durante toda una mañana 39 muestras del grano cosechado por pequeños y medianos productores de Jinotega, departamento que aporta el 47 por ciento de la cosecha nacional.
“¡Qué calidad la que encontré aquí!”, añade sin dudarlo Lee, pequeña empresaria que pronto espera comenzar a importar directamente el grano nicaragüense para comercializarlo en su país, que consume anualmente 1.5 millones de sacos de café (de 60 kilos), de los cuales al menos 300 mil son de cafés especiales, cifra que podría triplicarse en un plazo de tres a cinco años.
Japón, mientras tanto, consume cada año 6.1 millones de sacos, uno de los mayores importadores de café a nivel mundial.
Es un chance de mercado nada despreciable para cualquier país productor del grano, en especial para Nicaragua, que apuesta a ganar más paladares con cafés especiales de alta calidad entre los consumidores de Asia, principalmente de Corea del Sur, Japón, la República de China, China Continental e incluso India y Rusia, mercados emergentes. Puede ser, si se trabaja bien, una respuesta para mercadear y vender a mejores precios los cafés especiales cosechados en Nicaragua ante la baja de los precios del grano en el mercado internacional.
Lee, junto con nueve tostadores y comercializadores más de Corea del Sur y de Japón, recorrieron esta semana varias fincas jinoteganas para establecer contactos directos con productores beneficiados con el Proyecto de Apoyo a Pequeños y Medianos Productores de Café de la Cuenca del Lago de Apanás, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y ejecutado por el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor), con el apoyo de siete uniones de cooperativas.
Esta misión de empresarios asiáticos prefirió conocer de primera mano el proceso de producción del café jinotegano, desde su cosecha en las plantaciones hasta su beneficiado seco, para finalmente probar la calidad del mismo y pagar el precio que se merece el grano, superior al del mercado convencional.
A FORTALECER ACCIONES
“El café especial de Nicaragua es de alta calidad. En Japón el café de Centroamérica no se conoce mucho. Pero sé que el café de Nicaragua es bueno y queremos introducirlo entre los consumidores, hay que vender mejor esa imagen”, indica Yoko Ito, de Japón.
“Una forma de hacer esto es precisamente lo que estamos haciendo, venir hasta las zonas productoras de Nicaragua”, agrega. A ello añade la promoción a través de portales electrónicos e incluso reportajes y anuncios publicitarios en periódicos locales nipones, para citar algunas de las sugerencias.
Roberto Bendaña, productor de café y presidente de la Taza de la Excelencia, destaca la importancia de este tipo de misiones para posicionar a Nicaragua como un país exportador de café de alta calidad. Estima que entre el 20 y 25 por ciento de la cosecha nacional se vende bajo esos parámetros, pero puede subir hasta el 50 por ciento.
Cada quintal de café de alta calidad o especial, puede obtener desde 5 hasta 30 dólares adicionales al precio del café convencional; pero cuando se trata de lotes exclusivos, es decir de entre 20 y 30 sacos, los precios pueden superar los 600 dólares e incluso, sobrepasar los 1,000 dólares por quintal.
“Esta misión de alguna forma está sirviendo como punta de lanza y empujando el tema de la calidad y la excelencia del café en sus países. Son, por decirlo, un movimiento que está revolucionando la industria a través de la calidad”, sostiene Bendaña, cuya finca, El Quetzal, fue una de las visitadas por los asiáticos.
“Hay que estar claros y realista que son volúmenes pequeños (los que pueden adquirir misiones de este tipo), quizás al final esta delegación constituya la compra de mil sacos, para poner un ejemplo; obviamente Nicaragua produce más de un millón. El punto no es que la compra sea una figura representativa desde el punto de vista del volumen, pero sí son la punta de lanza de la industria y creemos que en pocos años varios de ellos se van a convertir en líderes y manejar volúmenes mucho más grandes, con lo cual la imagen, la promoción y las exportaciones de café de Nicaragua se beneficiarán”, sostiene Bendaña, ex viceministro Agropecuario y Forestal.
Antonio Talavera, pequeño productor, cuya finca se localiza 46 kilómetros al norte de Jinotega, también está claro de ello y apuesta igualmente al mercado asiático, como uno de los mercados emergentes.
“Este tipo de misiones nos permite establecer relaciones directas, obtener a la larga precios satisfactorios porque de esa forma mejoramos nuestra economía familiar y nuestras plantaciones. Hay un acercamiento entre comprador y productor, sin intermediarios”, subraya.
Claudia Castellón, asesora del Componente de Comercialización del Proyecto de Apoyo a Pequeños y Medianos Productores de Café de la Cuenca del Lago de Apanás, no esconde su emoción al destacar que de las 39 muestras de café catadas por la misión asiática, 10 alcanzaron un puntaje de entre 84 e incluso 90, de un máximo de 100. No hay duda de la calidad, los empresarios asiáticos confirmaron que empezarán a realizar negocios con los productores. Lee e Ito no dudan en afirmar, aunque se reservan volúmenes, que comprarán café jinotegano de alta calidad.