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Managua, 27/05/2012 7:45 AM
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Diputados demócratas, la beben o la derraman
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Desde que se instaló el nuevo gobierno de Daniel Ortega, hace dos años, advertimos que siendo la Asamblea Nacional el único de los cuatro Poderes del Estado que no estaba totalmente controlado por el FSLN, tenía que ser la principal fuerza de contención al siniestro plan orteguista para restaurar la dictadura en Nicaragua. Y mal que bien la oposición parlamentaria democrática ha estado desempeñando esa función, aunque también hay que reconocer que ha cedido ante el empuje autoritario de Daniel Ortega.

En efecto, gracias a la resistencia de la oposición en la Asamblea Nacional, Ortega ha tenido que posponer la tramitación de la reforma constitucional que necesita para reelegirse en las elecciones del 2011, o para seguir ejerciendo el poder con el título de primer ministro. Además, la oposición no le permitió a Ortega asignarle a los CPC el carácter de órganos gubernamentales, como él quería, y por otro lado lo obligó a aceptar un mecanismo negociado para la solución interinstitucional de las crisis de gobernabilidad, que son frecuentes por la gran debilidad de las instituciones democráticas de Nicaragua.

Sin embargo, Ortega se ha aprovechado de las fisuras y debilidades de la oposición para avasallar a la Asamblea Nacional. Incluso le ha dado un virtual golpe de Estado, al arrogarse facultades legislativas en materia presupuestaria que la Constitución no le atribuye al titular del Ejecutivo. Por otra parte, la oposición, que gracias al voto popular democrático logró en las elecciones de noviembre de 2006 una mayoría parlamentaria de 53 diputados, sobre 38 del FSLN, ha retrocedido al punto de que a finales del año pasado no pudo alcanzar los 47 votos necesarios para llenar el quórum y tramitar una ley ordinaria de anulación de las elecciones municipales fraudulentas del 9 de noviembre pasado.

Ahora, ante la inevitable elección de una nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional, se ha creado un escenario político singular en el cual la oposición parlamentaria podría recuperar la independencia del Poder Legislativo, o entregarlo definitivamente al Frente Sandinista y al presidente Ortega.

Voceros del PLC dijeron el martes de esta semana que la oposición ya tenía asegurados 49 votos parlamentarios, o sea dos más que el mínimo indispensable para garantizar la elección de una Junta Directiva dominada por el sector democrático. También informaron que la oposición ocupará seis de los siete cargos de la Junta Directiva, incluyendo la presidencia de la Asamblea Nacional, de manera que sólo dejarán uno para el FSLN. Pero la verdad es que aún no hay garantía de que tal cosa vaya a suceder.

En realidad, lo único cierto en todo eso es que la bancada del PLC y la Bancada Democrática, como se denomina la del Movimiento Vamos con Eduardo, podrían llegar a los 47 votos indispensables para elegir a la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, si votaran con ellos el diputado Guillermo Osorno y por lo menos cuatro diputados de la AL, éstos últimos a cambio de obtener la presidencia de la Asamblea Nacional para cualquiera que no sea Eliseo Núñez, y dos o tres presidencias de comisiones importantes.

Pero el FSLN no está esperando pasivamente que la oposición fracase por sí misma en sus intentos de ganar la contienda por la Junta Directiva de la Asamblea Nacional. El Frente Sandinista cuenta con su sólida bancada de 38 diputados cuartelariamente disciplinados, quienes junto con los dos “independientes” que son Mario Valle y Juan Ramón Jiménez suman 40 votos. Y si a estos se sumaran el diputado Guillermo Osorno y los 6 diputados de ALN, el FSLN llegaría a los 47 indispensables para elegir una nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional acorde a la conveniencia del régimen orteguista.

Seguramente por eso es que el Vicepresidente de Daniel Ortega dijo estar seguro de que el FSLN retendrá la presidencia de la Asamblea Nacional, y que la elección de la Junta Directiva se realizará en la próxima semana. Pero la verdad es que hasta donde llegan nuestras indagaciones, a estas alturas de la lucha por la elección de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional, ni la oposición ni el FSLN tienen nada asegurado. Y cabe destacar al respecto que de los diputados de ALN, y de Guillermo Osorno, depende que el Poder Legislativo se mantenga independiente o que caiga también en la trampa del orteguismo y su proyecto dictatorial. Esa es la tremenda responsabilidad que deben asumir ante la historia.

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