El comunicado de la Curia Arzobispal de Managua sobre la agresión que el sábado pasado perpetraron violentos activistas progubernamentales contra miembros de la Coordinadora Civil, en los predios de la Catedral Metropolitana, confirma que hoy como ayer y como siempre la Iglesia católica está al lado de su pueblo. En el comunicado, que fue dado a conocer por el Obispo Auxiliar, monseñor Silvio Báez, se deja claro que “un grupo violento agredió a personas que participarían en un acto cultural, para el que tenían el permiso expreso de esta Curia”. De manera que por eso, según se dice en el documento de la Curia: “Queremos expresar el profundo sentimiento de preocupación y de tristeza que nos embarga como pastores del pueblo de Dios”. “Nos alarma —agrega— que éste no sea un hecho aislado, sino expresión de una política de intolerancia, de total irrespeto a la libertad de expresión y de movilización, al que todo ciudadano tiene derecho. Como creyentes consideramos tales acciones como una agresión a la sacralidad de la persona humana creada a imagen de Dios (Gn. 1,26) y templo del Espíritu Santo (1. Cor. 6,19 ) y una violación al templo sagrado de nuestra iglesia Catedral”.
“En Nicaragua nos urge la paz —clama la Iglesia católica por medio del comunicado de la Curia—, que para los cristianos significa ausencia de todo tipo de violencia y compromiso sincero por el bienestar del otro, independientemente de su ideología, filiación política y condición social. Esta paz se construye con la autenticidad y la coherencia entre el discurso y los hechos concretos, desterrando el cinismo de los slogans que manipulan valores religiosos y polarizan y confrontan a la familia nicaragüense”. Y concluye la Curia Arzobispal de Managua, haciendo una exhortación a la tolerancia y la paz y “al uso de la razón para exponer y defender las propias ideas y a no sucumbir a la tentación de la violencia, pues como dice el Señor Jesús ¨los que empuñen la espada, a espada morirán¨ (Mt. 26,52)”.
La Curia Arzobispal de Managua no acusa directamente al gobierno de Daniel Ortega, por el deplorable hecho de violencia ocurrido el sábado 8 de agosto en los predios de la Catedral de Managua, en la que fue visible la presencia de altos funcionarios gubernamentales entre el grupo de violentos. La acusación le corresponde hacerla a las organizaciones civiles, a los partidos políticos, incluso a las autoridades de Policía y judiciales, aunque esto último por razones comprensibles es demasiado pedir. Pero es obvio que la Iglesia católica no permanece indiferente ante los problemas y los sufrimientos de su pueblo. Y mucho menos que apoye las políticas y acciones del Gobierno, que son casi todas arbitrarias, represivas, regresivas económica y socialmente y corruptas en términos generales. El hecho de que algunos sacerdotes, inclusive de alto rango aunque sin representación jerárquica, a título personal avalen a este Gobierno, no compromete de ninguna manera a la Iglesia católica. También durante la dictadura sandinista de los ochenta, que el Papa Juan Pablo II calificó como “los años oscuros” de Nicaragua, hubo sacerdotes que apoyaron al Gobierno hasta participando en altos cargos estatales. Pero la Iglesia católica estaba con su pueblo, igual que lo está ahora que los vientos huracanados de la dictadura, violentos y destructores, vuelven a soplar sobre la nación.
Como dijera el Papa Benedicto XVI en Brasil, en mayo del 2007, “la política no es competencia inmediata de la Iglesia”. En realidad, eso es asunto de los políticos en particular y de los laicos en general. Pero la Iglesia está contra la injusticia y la intolerancia, al mismo tiempo que promueve el diálogo y la reconciliación sincera, es decir, sin manipulaciones ni hipocresías. La Iglesia vela por el reconocimiento y el respeto a la dignidad humana. Por eso es que reacciona airada y vigorosa contra agresiones y actos de violencia como el que ocurrió el sábado 8 de agosto en los predios de la Catedral de Managua, que además no fue un hecho aislado, como dice la misma Curia, sino la manifestación de una estrategia que apunta al establecimiento o restablecimiento de la dictadura.
De manera que se puede tener confianza y fe en que, en el curso de la lucha por la libertad, la justicia, la democracia y el respeto a la dignidad humana, el pueblo de Nicaragua contará siempre con el apoyo moral y el auxilio espiritual de su Iglesia católica, igual que lo tuvo en los fatídicos años ochenta.