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Managua, 27/05/2012 7:44 AM
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Disyuntiva de la oposición en elecciones del Atlántico
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Está más que claro que no existe ninguna garantía de que el voto de los ciudadanos será respetado, en las elecciones municipales del próximo domingo 18 de enero en siete municipios de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN). Al respecto hasta un magistrado del Consejo Supremo Electoral (CSE), advirtió que el escandaloso fraude que se perpetró en grande en las elecciones del 9 de noviembre pasado en la mayoría de los municipios del país, se repetirá en pequeño el 18 de enero en los siete municipios de la RAAN.

Ante un panorama electoral tan sombrío es necesario preguntarse: ¿vale la pena participar en esta nueva farsa politiquera? A simple vista, pareciera que lo más razonable y lo políticamente decente sería no participar en esas elecciones, para las cuales no hay ninguna garantía de limpieza y de antemano se sabe que serán fraudulentas. De allí que algunos observadores aseguren que participar en esa farsa electoral sería hacerle el juego a Daniel Ortega y el FSLN, que de cualquier modo tratan de imponer su plan para restaurar la dictadura.

Sin embargo, también se debe considerar que al abstenerse de participar en esas elecciones del Atlántico —aunque de previo se sepa que serán fraudulentas y que ya las “ganaron” el FSLN y sus aliados—, de alguna manera se les estaría dejando el campo totalmente libre para que hagan lo que quieran, sin inconvenientes de ninguna clase.

Veamos el caso de las elecciones municipales fraudulentas del 9 de noviembre pasado. Es obvio que si la oposición no hubiera obtenido la evidencia material del gigantesco robo electoral que se realizó en esos comicios, con las copias de las actas de las Juntas Receptoras de Votos que quedaron en manos de los fiscales de la Alianza PLC, no se hubiese podido sustentar la denuncia de fraude que ha conmovido a Nicaragua y a la comunidad democrática internacional. Y tampoco se hubiera podido poner en evidencia nacional e internacional, la bancarrota política y moral en que se encuentran el Gobierno de Daniel Ortega, su partido FSLN y su Consejo Supremo Electoral.

Por otro lado, abstenerse de participar en las elecciones de los siete municipios de la Costa Atlántica Norte, podría ser una actitud muy digna pero absolutamente ineficaz políticamente, e incluso contraproducente, porque le facilitaría a Daniel Ortega y el FSLN adueñarse de esos gobiernos municipales sin necesidad de hacer fraude y sin pagar el costo político correspondiente.

Como es bien sabido, la política no se rige necesariamente por la lógica. Sin embargo no está demás considerar que si la oposición no tiene otra alternativa de lucha contra el fraude electoral, lo más lógico es que aproveche todos los espacios institucionales, legales y cívicos que todavía puede utilizar, aún a sabiendas de que por ahora sólo lleva las de perder ante la poderosa maquinaria dictatorial, corrupta y fraudulenta del orteguismo. Más todavía, la oposición no sólo tiene que aprovechar todos los espacios de lucha que quedan disponibles, sino que debe defenderlos ante el avance del proyecto dictatorial, e inclusive, en la medida de lo posible debe buscar cómo abrir nuevos e inéditos escenarios de lucha legal y de resistencia democrática cívica.

Está claro que si el orteguismo ha ocupado las plazas y rotondas no es para orar, sino para que la oposición política y la sociedad civil no tengan donde manifestarse públicamente. Del mismo modo el orteguismo quiere inducir a las fuerzas democráticas a que no hagan uso de los mecanismos institucionales de participación democrática, pues su objetivo es someterlas al poder autoritario por medio de componendas como la que hizo con Arnoldo Alemán para alcanzar el Poder Ejecutivo y asumir el control de los demás poderes del Estado.

En una situación tan compleja y confusa como la que hay en Nicaragua actualmente, nadie tiene la fórmula mágica para resistir exitosamente y contener los embates dictatoriales de Daniel Ortega. De manera que es muy importante sopesar muy bien los pro y los contra de cada decisión a tomar. Y en todo caso, la única opción que de manera resuelta debe rechazar la oposición, es la del pacto o el repacto con Daniel Ortega y el FSLN, que es precisamente lo que tiene al país en la desastrosa situación en que ahora se encuentra.

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