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Managua, 27/05/2012 6:29 AM
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Buenas amistades y malas compañías
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La visita que esta semana hizo a Nicaragua el ministro canadiense para las Relaciones con las Américas, señor Peter Kent, es un buen motivo para reflexionar un poco sobre las nuevas relaciones internacionales de Nicaragua. Y ante todo para subrayar la conveniencia de establecer y estrechar relaciones con países que, como Canadá, son ejemplares por su óptimo desarrollo económico, la forma democrática de su vida social y su sistema político, la transparencia de su funcionamiento estatal y su excelente clima de negocios. Es con esos países que vale la pena establecer y estrechar relaciones, no con aquellos que además de lejanos son totalitarios y están mal vistos por la comunidad internacional.

Canadá, que en la lengua de los aborígenes iroqueses significa aldea o asentamiento, es el segundo país más desarrollado y rico de las Américas; el segundo más grande del mundo en superficie total de tierra y agua (el primero es Rusia), y el cuarto en superficie terrestre específicamente, pues sólo están adelante Rusia, China y Estados Unidos de Norteamérica. La organización política y la forma de vida democrática de Canadá son admirables y por lo tanto es mucho lo que se puede y se debe aprender de este gran país. Y tiene, Canadá, un gran mercado que quiere abrirse a aquellos países que, como Nicaragua, necesitan diversificar su oferta productiva y ampliar los mercados externos para la mejor colocación de sus productos.

A partir de la adopción del Tratado de Libre Comercio de Canadá con Estados Unidos, en 1989, y en 1994 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés), que incluye a Canadá, Estados Unidos y México, el país canadiense impulsó poderosamente sus relaciones económicas y comerciales internacionales y desarrolló un gran interés por América Latina y el Caribe. Y teniendo ahora uno de los niveles de vida más altos del mundo, la población canadiense ha aumentado su demanda de bienes de consumo de los cuales Nicaragua es un productor neto. Al respecto, en la entrevista que la señora Verónica Rojas, Viceministra de Fomento, Industria y Comercio de Nicaragua (MIFIC), dio esta semana al suplemento de Negocios & Economía, de LA PRENSA, ella mencionó algunos de los productos nicaragüenses que pueden ser comercializados en Canadá y los cuales están en el tapete de la discusión del Tratado de Libre Comercio de los países centroamericanos del C4 con Canadá, que se reinició en diciembre recién pasado.

Por supuesto que no es sencillo llegar a acuerdos internacionales de mutua conveniencia en materia económica y comercial. En este sentido, un obstáculo es que Nicaragua aboga por lo que su Presidente llama “comercio justo”, o sea que los productos nicaragüenses entren libremente al mercado de los países desarrollados y ricos, pero que los de éstos tengan un acceso restringido al mercado nacional, tal como lo subrayó la viceministra del Mific en sus declaraciones a LA PRENSA, las que esperamos no sean motivo para que el presidente Ortega y su esposa la destituyan.

Pero eso no es un obstáculo insalvable. Lo más importante es que los acuerdos de libre comercio han probado ser muy provechosos. Tal como ha ocurrido con el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos (Cafta), cuyos beneficios han sido muchos más que sus inconveniencias, las relaciones bilaterales con la potencia canadiense y la participación en un Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con Canadá, únicamente tendría ventajas para la parte nicaragüense.

Además, Canadá no es sólo un potencial gran mercado para los productos nicaragüenses de exportación, tradicionales y nuevos. También, como hemos dicho antes y es necesario repetirlo, de países como Canadá se puede y se debe aprender mucho en materia de democracia, gobernabilidad, tolerancia, transparencia y demás virtudes políticas que son indispensables para alcanzar una calidad de vida alta y verdaderamente satisfactoria. En cambio, de relaciones y amistades con países como Irán, Corea del Norte y Cuba, por ejemplo, sólo malos hábitos se pueden adquirir, recetas para el empeoramiento de la pobreza de la población nicaragüense y una pésima reputación internacional, pues también en las relaciones interestatales aplica el sabio dicho popular de que, “dime con quién te juntas y te diré quién eres”.

Lamentablemente la ideología y el pensamiento del presidente Ortega no le permiten entender esta realidad, y por eso, desde que recuperó el poder Nicaragua está caminando hacia atrás, como el cangrejo.

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