Amarillo de furia porque LA PRENSA lo está desnudando en su hipocresía y su doble discurso, el régimen orteguista soltó su jauría, según ellos para, mediante una campaña de desprestigio, demostrar que si han usado el poder para convertirse en el corto período de dos años en los nuevos oligarcas, también hay viejos oligarcas que “tienen la culpa de todo lo malo”.
Pero la verdad es que ellos de la noche a la mañana se han convertido en la nueva oligarquía, palabra que se define como “el poder absoluto concentrado en manos de unas pocas personas. Los oligarcas son dueños de propiedades, de tierras o de grandes acumulaciones de dinero, son poseedores de fuerza en la dirección política gracias a sus fuertes influencias económicas”, dice Wikipedia en una definición que parece inspirada en este Gobierno.
Así que los nuevos oligarcas u ortegarcas están enfurecidos porque hemos demostrado que toda su lucha y verborrea no ha sido más que una manera de llegar a ser igual que los viejos oligarcas a los que odian, pero que no les molesta tener de vecinos.
El problema es que la jauría que soltaron, desordenada y sin rumbo, cometió un error, al menos en la primera entrega de su “serie investigativa”. Primero se ensañaron contra mi persona y se fueron a apostar toda una tarde frente a la casa en que vivo para hacer vídeo.
Incapaces de razonar y siempre dispuestos a obedecer, los señores del canal oficialista leían el libreto que les habían pasado y que decía que como “sirviente de los Chamorro” yo me había beneficiado con miles de dólares “por debajo de la mesa” con los gobiernos neoliberales y que además la Embajada de Estados Unidos, según ellos, me pasa 5,000 dólares mensuales más. Sin embargo, las imágenes decían todo lo contrario, porque mostraban una casa que no tiene más de 10 metros de frente y que, como dijo un colega, “hasta una pintadita necesita”.
Hicieron el ridículo, porque, además, de que la casa es de clase media, tiene más de 30 años de construida y no es mía.
En nada se compara con la mansión que tiene en Altos de Santo Domingo el mandamás de la comuna capitalina, Fidel Moreno; o la que tiene el todavía secretario político del FSLN en Managua, Edgardo Cuarezma, en residencial La Rioja; o la megamansión de Bayardo Arce en un paraje alejado, donde desde sus elegantes balcones con finas maderas talladas podrá “dominar” la capital.
Me asombró la furia ciega con que han reaccionado. Y, según anuncian, sus “reportajes investigativos” van a seguir contra directivos de LA PRENSA.
Esa furia sólo se explica porque se ven imposibilitados de explicar esas riquezas que tienen ante los pobres de Nicaragua que dicen defender. Los ortegarcas se “disfrazan” cuando van a salir en público, visten sencillas camisas o camisetas, tratan identificarse con “el pueblo”.
El problema que tienen ahora es que mientras el país vive una gran crisis económica, mientras los salarios se congelan, se recorta el Presupuesto hasta en las partes más sensibles, como salud y educación; ellos están viviendo en la bonanza. Por eso les arde, porque no pueden explicar semejante contradicción, pues, como dice el dicho: “Sacristán que vende cera sin tener colmenar, se la saca de la oreja o se la roba del altar”. Y no creo que éstos tengan tanta cera en las orejas.