Los diputados de la Asamblea Nacional, en todas las épocas, han sido mal vistos por la mayoría de la población, porque aun si hacen un buen trabajo —que rara vez lo hacen—, éste no se percibe. Hacer las leyes, que es su principal función, no da resultados inmediatos ni tangibles. Sin embargo, también es injusto decir que todos los diputados merecen la misma calificación.
En el caso de la actual Asamblea Nacional, hay unos que son llanamente zánganos, otros que son “disciplinados” y otros que son tontos. También hay los que son bien intencionados, pero éstos obviamente son los menos. “Por sus actos los conoceréis”, dicen las Escrituras.
Lo más importante que hay que establecer antes de comenzar las categorías es la responsabilidad que tienen los diputados. Éstos, aunque se presentan en “plancha” a la hora de ser electos, sí hacen como “plancha” una oferta al ciudadano y éste decide darle el voto a la oferta que más le convence (estoy hablando de lo que pasó en noviembre del 2006, no en noviembre del 2008, que fue un robo). O sea, que estos señores no llegan a la Asamblea Nacional a hacer lo que les da la gana, sino a cumplir con lo que prometieron.
Entender esto, en las actuales circunstancias del país, es vital para la democracia y el desarrollo económico-social. En las elecciones del 2006 había dos ofertas, la del Frente Sandinista que tras una mampara de cancioncitas y lemas empalagosos en realidad ofrecía lo que nos está dando, o sea lo mismo que hace 20 años; y estaba la oferta de los partidos Liberal Constitucionalista por un lado, Alianza Liberal Nicaragüense (la original) por otro, y la del Movimiento Renovador Sandinista por su lado. Estas tres, con diferentes luces y sombras, eran ofertas para continuar el proceso democrático y el desarrollo económico.
Con ese rasero entonces es que tenemos que medirlos.
En la Asamblea Nacional hay diputados que sabían que la cancioncita y los lemas vacíos eran sólo un cascarón, estaban claros de que lo que querían era instaurar una dictadura, con Ortega a la cabeza y con ellos sacándole todo el provecho posible. ¿En qué categoría los pondría el lector? ¿Disciplinados, zánganos o tontos?
Hay otros que no son sandinistas, creo que creyeron en las cancioncitas, pero ahora no quieren una dictadura. Algunos han dicho que no están muy contentos con lo que hace el Gobierno, pero hasta ahí. Sus votos siempre terminan alineándose con el oficialismo. ¿En qué categoría los pondría el lector? ¿Disciplinados, zánganos o tontos?
Hay un tercer grupo que se dicen “independientes” o “bancadas bisagras”. Cabe aquí preguntarse, ¿“bisagras” de qué?, ¿independientes de quién? Estos señores recibieron un mandato de los votantes. ¿Lo están cumpliendo? Si sus acciones consolidan la dictadura, claramente no lo están haciendo. ¿En qué categoría los pondría usted? ¿Disciplinados, zánganos o tontos?
Y luego a los que le gustan llamarse “los demócratas”. Oposición es un término más claro. Estos señores en enero del 2007 sumaban un grupo de 50 diputados (porque tres de ellos desde antes de jurar por el cargo ya se habían declarado “independientes”). Sin embargo, hoy por hoy son sólo 44, y cuidado menos. Estos señores desde el primer día pudieron haber controlado la Asamblea Nacional, pero desde el primer día están luchando entre ellos, llenos de desconfianza, en negociaciones donde abundan las puñaladas traperas y en las que no negocian nada que esté más allá de sus narices. Estos señores sólo en escasas ocasiones han logrado tener el control que los números les garantizaban. ¿En qué categoría los pondría el lector? ¿Disciplinados, zánganos o tontos?
Ahora que los ha dividido en disciplinados, zánganos y tontos, ¿cuántos diputados bien intencionados le quedan?