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Managua, 27/05/2012 7:40 AM
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La leyenda de Roma (2)
Luis Sánchez Sancho
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Según la leyenda más conocida sobre el origen de Roma, su fundador fue un personaje mítico llamado Rómulo, quien le dio su nombre.

Rómulo y su hermano gemelo Remo, eran hijos de Marte, dios de la guerra, y de Rea Silvia (también llamada Ilia), una princesa vestal, o sea que estaba consagrada al sacerdocio de la diosa del hogar, Vesta, y por lo tanto debía conservarse virgen. Pero la doncella fue violada a la orilla de una fuente por Marte, disfrazado como soldado, y de aquella relación sexual nacieron Rómulo y Remo.

En una de las versiones de la leyenda se dice que Rea Silvia era hija de Eneas y Lavinia, la princesa latina con la que se casó el héroe troyano después de establecerse en Italia. Pero según otra versión ella era descendiente de Eneas, pero no su hija. Su padre “real” era Numitor, rey de Alba Longa, quien fue derrocado por su hermano Amulio.

Amulio también asesinó a Lauso, el otro hijo de Numitor y ordenó que Rea Silvia fuera consagrada como vestal perpetua. De esa manera Amulio quería evitar que hubiesen descendientes de Numitor que pudieran reclamarle la devolución del trono de Alba Longa.

Por eso mismo fue que cuando los gemelos de Rea Silvia nacieron en la cárcel, donde ella había sido recluida por faltar al voto de virginidad, Amulio se los quitó y los entregó a unos soldados para que los asesinaran en el bosque. Pero los soldados no se atrevieron a matar a las criaturas recién nacidas, quizás porque su conciencia fue más fuerte que la obediencia debida al rey, de manera que acomodaron a los bebés en una cesta que pusieron en las aguas del río Tiber, para que la corriente la arrastrara hasta donde alguien los pudiera rescatar y criar.

Isac Asímov cuenta en su libro La República Romana que “la cesta encalló en la costa, a unos 20 kilómetros de la desembocadura del río, al pie del que más tarde sería llamado el Monte Palatino. Allí los encontró una loba que se hizo cargo de ellos. Algún tiempo más tarde, un pastor encontró a los gemelos, se los quitó a la loba, se los llevó a su hogar y los crió como hijos suyos, llamándolos Rómulo y Remo”.

Según Asímov “ésta es una de las partes más ridículas de la leyenda, pero también una de las más populares”. Según el historiador y escritor estadounidense que nació en Bielorrusia el 2 de enero de 1922 y murió en Estados Unidos el 6 de abril de 1992: “A los romanos posteriores les agradaba (esa leyenda), porque demostraba, para ellos, que sus antepasados habían absorbido el coraje y la bravura del lobo cuando aún eran niños”.

Por su parte, el mitólogo francés Jean Francois Michel Nöel, nacido en 1755 y muerto en 1841, recoge en su monumental Diccionario de Mitología Universal la versión del mito sobre la fundación de Roma que mencionar el señor Adolfo Muñiz en la carta que cité la semana pasada, en la columna anterior, acerca de que no fue una hembra de lobo la que encontró a los gemelos y los amamantó y crió, sino que fue una mujer a la que apodaban “loba”.

“Lo que parece más verosímil (en esa leyenda, dice Nöel) es que un cierto Fáustulo, pastor de los ganados del rey, encontró estos dos niños a la intemperie; que fueron criados por su mujer llamada Loba a causa de su desarreglada conducta”.

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