Las Fuerzas Armadas concluirán en febrero la devolución de un arsenal a la firma estadounidense Samco Global Arms, ofrecidas a Honduras hace 23 años para hacer frente a una eventual invasión de Nicaragua.
“Esas armas son un peligro para el país, porque podrían caer en manos de delincuentes y terroristas internacionales”, dijo a la cadena local de radio HRN el ministro de Defensa, Arístides Mejía, en una entrevista divulgada ayer. “Aceleramos el proceso oficial de entregarlas porque no podíamos esperar más tiempo”.
Indicó que “los embarques a Estados Unidos son continuos y se realizan con todos los mecanismos de seguridad, debido a que hay armas de alto poder... los embarques continuarán otros dos meses”.
El arsenal consiste en 4,600 fusiles FAL, 800 fusiles AK-47, 30 cañones antiaéreos de 20 milímetros con cajas de repuestos, 2,500 cohetes y 48 cohetes RPG-7, y centenares de cajas de municiones.
Fue enviado en 1985 a las Fuerzas Armadas por Longlac Enterprise de Panamá, subsidiaria de Samco de Miami, y depositado en el Comando de Apoyo Logístico del Ejército en Naco, a unos 180 kilómetros al norte de Tegucigalpa.
Longlac ofreció las armas a Honduras para que las tuviera en depósito con opción a compra como reserva para repeler un posible ataque del ex régimen sandinista nicaragüense.
Según el Gobierno, la firma es del cubano-estadounidense Mario Delamico, comerciante de armas que operó en los años 80 en Centroamérica.
Mejía sostuvo que la devolución “se atrasó porque la abogada de la propietaria de las armas (la hondureña Judith Alemán) obstaculizó el proceso por el afán de cobrar al Estado sus honorarios por dos millones de dólares”, que Longlac se niega a pagar.