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Managua, 01/12/2009 3:12 PM
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Es triste decirlo pero es la verdad: Nicaragua finalizó el año 2008 con resultados peores que los imaginados y pronosticados. Lo que a todas luces podía

ser una excelente oportunidad para avanzar en la institucionalización del sistema democrático, terminó en el mayor fraude electoral de la historia de Nicaragua. Tanto el Poder Electoral como el Poder Ejecutivo, ambos dirigidos por el presidente Ortega, se quitaron la máscara de la democracia y se mostraron tal como son: instrumentos al servicio del autoritarismo. Y Ortega, que pregonaba en su campaña amor, paz, trabajo y reconciliación, mostró ser lo que siempre ha sido, un dictador.

Hace 20 años, la sociedad nicaragüense, cansada, arruinada y empobrecida por el mal gobierno del FSLN, encontró en la unidad de la Contra, los partidos de oposición, la empresa privada, la sociedad civil y el apoyo de Estados Unidos, la vía para vencer a Daniel Ortega en aquella histórica elección de 1990. Entonces la consigna fue: Todos contra el FSLN. Y la UNO triunfó.

Doña Violeta cambió el rumbo estratégico del país, de un socialismo totalitario fracasado a un capitalismo democrático incipiente. Se tuvo que enfrentar a una oposición mafiosa y con muchos recursos, pero Nicaragua se levantó y empezó a vencer a la pobreza. Lamentablemente, las ambiciones personales y la corrupción en la derecha, aunadas a la perversidad del orteguismo, debilitaron y dividieron a las fuerzas democráticas y retrasaron el esfuerzo nacional e internacional para que Nicaragua recuperara el terreno perdido.

En ese maremagnum surgió la figura de Arnoldo Alemán, que logró reunificar al liberalismo, construir un PLC mayoritario y ganar ampliamente las elecciones de 1996. El país iniciaba una nueva etapa. Luego el huracán Mitch devastó amplias zonas del país pero la solidaridad internacional no se hizo esperar. Especialmente Estados Unidos, Europa, Japón, Taiwán y las organizaciones multinacionales, otorgaron amplios programas de ayuda que le dieron auge a la economía. Sin embargo Alemán y sus principales colaboradores cayeron en una corrupción cínica y masiva, afectando seriamente la credibilidad de los partidos de derecha. Y peor aún, Alemán pactó con Ortega realizando cambios constitucionales para que ambos alcanzaran mayores cuotas de poder.

La candidatura de Enrique Bolaños y la amenaza de que Ortega volviera a dominar el Poder Ejecutivo, movilizaron en el 2001 a la población democrática, que salió a votar masivamente en la casilla del PLC. Pero Alemán no quiso dejar de ser la figura central del poder político y su enfrentamiento con Bolaños fue perfectamente aprovechado por el orteguismo, que incentivó la división en las filas liberales.

Eduardo Montealegre, ante la falta de oportunidades en el PLC decidió hacer su propio partido y aseguró que vencería a Ortega. EE.UU. apoyó fuertemente esa opción pensando en vencer a Ortega y Alemán. El PLC, con José Rizo y José Antonio Alvarado como candidatos, mantuvo su propia oferta electoral. La historia estaba escrita. Ortega había logrado dividir el voto y gracias a la reforma constitucional del pacto con Alemán, llegó al poder con sólo el 38 por ciento de los sufragios.

Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán reconocieron su fatídico error y decidieron aceptarse tal y como son. Los liberales se unieron para las elecciones municipales del 9 de noviembre pasado, y vencieron en las urnas. Por voluntad popular la Alianza PLC ganó al menos 100 de las 146 alcaldías, o sea el 70 por ciento de los municipios. Pero el orteguismo revirtió su aplastante derrota con un enorme fraude electoral.

Es cierto que los líderes liberales no son unos santos, ni persiguen las virtudes de Madre Teresa de Calcuta. Pero el liberalismo es la única opción para vencer al orteguismo. Además, el país cuenta con medios de comunicación independientes, profesionales y comprometidos con Nicaragua. Hay una sociedad civil madura y capaz, y partidos como el MRS y el Conservador que libran una desigual pero prometedora lucha por la libertad y la democracia.

Si todos esos vigores dispersos se unen en la lucha para lograr que Nicaragua recupere las libertades, la democracia y la justicia, en 25 años este país podría ser tan rico como lo es ahora Costa Rica. Se trata de ver hacia delante, no buscar la perfección ni los defectos y errores, sino las oportunidades que las circunstancias ofrecen. Esa es la aspiración del año 2009, que sólo la puede hacer realidad la unidad de toda la oposición, empezando, por supuesto, con la cohesión real y efectiva de los liberales.

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