La Asamblea Nacional tiene que elegir hoy a su nueva Junta Directiva, que funcionará durante los siguientes dos años. Según lo establece la Ley Orgánica del Poder Legislativo, esta elección debe realizarse el 9 de enero en una Sesión Inaugural de carácter solemne, o sea ante la presencia de representantes de los Poderes del Estado y del Cuerpo Diplomático acreditado en Nicaragua .
Sin embargo, debido a la crisis política que sufre el país desde el fraude electoral en los comicios municipales del 9 de noviembre pasado, la Sesión Inaugural de hoy no se realizará —si acaso se realiza— en un ambiente de solemnidad, sino de tensión y amenaza de violencia. Las turbas oficialistas que actuaron brutalmente el miércoles de esta semana en La Concepción, las mismas que desencadenaron la violencia en León durante la campaña electoral, y en Managua después de las elecciones, para imponer el fraude, están convocadas para hoy ante la Asamblea Nacional. ¿Con qué propósito? Pues con el de intimidar a los diputados de la oposición, para obligarlos a elegir una Junta Directiva que le permita a Daniel Ortega controlar totalmente el Poder Legislativo, igual que ya controla los demás Poderes del Estado.
En una democracia, la función parlamentaria se realiza sin presiones externas de ninguna clase, mucho menos bajo intimidación y amenazas de violencia. Los diputados deben tener libertad de conciencia para cumplir sus funciones, deben desarrollar sus actividades oficiales bajo el control de los ciudadanos y sometidos a la crítica pública, pero sin ser víctimas de coacción ni agresiones. Los diputados no son intocables y quienes no están de acuerdo con sus actuaciones tienen derecho de cuestionarlos, pero no deben intimidarlos ni agredirlos de ninguna manera.
La intimidación por medio de acciones individuales o de turbas, es un procedimiento fascista. Eso es lo que se hacía en la Alemania hitleriana y en la Italia de Benito Mussolini, y en general en todas las dictaduras y regímenes totalitarios. Los dictadores no convencen a sus adversarios con argumentos y razones, sino que los vencen por medio de la amenaza o los aplastan con la fuerza bruta.
Volviendo a la elección de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, lo ideal sería que se pudiera elegir por consenso de todas las bancadas parlamentarias. Si durante los dos años anteriores el presidente de la Asamblea Nacional fue un diputado del FSLN, lo correcto es que ahora sea de la oposición. Y los demás cargos de la Junta Directiva deberían ser distribuidos proporcionalmente entre las diversas bancadas, de acuerdo con sus cuotas de representación.
Pero eso es lo ideal. La realidad es muy diferente. El FSLN quiere una Junta Directiva sumisa al gobierno de Daniel Ortega. Pretende quitarle la independencia al Poder Legislativo a fin de convertirlo en otro instrumento para la restauración de la dictadura. Ortega ya le asestó un golpe de Estado a la Asamblea Nacional, aunque de baja intensidad, al arrogarse mediante decreto facultades legislativas que constitucionalmente no le corresponden. Lo mismo hizo cuando avaló el ingreso de buques de guerra rusos a aguas nicaragüenses, sin autorización de la Asamblea Nacional, como ordena la Constitución. Esas han sido tan sólo unas muestras de lo que el orteguismo está dispuesto a hacer para alcanzar sus perversos fines dictatoriales. Ortega es capaz de todo, incluso de lo peor. Según amenazó su Procurador General, si Ortega quisiera no quedaría piedra sobre piedra de los medios de comunicación independientes, y por lo tanto de la libertad de prensa y en consecuencia de las precarias instituciones del Estado democrático de derecho que aún quedan en pie.
Por eso es tan necesario que el Poder Legislativo conserve su independencia, que no se someta al autoritarismo de Daniel Ortega sino que lo rechace y lo contenga; que mantenga viva la posibilidad de recuperar la democracia por medios pacíficos y cívicos, por la civilizada y democrática vía electoral.
Quien quiera ver el futuro de Nicaragua bajo otra dictadura de Daniel Ortega, que mire la acción de las turbas el año pasado en Puerto Cabezas, León y Managua y esta semana en La Concepción. Pero los diputados de la oposición pueden impedir que Nicaragua vuelva a caer en el abismo del odio, la violencia, la represión y la miseria. Todavía están a tiempo de impedirlo. Y la elección de una Junta Directiva de la Asamblea Nacional independiente, podría ser un paso muy importante en esa dirección.