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Managua, 27/05/2012 7:35 AM
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Ciudadanos y gobiernos
Fabio Gadea Mantilla
El autor es director de Radio Corporación.
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Querida Nicaragua: En su última columna el periodista Eduardo Enríquez (LP, 15.08), decía que son “los ciudadanos los que crean el progreso y el desarrollo, no son los gobiernos”.

Ciertamente hemos tenido gobiernos progresistas, emprendedores y al mismo tiempo, dictatoriales, represivos y dinastas como los de la familia Somoza, además y para variar, corruptos y coimeros como la mayoría de los últimos tiempos. Hemos tenido dictaduras feroces de izquierda radical y prepotente como la de los años ochenta. También gobiernos difíciles como el de doña Violeta que ocupaba casi todo su tiempo lidiando con las turbas del “gobierno desde debajo de don Daniel”, luego los otros dos, enfrascados en problemas pero siempre dejando, mal que bien, obras de progreso para la nación.

Pero ninguno de ellos se ha podido ocupar en crear ciudadanía, en hacer del nicaragüense un ciudadano digno, honesto y orgulloso de su nacionalidad.

Y no hay necesidad de ser psicólogo para entender que una sociedad acostumbrada a recibir dádivas y que se complace en que el Gobierno o cualquier organismo internacional le proporcione alimentos para subsistir o medicinas para sus enfermedades, o láminas de zinc para armar tugurios vergonzosos, no podrá jamás crear ciudadanos dignos capaces de producir progreso y desarrollo en la nación.

Es curioso observar el cambio experimentado en el comportamiento de nuestro pueblo desde 1972, cuando ocurrió el trágico terremoto que destruyó la capital, hasta los tiempos que vivimos hoy.

Yo recuerdo cómo después del brutal impacto del terremoto y a pesar de la glotonería geófaga de Somoza Debayle, encontrábamos en los barrios pequeños talleres de carpintería, vulcanización, hojalatería, etc, trabajando orgullosamente bajo los escombros y colocando de cualquier manera emocionantes rótulos, lindamente mal dibujados con graciosos errores ortográficos que decían, por ejemplo: “Tamos operando, jodido”. Rótulo hermosísimo que era todo un grito de entusiasmo y un desafío a los malos tiempos que se vivían.

En el 72, había pues una clase media baja que trabajaba honestamente y que no esperaba con la mano extendida que llegaran a darle el sustento diario, porque además hubieran esperado en vano pues todos andábamos ocupados buscando cómo reconstruir lo que el sismo había destruido.

En aquellos tiempos pues, se estaba construyendo una ciudadanía. Y esos ciudadanos, dignos trabajadores en todas las circunstancias sí eran capaces de ir formando una ciudadanía progresista que sacara al país de la pobreza y el subdesarrollo sin esperar que los gobiernos lo hicieran.

Hoy en día encontramos la pésima costumbre de esperar la dádiva que llegará de algún partido político o de algún organismo de ésos que pretenden combatir la pobreza enseñándole a la gente a no trabajar.

Mientras se repartan comidas y artefactos que la mayoría de las veces uno encuentra vendiéndose en los mercados de las ciudades, este pobre pueblo se estará acostumbrando a no trabajar, crearemos ciudadanos estirando la mano para recibir la limosna. Estaremos produciendo limosneros.

Y esto se ha vuelto una costumbre sobre todo entre los partidos que quieren llegar al poder cabalgando en un populismo pernicioso que esclaviza y no libera.

Necesitamos gobiernos que se preocupen por crear ciudadanos honestos, pues son éstos, como dice el columnista mencionado al principio, quienes van a producir progreso y desarrollo en la nación. Hoy estamos produciendo ciudadanos con garrote, ciudadanos que reciben paga por agredir a sus hermanos. Y estamos creando también ciudadanos policías que no protegen a la ciudadanía, que miran impávidos cómo se cometen los delitos. Así no podremos jamás construir ciudadanía.

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