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Noticias >> Opinión
El último nocaut de Alexis
Fabio Gadea Mantilla
El autor es director general de Radio Corporación.
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Querida Nicaragua: Cuando Alexis Argüello ganó su pelea contra “El Púas” Olivares en el año 74, el pueblo salió a la calle y empezó a lanzar la cohetería que acostumbra cuando el país está de fiesta. Y no era para menos, pues teníamos un gran campeón mundial, el ídolo nacional más querido de la población.

De ahí en adelante los triunfos de Argüello se sucedieron con tanta frecuencia que ya eran rutinarios sus nocauts. Cuando volvía de una de sus peleas se le recibía como a un héroe, como se recibía a los campeones en los coliseos de la antigua Grecia y de la imperial Roma. Qué gran deportista tuvimos en Alexis, qué gran caballero del ring. Jamás un golpe bajo, jamás un cabezazo mal intencionado para ganar una pelea, jamás un contrato sucio en alguna pelea arreglada, pues la honestidad y la hombría de bien de Alexis Argüello no permitían que nadie pudiera hacerle ninguna oferta indecorosa como sí las hubo con tantos otros boxeadores.

Talvez muchos no lo van a creer, pero yo soy un gran aficionado al boxeo. Muchos escritores que conozco, gente muy pacífica, también lo son. A lo mejor guardamos en el subconsciente el oculto deseo de darle una paliza a alguien que nos cae mal, o que le está haciendo mucho daño a la nación. No sé. Pero la verdad es que a mí me encanta el boxeo y sigo admirando las viejas peleas de Alexis, su elegancia al tirar el jab, su juego de piernas, su estrategia en el ring, donde parecía tener ya planificada toda la pelea y saber exactamente en qué round daría el nocaut. Para mí Alexis ha sido uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos.

Por eso hoy, cuando el brillante deportista se enredó en las intrincadas marañas de la política, cuando ha ido perdiendo el encanto del que hacía gala como deportista, cuando lo vemos trastabillar esperando la seña de su manager, sin creatividad, manejado por los hilos tenebrosos de una sucia política partidaria que echó por los suelos su dignidad de vencedor, su orgullo de gladiador siempre victorioso, cuando los aplausos han enmudecido y los gritos de entusiasmo se perdieron entre banderas partidarias disminuidas, nos llena de nostalgia el Alexis Argüello de aquellos tiempos de triunfo, cuando precisamente sus manejadores de hoy le confiscaron sus propiedades, le prohibieron su entrada al país, así como la transmisión de sus exitosas peleas.

Aaron Prior no fue quien le dio el último nocaut a Alexis Argüello. Ésta fue una derrota honorable. A Alexis le faltaba el peor de los nocauts, la peor de las derrotas. Le faltaba el vergonzoso nocaut que le tenían reservado sus amigos del partido frentista. Un nocaut del que difícilmente podrá levantarse por mucho que intente destacarse en su nuevo puesto como alcalde. Ésa será una alcaldía manchada por la sombra vergonzosa del fraude. No es una alcaldía legítima ni legal. Será siempre una alcaldía espuria y así habrá que llamarla, tanto a ésta como a las otras alcaldías ganadas en la misma forma.

Qué pena para Alexis, a quien quiero seguir admirando como el boxeador que nos dio a todos enormes momentos de emoción. Y seguiré viendo sus viejas peleas cada vez que aparezcan, seguiré admirando sus glorias del pasado, pues es así como quiero recordarlo. Obviamente que muchos preferimos a un excelente boxeador antes que a un mal político.

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