“…homotextuales consultan a Marx…”
1984, Pablo Antonio Cuadra
Analizando un poco la historia política, social, cultural y económica de Nicaragua, dejando de lado los apasionamientos políticos, se identifica una de las principales causas de nuestro pírrico desarrollo y de la actual situación de nuestro país: el síndrome de la monodependencia.
Desde antes de la colonia, nos hemos caracterizado por una dependencia exacerbada de determinados patrones. En política exterior, inicialmente fuimos parte del imperio azteca y posteriormente del español; pero cuando los aires de independencia empezaron a soplar sobre nuestro territorio parecía que habíamos puesto fin a esa costumbre. Sin embargo, por desidia y negligencia sumadas a intereses ajenos a nuestra soberanía, volvimos la vista al norte.
Luego Zelaya nos alejó de esa visión y por unos años empezamos a abrirnos al mundo, en especial hacia Europa, pero nuevamente una pequeña y poco patriótica élite, cumpliendo el mandato de otras tierras, nos sumió en la dependencia de una potencia extranjera en busca de la hegemonía mundial, agachando la cabeza a su voluntad y permitiendo que nuestra patria fuese mancillada y su población ultrajada en reiteradas ocasiones por fuerzas interventoras.
Muchos años pasarían para que Nicaragua pudiese responder a otros intereses, sólo que en esta ocasión el cambio se dio para empeorar nuestra posición geopolítica, al involucrarnos a partir de 1979 en un conflicto de magnitudes mundiales, cuyo balance final fue de muerte, destrucción y atraso económico.
Con la llegada de la democracia en la última década del siglo XX, casi 170 años después de habernos independizado de España, las esperanzas estaban puestas en lograr el progreso económico y social, así como romper el ciclo del síndrome de la monodependencia. A pesar de todos los esfuerzos, hoy en día estamos un poco peor. Hemos entrado en una espiral dependiente cada vez más exagerada, sólo que esta vez, es de un monoproductor que basa su economía en el oro negro: el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela.
En materia económica, la historia es muy similar. Nuestra principal fuente de ingresos y exportaciones fue primero el añil, luego el café, le siguieron la carne, el algodón y recientemente las zonas francas. La falta de inventiva e iniciativa por parte de los nicaragüenses nos ha llevado a ser monodependientes de un sistema agroexportador, cuya efectividad como solución al desarrollo ha demostrado ser escasa; mientras no incluyamos cadenas de valor e imprimamos un componente de industrialización, no dejaremos de ser productores de materias primas.
En lo político, la monodependencia se refleja en un hombre fuerte, cacique, dictador o caudillo, muchas veces considerado como el único capacitado y predestinado a dirigirnos por el sendero correcto. Una vez más, esta situación ha probado ser muy poco provechosa para el país; dejando estelas de corrupción y pobreza, con censura a los medios de comunicación independientes así como el cierre de los espacios políticos para quienes no comparten la ideología de turno en el poder.
El colmo de este síndrome es que a pesar de ser conscientes del mismo, continuamos repitiendo los errores del pasado. Basta con ver cómo funcionan las distintas instituciones y poderes del Estado, las cuales están basadas en la manipulación, clientelismo político, prebendas e intereses económicos.
Nuestra monodependencia es la que provocó el revés diplomático del pasado 20 de noviembre en la Organización de Estados Americanos, cuando la disparatada propuesta de resolución del gobierno de Ortega fue apoyada por un solo país: Venezuela, nación que por cierto se vislumbra a convertirse en nuestro único donante.
Cabe mencionar que el déficit en la balanza de pagos ha sido desde hace un buen tiempo monodependiente de generosidad internacional. A pesar de esto, el actual Gobierno ha mostrado ingratitud al insultar a representantes de dichos países y organismos, acusándolos de injerencistas, conspiradores, agentes desestabilizadores y enemigos de Nicaragua. Y si a esto le agregamos el hecho que la crisis financiera mundial afectará el flujo de remesas durante el próximo año, el panorama económico es sombrío y poco alentador.
El hecho que este Gobierno trate de replicar un modelo fallido y antidemocrático, desincentivando la inversión nacional y extranjera, debería ser un tema de preocupación para todos los nicaragüenses. Está en nuestras manos ponerle fin a la monodependencia, la pregunta es si estamos dispuestos a hacerlo.