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Managua, 27/05/2012 8:48 AM
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Líderes vulgares
Inés Izquierdo Miller
Los dirigentes deben ser modelo en todos los sentidos, la vulgaridad es inaceptable
revista@laprensa.com.ni
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Esta semana responderemos el mensaje de Anthony Vick, quien nos dice lo siguiente:

“Cuando veo las palabras soeces que usan los oficiales de Policía y diputados a quienes he escuchado la frase “A mí eso me vale v...”, también casi la misma frase fue usada ante un reportero cuando cuestionó a un alto funcionario de la Alcaldía, que cómo era posible que si ganaba US$3,000 al mes, tenía ya una nueva vivienda con un valor de US$350,000. Él contesto que “A mí vale v... lo que digan o escriban. Me parece que para los funcionarios del Gobierno existe un diccionario especial de palabras vulgares para contestar a cualquier crítica o comentario”.

Lo antes expuesto es un ejemplo del nivel de cultura y educación de las personas que trabaja en la Policía, la Asamblea y el Gobierno. Además, estas frases están en uso por las autoridades y no están dando un ejemplo a los estudiantes y jóvenes de hoy”. 

Anthony ¡Qué vergüenza! Es lamentable que funcionarios, de cualquier partido, sin distingos de colores, como sucede con los diputados, utilicen expresiones vulgares, soeces, al momento de hablar en público.

Este comportamiento indica un bajo nivel educativo, una pobreza de vocabulario extrema y un irrespeto a quienes lo escuchan.

No se puede silenciar la verdad con malas palabras. Nadie va a respetar a un dirigente que habla de forma vulgar, un dirigente debe ser un modelo a imitar por los ciudadanos y el uso de un lenguaje apropiado en cada contexto es parte de sus obligaciones.

Y claro que constituyen un mal ejemplo para los jóvenes, con qué moral podrán exigir esos funcionarios que les hablen respetuosamente. Con ninguna.

Hay contextos: en su casa, en una fiesta, en el mercado, en casa de su familia, ellos pueden hablar de forma coloquial, con interjecciones y expresiones populares.

Ah, pero cuando están en una tribuna pública, en un medio de comunicación, en una actividad o reunión, ellos deben ser un modelo de perfección lingüística, y de normas de respeto y cortesía.

La decencia y el respeto no tiene afiliación política y son siempre valores obligados. ¡Exijamos a esos funcionarios que nos respeten, que nos hablen bien, que nos eduquen, que nos sirvan de inspiración y ejemplo!

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