El abuso de poder con el que sigue gobernando Daniel Ortega cada día aumenta los niveles de descontento, no sólo entre la población (62 por ciento) que no votó por el actual mandatario, sino entre sus mismos simpatizantes y militantes, contra quienes continúan los atropellos.
A eso hay que sumarle la profundización de la crisis económica que genera en el país la inseguridad jurídica, problemas con las libertades económicas, los brotes de violencia planificados, organizados, dirigidos y ejecutados por el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), encabezado por el propio Ortega, cuyo odio es alimentado por ex miembros de la tenebrosa extinta Dirección General de la Seguridad del Estado (DGSE) sandinista en los años ochenta, líderes sindicales que se escudan en la impunidad que les da el cargo de diputados mientras ellos se enriquecen, entre otros sectores que siempre han vivido al amparo del partido rojinegro.
Ahora, muchos sandinistas son despreciados y hasta perseguidos por la nueva casta oligárquica del FSLN en el poder, usando los cuerpos coercitivos partidarizados (Policía y Ejército) y demás instituciones de los Poderes del Estado para aplastar o intimidar a quienes osen discrepar.
Además del repugnante robo de las elecciones en varios municipios del país, Ortega y su séquito no han cesado de intimidar al resto de la población con las mismas asonadas vandálicas que él y su partido organizaban contra los gobiernos anteriores. La diferencia es que ahora lo hace para someter a la amplia mayoría en desacuerdo con él. Todo porque lo secan sus ansias de poder y venganza que necesita saciar en el manantial de la violencia.
Ortega habla desde su tribuna partidaria que ha beneficiado al pueblo. ¿Pero de cuál pueblo habla? En Managua benefició a un grupo de personas con casas nuevas, mientras los campesinos que estaban apostados frente a la Asamblea Nacional y luego en las rotondas de la capital siguen sin respuesta a sus demandas. ¿Acaso ha dicho que tiene un proyecto social para responder a este sector? Hasta hoy no y por lo visto no le interesa más que seguir alimentando la miseria de estas personas.
El Presidente lo que ha hecho es maquillar su gobierno populista dando productos y no los instrumentos para trabajar, producir y desarrollarse. ¿O es que las gallinas, los cerdos y las vacas viven de rodajas de viento o chuletas de aire? Ha mandado a pavimentar calles sin un plan técnicamente correcto, invadiendo funciones y jurisdicciones, por ejemplo, de la comuna de Managua que dirigía hasta hoy el alcalde Dionisio Marenco.
Pretende hacer creer que es el redentor del pueblo necesitado engañándolo con migajas, mientras él y su grupo disfrutan del poder. Si tienen dudas, pueden ver a su gente en centros comerciales de Managua comprando productos de marcas a precios astronómicos en dólares o córdobas, mientras en las rotondas a la gente le llegan a tirar la comida.
Y mientras la población sufre los secuestros express en Managua, Ortega y su gente es escoltada con caravanas policiales que hacen alarde de prepotencia contra las personas que se movilizan en vehículos en las calles, entre ellos, sandinistas. Por otra parte, Ortega ha entronizado nuevamente la corrupción estatal y no teme ser enjuiciado en el futuro. Eso ya se verá. Esto y más, sobre todo la crisis económica que profundiza Ortega, están alimentando resentimientos y cultivando futuros resultados.