Representantes de organismos no gubernamentales alertan del efecto que pudo haber tenido en el país el hecho de que ex pandilleros hayan sido “reactivados” después de las elecciones municipales pasadas, y del riesgo que representan de repetirse hechos como el ocurrido el 1 de enero de este año en la colonia Américas Dos.
Esta posición no es compartida por el ex jefe de la Dirección de Asuntos Juveniles, comisionado mayor en retiro Hamyn Gurdián, quien descarta la posibilidad de un resurgimiento de las pandillas y recuerda que existe un remanente de estos grupos.
FSLN DESONTÓ TRABAJO DE AÑOS
Fuentes extraoficiales de la Policía fueron más allá, al aseverar que en cinco años ese programa que dirigió Gurdián hasta inicios del año pasado cuando fue retirado, desmovilizó a 8,500 pandilleros, pero éstos fueron activados en un mes, en su mayoría por el partido de gobierno.
Roberto Orozco, analista de seguridad del Instituto de Estudios de Estrategias y Políticas Públicas (Ieepp), indicó que con la violencia postelectoral de noviembre pasado “se desmontó prácticamente muchos años de trabajo subterráneo que venían haciendo todas las instituciones que trabajan en contra de la violencia juvenil”.
“Nosotros desde el Ieepp lo vemos como un efecto colateral (de la violencia postelectoral)”, dijo Orozco, tras destacar que en el país también hay un incremento de la delincuencia común y un aumento del uso del arma de fuego producto de la violencia política.
El director del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Bayardo Izabá, estima que lo ocurrido en el período postelectoral “fue un acto de irresponsabilidad política de parte de los dos grupos”, que utilizaron a los ex integrantes de pandillas, y que esa violencia provocada “no abona a que haya paz social”.
Aunque Izabá aclaró que no relaciona lo ocurrido en la colonia Américas Dos con los hechos de violencia política escenificados en noviembre pasado, estima que lo más grave fue “que quedó la sensación de que estos grupos pueden actuar en completa impunidad inclusive con presencia hasta cierto punto complaciente de las autoridades policiales”.
NO FUE COMPROBADO, DICE GURDIÁN
No obstante, Gurdián apuntó que en noviembre pasado no fue comprobado que hayan participado grupos juveniles en los sucesos violentos, “lo que sí fue comprobado fue que utilizaron la misma metodología, la misma forma de enfrentamiento que ellos utilizan”.
En la edición de LA PRENSA del 20 de noviembre del 2008, se informó que ex pandilleros de Villa Venezuela, Laureles Norte y Sur y del barrio La Luz fueron “reactivados” por líderes políticos en los incidentes violentos postelectorales.
Cada ex pandillero recibe a cambio de crear el caos y cultivar el miedo entre la población un pago que va desde los 100 hasta los 600 córdobas y el beneficio de no ser identificado, pues sus contratistas le proveen además pasamontañas y camisetas en las que se leen frases como “Amor y trabajo”, que contradicen la naturaleza de su “misión”, publicó LA PRENSA en ese momento.
Masiel Obando, miembro del Movimiento de Jóvenes por la Paz, declaró a LA PRENSA en ese entonces que “de los dos partidos políticos (mayoritarios) han llegado a buscar a los muchachos al barrio, para iniciar los enfrentamientos (...) Allá les dan los morteros, las camisetas, los dividen y les explican su misión en las rotondas”.
CONFIRMAN RENCILLAS ENTRE PANDILLAS
El segundo jefe del Distrito Seis de la Policía, comisionado Martín Solórzano, confirmó que los sucesos violentos de las Américas Dos, donde fallecieron tres personas, fue como consecuencia de las rencillas que han mantenido dos grupos rivales: el de la Calle 8 y el de El Ceibón. Pero Gurdián descarta un resurgimiento de las pandillas.
“No lo veo así, porque la Policía tuvo un plan de contención desplegado desde hace rato, un plan de mantenimiento, y uno de reinserción, además tiene una estrategia diseñada para eso”, dijo Gurdián.
El comisionado mayor en retiro reconoce que aún persisten las condiciones y los factores que propician el surgimiento de los grupos juveniles, como son: el alcohol, las drogas, entre otros.
Gurdián estima que sólo en Managua aún quedan entre 37 y 42 remanentes de estas agrupaciones, las que se dedican a delinquir.
La Policía junto con la comunidad deben redoblar esfuerzos durante 2009 a fin de mantener los mismos niveles o mejorar esos niveles de seguridad, dice Gurdián, en vista de los acontecimientos.
Por su parte, Orozco estima que las armas que surgieron para hacer violencia política, son las armas que ahora están siendo utilizadas para cometer actos delictivos.
Tanto Izabá como Orozco coinciden en que la Policía debe implementar un plan de desarme tanto de armas de fuego como de morteros. A la vez que debe aplicarse la Ley 510, de Control de Armas de fuego, lo que no se está haciendo.