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La pareja suprema
Nicasio Urbina
El autor es director de Estudios de Postgrado y director de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Cincinnati.
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La situación dictatorial que estamos viviendo los nicaragüenses en estos momentos me recuerda la famosa novela de Augusto Roa Bastos (Paraguay 1917-2005), Yo el supremo (1974), basada en la dictadura de José Gaspar Rodríguez de Francia, quien mantuvo sojuzgado al pueblo paraguayo por 26 largos años (1814-1840). De todas las novelas de los dictadores latinoamericanos, Yo el supremo es sin duda la más lograda, la más compleja, la más ardua. A pesar de que hay doscientos años de diferencia, las similitudes son sorprendentes, y la lectura que podemos hacer ahora de la dictadura de Daniel Ortega no difiere mucho de la retrógrada Administración de Rodríguez de Francia, un caudillo que se creía indispensable para el país, cuando lo que hacía era tenerlo en la mediocridad. En vez de liberarlo, lo sojuzgaba; en vez de fortalecerlo, lo debilitaba.

Cualquier aprendiz de dictador se cree un gobernante, un líder; mas el gobernante gobierna, el dictador cercena, aterroriza, castra a la población. Daniel Ortega es el Presidente de la nación, pero sabe que en el fondo Nicaragua no votó por él. Llegó a la Presidencia sin mandato del pueblo, con un porcentaje bajo y gracias al pacto con Arnoldo Alemán. No se ganó la posición por sus propios talentos, sino por virtud y gracia de la corrupción de algunos nicaragüenses, y la ayuda de su pareja, la ministra Rosario Murillo, “Yo la suprema”. Todo dictador necesita acólitos, adyuvantes descastados dispuestos a servir de felpillo con tal de obtener algunas dádivas. La pareja suprema gobierna en base a la dádiva y el terror. Nadie puede oponerse porque en cualquier momento le abren un juicio, le precipitan una sentencia, o simplemente le allanan su propiedad y azuzan a las turbas.

No importa la época, todos los dictadores razonan como el doctor Francia cuando decía: “Una vez talado el bosque de sátrapas, una vez extinguida la plaga de perros hidrófobos babeantes de abyección, mandaré a extender sobre sus restos una capa de cal y olvido. No más jefes indignos y bufones” (Editorial Siglo XXI, pág. 400). Eso es lo que les espera a todos los serviles de la pareja suprema. Los reos convictos nunca lograrán su libertad plena, porque valen mucho más cuando están amarrados del cabestro. Los magistrados y los diputados que se prestan para todas las fechorías, tarde o temprano serán talados como bosques de sátrapas. Todas las personas que hoy se benefician de los favores presidenciales, recuerden que cuando dejen de ser útiles caerán por la misma ley y los cubrirá la misma cal.

En Nicaragua en estos momentos como sabemos no hay ningún control de las finanzas, porque el actual gobierno maneja el país como si fuera su propia hacienda: Ortega Murillo y Compañía Limitada. La casa de habitación del comandante Ortega, piñateada a su Vicepresidente al lado de la Casa de Gobierno, y enfrente de la casa del partido sandinista: todo confundido en el mismo complejo que funciona como casa-hacienda, en una nación que a principios del siglo XXI ha retrocedido a los albores del siglo XIX, coetáneos del doctor Francia. Se descarta a dos partidos políticos y se les despoja de su personería jurídica con argumentos ridículos. Las elecciones municipales son decididas arbitrariamente por un Consejo Supremo Electoral corrupto. La farsa es tan burda que George Orwell en Animal Farm no podría haberla descrito con los rasgos macabros de nuestra realidad: el magistrado que preside el Consejo Supremo Electoral es el personaje central de la novela de Orwell.

Fantasmas del pasado nos visitan: el fraude electoral del 9 de noviembre en Nicaragua tiene pocos parangones en la historia, quizás sólo comparable al fraude de 1947, cuando Somoza García le robó las elecciones al doctor Enoc Aguado. Buques de guerra rusos entran a las aguas territoriales nicaragüenses sin la aprobación reglamentaria de la Asamblea Nacional. Vuelve a jugarse la carta del Canal Interoceánico en Nicaragua. El comandante Ortega —quien nunca se ha destacado por su imaginación— quiere ahora revivir el mito decimonónico del Canal por Nicaragua. Va donde los rusos a tratar de venderles la idea napoleónica del Canal, dispuesto a entregar el país, sus aguas territoriales, sus costas y sus ríos, con tal de entronizarse en el poder. Aprendiz de Putin, querrá él también ahora ser primer ministro y poner a algún incondicional como Presidente. “Trágame tierra”, diría Lizandro Chávez Alfaro.

Pareja suprema, recuerden la frase de José Gaspar Rodríguez de Francia, “El supremo dictador no tiene viejos amigos. Sólo tiene nuevos enemigos” (47). Cada día estarán más solos, y llegará un momento en que hasta las sombras de sus ujieres les infundirán miedo. Todo dictador tiene sus días contados, especialmente los que se quieren reelegir. No hay nada peor que la ansiedad de eternidad y la prepotencia del absolutismo. Como pensaba el doctor Francia y como la pareja suprema parece pensar “(El poder) no existe sino como voluntad soberana del pueblo, fuente del poder absoluto, del absolutamente poder” (47). Sin embargo, ninguno de los dos pudo nunca ganar una elección. ¡Elusivo el poder absoluto del pueblo! Tienen que recurrir a la trampa y la corrupción. El dictador Rodríguez solía decir: “La naturaleza no da esclavos; el hombre corruptor de la naturaleza es quien los produce” (Idem) y cada uno de esos esclavos es un nuevo enemigo. Todo dictador tiene sus días contados.

“Nada más triste que un titán que llora”, decía Darío en A un poeta, y ése es el papel que nos espera a todos los que hoy aceptamos la dictadura de la pareja suprema. Las prebendas y los negocios que hoy hacemos son “las babas del diablo” de mañana, como decía Julio Cortázar. En Nicaragua no hay más solución que luchar contra la dictadura corrupta que tiene secuestrado al país. Sólo gracias a la presión de la sociedad civil, de los empresarios, de los políticos decentes, de todos los nicaragüenses, lograremos salir de esta dictadura. Hay que recoger firmas, hay que llamar a un referendo, hay que irse al paro y a la resistencia civil si es necesario, para poder derrocar a la dictadura de la pareja suprema.

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