Sucedió en las elecciones de mitad de mandato a la presidenta Cristina Kirchner y a su esposo Néstor Kirchner, en Argentina, donde su partido perdió la mayoría en el Parlamento y los principales distritos electorales del país. En México ocurrió algo semejante en sus elecciones intermedias. El oficialista Partido Acción Nacional (PAN), fue derrotado abrumadoramente en una jornada electoral que modificó el mapa político mexicano y la correlación de fuerzas en el Palacio Legislativo de San Lázaro y el resucitado Partido Revolucionario Institucional (PRI) ganó la mayoría en la Cámara de Diputados, para convertirse en la primera fuerza política mexicana y el PRD pasó al tercer lugar. El PAN representaba hasta esta semana el 41 por ciento del pleno con 206 diputados, el PRD, que era la segunda fuerza con 126 legisladores y el PRI, en tercero con 106 curules, seguidos por Convergencia y el Partido Verde Ecológico (PVEM), con 19 y 17 respectivamente; el PT, 11; Nueva Alianza 9 y PSD, 5 diputados. Pero todo, todo cambia.
El voto nulo por su parte, fue no solamente en blanco, fue con adjetivos y objetivos. Éste se convirtió en la quinta fuerza. Mientras tanto el resultado final le da al PRI y su aliado el PVEM, una contundente victoria con el 43 por ciento de los votos, obteniendo la mayoría absoluta en la legislatura que asumirá el poder en estos días, con más de 252 diputados, el PAN, el 28 por ciento, y 146 legisladores y el PRD, sus aliados el PT y Convergencia, el 18 por ciento, y 71 diputados. Otros 30 curules se repartirán entre varios partidos minoritarios. Ahora sobran las interrogantes.
Meditemos en algunos escenarios. La reacción del PAN fue la inmolación de su presidente el licenciado Germán Martínez, pues se dilapidaron 4 millones de votos con respecto al 2006. Además sufrieron la pérdida de municipios como: Lagos de Moreno y Jalisco, las gobernaciones de San Luis Potosí, Querétaro y Yucatán y hasta el llamado “corredor mexiquense”, o sea Cuautitlán, Naucalpan y Tlalnepantla. Pero lo que más inquieta a los panistas, es la barrida electoral de los renacidos priístas, a los que apenas hace 8 años se le cantaba rancheras fúnebres y la votación se puede interpretar como un concluyente descrédito a la gestión del presidente Felipe Calderón.
Para muchos investigadores el PRI se dio nuevamente a la faena de buscar resultados, más allá de la gestión panista. En otras palabras, evitaron fisuras y pleitos internos entre sus filas más leales y rebuscaron su tradicional voto duro o de maquinaria, ligado con nuevas alianzas, algo que fue por muchas décadas, su sello de marca electoral. Además su estrategia de mercadeo les funcionó asombrosamente con nuevos perfiles y cambios de rostro entre sus candidatos. El resultado se advirtió claramente, de la tercera fuerza a la primera y pasó los 12 y medio millones de votos válidos.
Ante la renuncia de Martínez, el PAN solicitó a sus miembros un período de reflexión y regresar a sus raíces. Se discute el reintegro de Vicente Fox y hasta hay conjeturas sobre si Calderón quiere o no mantener el control del partido. Por otra parte muchos acólitos creen que el golpeado y vapuleado PRD y su adalid el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador (AMLO) están extintos electoralmente y que la izquierda mexicana está agonizante. La tesis es que los perredeístas deben desechar la supuesta quimera que AMLO es Lula da Silva, pues fue López Obrador el que más exposición y tiempo tuvo en la televisión y la radio, ningún otro rostro apareció en más afiche, es más AMLO hizo lo que Calderón no pudo: hacer campaña activa por los candidatos panistas. Entonces, cabe la interpelación, ¿cuál fue la respuesta de los votantes? Un reproche abrumador. Una cita del politólogo León Krauze lo encapsula todo… “Hay una regla no escrita en la política electoral: una figura con altos índices de reconocimiento y rechazo no puede ganar una elección presidencial”.
Aparentemente estas dos naciones hermanas, para continuar progresando y combatiendo las dificultades económicas y sociales en sus terruños, tendrán, a pesar de negarlo diariamente que “cohabitar” políticamente hablando, algo parecido al gobierno francés (salvando las distancias) cuando se da esta situación. Poseerá el PRI esta visión de nación para coparticipar y gobernar con el PAN y pasar estos tres años que faltan para volver a conquistar “Los Pinos”. Tiempo al tiempo.