Tan pronto lograron la unidad, tarea nada fácil para 14 partidos políticos que conformaron la Unión Nacional Opositora, la famosa UNO de hace 20 años se dio a la tarea de elaborar el Programa de Gobierno, un valiosísimo documento, corto, preciso y contundente, que terminaron de redactar un día como hoy, 24 de agosto de 1989.
Aún no había candidato. Primero fue la unidad y luego el programa que se le ofrecía al pueblo, dejando para después la elección de un candidato idóneo para que el pueblo se entusiasmara, creyera en aquel programa, saliera a votar y defendiera su voto contra toda adversidad.
El país vivía entonces una profunda crisis nacional. La nación estaba partida en dos por una sangrienta guerra civil entre sandinistas y contras, con miles de muertos, mutilados, viudas y huérfanos, familias destruidas, madres adoloridas de muerte, y una incontable destrucción de nuestra producción e infraestructura.
Junto con eso, los nicaragüenses sufríamos el mayor retroceso económico y productivo de todo el siglo XX, siete años seguidos de crecimiento negativo, exportaciones colapsadas, una inflación desenfrenada y la mayor deuda externa del mundo medida por habitante.
Y junto con la guerra y el descalabro económico, Nicaragua vivía bajo la bota de un régimen autoritario. Los Acuerdos de Esquipulas lograron cierta apertura en algunos aspectos ya al final del gobierno del FSLN, con Daniel Ortega como presidente de la dictadura, hasta llevarlo a aceptar una elección con observación internacional que creyó ganar holgadamente.
En su programa, la UNO ofreció encauzar al país “por la senda de una auténtica Revolución Democrática Nacional que garantice el pluralismo social y político, la independencia frente a los intereses hegemónicos de las potencias mundiales y una economía social de mercado”, un Gobierno Nacional “orientado al servicio de la Patria y del bien común, por encima de intereses partidistas”.
Al terminar el gobierno de doña Violeta de Chamorro, siete años después, esto se había convertido en realidad palpable.
La UNO también ofreció en su programa la “Concertación de un compromiso nacional entre el Gobierno y todos los sectores de la sociedad, dirigida a forjar la reconciliación de los nicaragüenses, a construir la democracia y la paz y a lograr la superación de la crisis integral del país”.
También se cumplió con esto.
El programa, además, expresaba: “Se abolirá de inmediato el Servicio Militar”, y se hizo inmediatamente el mismo día de la toma de posesión de doña Violeta. Prometió la “Eliminación de la confusión de los intereses del Estado y la Nación con los del partido de gobierno”, y se cumplió. Y ofreció que “Las Fuerzas Armadas tendrán carácter profesional y no pertenecerán a ningún partido político”, y antes de siete años el Ejército Popular Sandinista había pasado a ser el Ejército de Nicaragua, nunca más el “brazo armado del Frente Sandinista”.
A la par se prometió “Irrestricta libertad de expresión, de difusión del pensamiento y de información”, después de casi diez años de censura y violencia contra los medios independientes, y “Libertad de reunión, de organización política, manifestación y movilización política”, algo nunca permitido en los ochenta, y que ahora ha vuelto al tapete por cobardía del Gobierno. Todo se cumplió al pie de la letra.
Y se ofreció “Reanimar e incrementar la producción, superar el problema de la inflación, reducción drástica de los gastos militares, encarar la ingente deuda externa, austeridad en la elaboración del Presupuesto de Gastos de la República”, y todo se cumplió.
Nunca antes el país avanzó tanto en tan poco tiempo, sin necesidad de disparar tiros, ni meter gente a la cárcel por gusto, ni arremeter contra las libertades públicas.
Al concluir el gobierno de doña Violeta en 1996, la asistencia de niños en las escuelas de primaria había crecido 28 por ciento, en secundaria 62 por ciento y en las universidades 85 por ciento, siendo el primer gobierno en la historia del país en otorgar cumplidamente el 6 por ciento del Presupuesto Nacional a las universidades. Se construyeron 1,062 escuelas y colegios, cientos de puestos y centros de salud, y los hospitales de Chinandega, Estelí y Granada. Los médicos del Estado aumentaron en 73 por ciento, y el gasto en salud pasó del 14 al 20 por ciento del Presupuesto Nacional.
Parece mentira que así como ahora vemos retroceder el país día a día, se haya logrado adelantar tanto en esos siete duros años, a pesar del profundo temor del Frente Sandinista a la democracia, a la que se opuso una y otra vez con irracionales asonadas, asesinatos políticos, destrucción de radioemisoras y sus antenas, huelgas exageradas y otras expresiones similares.
Todo este avance, sin embargo, fue producto de dos cosas básicas: la unidad de la oposición y un programa de gobierno de centro, bien asentado en valores democráticos y amor a Nicaragua.
Bonito ejemplo para la Nicaragua de hoy.