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Queremos ser República
Mauricio Mendieta Herdocia
El autor es médico.
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Ante la triste y crítica situación política por la que atravesamos, todos los nicaragüenses deberíamos en este año que recién comienza, hacernos algunas reflexiones y decidirnos a ser actores activos para ayudar a resolverla. Debemos comenzar preguntándonos; qué tipo y clase de país queremos, y en qué hemos contribuido cada uno de nosotros para hacer realidad ese anhelo y deseo de país que hemos querido tener. Creo que todos coincidimos en que queremos tener Patria y deseamos ser República.

Algunas preguntas que son esenciales y obligatorias, nos ayudarán en estas reflexiones. ¿Somos esa “patria palpitante de colosal corazón” que decía Rubén?, ¿somos República, a pesar de que todos los poderes del Estado se encuentran partidarizados y férreamente controlados?, ¿somos República a pesar de que no existe un Estado de Derecho?, ¿somos viable como país, cuando los gobernante de turno y los funcionarios públicos generalmente llegan a robarse el erario público, en vez de utilizarlo para el desarrollo social y económico del país?

¿Qué clase de sociedad estamos desarrollando y heredando a las generaciones futuras, cuando se privilegia el vicio sobre la virtud, el robo sobre la honradez, la mentira y el engaño sobre la verdad, la traición y la deslealtad sobre la palabra dada y comprometida?

Todos somos responsables de la desastrosa situación política que vivimos, unos por acción y otros por omisión. Muchos han dejado que otros hagan, lo que ellos desde una posición muy cómoda y nada comprometida no han querido hacer. El precio, decía Platón, “que pagan, aquellos que se rehúsan a participar en política, es que al final terminan siendo gobernados por sus inferiores”.

Nicaragua y los nicaragüenses somos producto de nuestras propias incapacidades, y de las acciones y conducta de lo que quieren que seamos esta clase política pactista y mayoritariamente corrupta, que nos arrastra a diario por el pantano séptico de la mediocridad política.

Los pactistas y esta clase política tradicional tienen enfermo al país, y han creado tal descomposición social y moral, que están convirtiendo a Nicaragua en un gran absceso nacional que habrá que drenar por la vía cívica y democrática en un corto plazo.

De manera inequívoca podemos afirmar, que ellos son factores permanentes de inestabilidad, estancamiento, atraso e incertidumbre hacia el futuro. En este año se aprestan a realizar reformas constitucionales, o bien elegir una Asamblea Nacional Constituyente, con el propósito de utilizarla como un instrumento que les permita consolidar un bipartidismo disfrazado de parlamentarismo, legitimando de esta manera una dictadura bicéfala; redactando y probablemente ya la tengan elaborada una nueva Constitución, confeccionada como un traje a la medida de sus intereses personales y sectarios.

Existe una línea bien marcada y divisoria, entre los que buscamos persistentemente una alternativa de un cambio serio, honesto y sincero, y los que no quieren que las cosas cambien. Los que queremos un país sano y los que quieren que el país continúe enfermo, para seguirse aprovechando, porque únicamente les interesa satisfacer su hambre insaciable de poder, por el poder.

Los nicaragüenses tenemos que aceptar el reto, el desafío y el compromiso de poder producir una alternativa política aceptable y compatible con los principios y valores éticos, morales y cristianos del necesario cambio que la gente reclama y el país necesita.

Debemos necesariamente poder estructurar y desarrollar una alternativa distinta al pactismo. Esta alternativa de cambio debe representar una diferencia entre lo cualitativo frente a lo cuantitativo, porque deberá estar sustentada en la fuerza de ideas, principios y valores, frente a los antivalores, y a la fuerza de recursos y maquinarias electorales de los pactistas. Abrazar el cambio significa escoger conscientemente el futuro.

No puedo evitar pensar constantemente en el país que quiero para mi familia y para todos los nicaragüenses. Ha llegado la hora de que todos nos veamos frente al espejo de nuestras vidas, y viéndonos directamente a los ojos nos preguntemos, si nos conformamos con el país y la vida que tenemos, el que nos dan y nos permiten los pactistas y la clase política tradicional, cual migajas y limosnas, o si por el contrario decimos ¡Basta Ya!, no más mentiras, no más engaños, no más robos descarados, no más corrupción. No más compra de lealtades, de conciencias y de voluntades.

Rompamos el laberinto en que nos tienen atrapados, y conectémonos con la visión de futuro y alternativa de cambio que queremos para Nicaragua. Todo lo demás son pasos y etapas en la trayectoria para alcanzarlo. Convirtámonos todos en factores de cambio para refundar la República, recordando lo que sabiamente afirmaba Gandhi, “la fuerza no proviene de la capacidad física, proviene de una voluntad indomable”.

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