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El “pacifista” Ortega
Luciano Cuadra Waters
El autor es ingeniero
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Casi a finales del año antepasado, el presidente Ortega, insistiendo en querer ser noticia principal, denunció al presidente Uribe por su manera de llevar las negociaciones con las FARC y por haber sacado de las mismas a Hugo Chávez. Para darle el tono cómico a la cuestión, llamó “hermano” al ahora fallecido Marulanda, de nefaria recordación para los colombianos.

Luego, a mediados del año que acaba de finalizar, Ortega se apresuró a reconocer la “independencia” de Osetia del Sur y Abjasia a pesar que ninguna otra nación, incluyendo a Venezuela y Cuba, se arriesgara a “hacer el cuadro” de la manera como lo hiciera el mandatario nicaragüense.

Es difícil asegurar si esas acciones son para lograr protagonismo personal o si lo hace para conseguir que Nicaragua ocupe los titulares del mundo de la misma manera como en los años ochenta. Esto último no es señal de amor patrio ni amor a la paz. Baste recordar que Idi Amín hizo famosa a Uganda; de la misma manera como Pol Pot puso en el mapa mundial a Camboya / Kampuchea en los años setenta.

Ahora, tal vez como un gesto para despedir al año que terminaba, el esposo de doña Rosario decidió una vez más jugar al Estadista y llenándose de valor demandó, en una conferencia de prensa, que Israel cese los “ataques criminales” en la franja de Gaza.

“Yo quiero, desde Nicaragua, en nombre de este pueblo, como cristiano, pedirle a la comunidad internacional que hagan todos los esfuerzos necesarios para detener estos actos criminales del Gobierno de Israel en contra del sufrido pueblo palestino”. Habiendo expresado esas palabras, imagino que los presidentes del continente y otros Jefes de Estado tomaron sus teléfonos rojos y decidieron tomar cartas en el asunto de forma inmediata.

De ninguna manera pretendo criticar la intención de detener una guerra que igual a cualquier otra lleva muerte y desolación a otros seres humanos. Lo que no está bien es que el Presidente de Nicaragua dispare su perorata haciendo acusaciones de manera específica contra otra nación. Esos arranques confirman que don Daniel basa su política exterior en cuechos de pasillos y en lo que escucha de sus amigos durante los convivios propios de su cargo.

Si busca la paz, ¿no sería mejor que se abstuviera de señalar culpables? En todo caso, aquí puede existir cierta similitud con el ataque de las fuerzas armadas colombianas al campamento guerrillero en Ecuador. O sea que según Ortega un grupo puede atacar a una población a la que ha declarado objetivo militar, pero cuando el enemigo responde esa acción se convierte en genocidio.

Es igualmente interesante que Daniel Ortega no mencionara en su conferencia de prensa que fue Hamás quien inició el ataque lanzando los misiles Grad contra los 750,000 judíos que residen al sur de ese país, ni las 80 toneladas de explosivos transportadas clandestinamente desde Egipto, luego que ellos mismos rehusaran continuar la tregua existente que expiró el 19 de diciembre.

¿No se ha preguntado el ciudadano Presidente por qué las naciones árabes han condenado públicamente a Hamás —unos— mientras otros se han quedado callados? Éstos ven a la organización terrorista como un factor desestabilizador para sus propios sistemas

¿Por qué no condena el Presidente a los palestinos que por medio de diferentes sitios webs relacionados directamente con Hamás, llaman a sus militantes a atacar intereses israelitas y estadounidenses alrededor del mundo así como las embajadas de ambos países en los que incluyen las direcciones utilizando el sistema Google Earth? No estoy seguro si los asesores de Ortega le han informado que en esas embajadas y consulados trabajan personas civiles que son totalmente ajenas al conflicto.

Habiendo dicho lo anterior, ¿ha pensado el señor Presidente que esto nos podría afectar directamente si esos mensajeros del terror islámico decidieran accionar contra las embajadas de esas naciones en Nicaragua? ¿Cuántos nicaragüenses (o extranjeros) podrían morir por ello?

Ésta no debe ser tomada como una nota apologética en favor de Israel. No es mi intención. Tampoco mi trabajo. Pero quizás el Presidente debería tomar en cuenta la declaración de Abu Mazzen, presidente de la Autoridad Nacional Palestina —ahora dividida gracias a Hamás— quien recientemente dijo que la respuesta militar de Israel es “criminal”, pero que Hamás es responsable de la misma por no haber querido renovar el armisticio entre ambos. En octubre del año pasado el reconocido filósofo árabe Lafif Lakhdar escribió un artículo en el cual apunta que Hamás tiene la tendencia de rehuir a los compromisos y que eso sería desastroso para los palestinos.

Hamás respondió calificando a Mazzen como colaborador de Tel Aviv. En esos círculos, ser llamado colaborador tiene las mismas consecuencias que ser acusado de traidor por los de la nomenclatura orteguista.

Que diga el Presidente de manera clara si hay aceptación de su Gobierno a las acciones del grupo terrorista Hamás.

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