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Religión
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“Se puede aplastar una nación religiosa, pero no dividirla”. |
| Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés |
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Santo Domingo
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Es interesante ver cómo el patrono de Managua hace su entrada triunfal a la Iglesia de Santo Domingo de los escombros, después de una larga caminata desde la Iglesia de Las Sierritas que lleva su mismo nombre. |
Desde hace mucho tiempo los managuas le brindan culto de dulía al santo más popular y la expresión folclórica de traerlo en hombros con aquel penacho de flores de múltiples colores formando una canasta, el santo de los dominicos, la orden de predicadores con su hábito crema y escapulario café metido en un fanal de cristal. |
Es interesante ver cómo el pueblo, a pesar de las dificultades en que nos encontramos, siempre está celebrando esta fiesta agostina con mucha devoción y orden. |
Santo Domingo nació en Caleruega, un pueblecito de Castilla La Vieja, España, el 24 de junio de 1170, en el hogar de Félix de Guzmán y Juana de Aza. Es el tercero de los hijos. Cuenta la tradición que su madrina vio en el momento del bautismo en la frente de Domingo un fulgor, como de una estrella, símbolo de la luz que con su vida y con su palabra iba a transmitir a los hombres y mujeres de su tiempo. Aprende sus primeras letras con un tío sacerdote y siendo joven comienza sus estudios de teología en Palencia, primera ciudad universitaria de Castilla. Allí se prepara para conocer y enfrentar a la luz del evangelio los problemas del mundo que le rodea. |
Por aquella época una gran hambruna azota a Castilla. Domingo, viendo las necesidades de la gente, vende lo que más quería, sus libros: “No quiero estudiar, dice, sobre pieles muertas, mientras los hombres se mueren de hambre”. Termina sus estudios y es nombrado profesor de Teología. |
A los 31 años recibe el ministerio sacerdote, que ejercerá en la catedral de Osma, entregándose a la vida apostólica, a la oración y a la vida fraterna con otros sacerdotes que profesan la regla de san Agustín. Sus compañeros admiran su celo apostólico y su sensibilidad humana. |
En el año 1202 sale de España hacia el noreste de Europa, acompañando al obispo de Osma en una misión encomendada por el rey de Castilla. Este viaje es decisivo en la vida de Domingo. En el sur de Francia se encuentra con un movimiento “herético o sectario” llamado “Los perfectos”. Con sus predicaciones y el testimonio de pobreza atraen a mucha gente sencilla y rompen la unidad de la Iglesia que atraviesa por momentos difíciles. El pueblo pastoralmente abandonado estaba sediento de la palabra de Dios. Esta realidad inquieta mucho a Domingo. |
Imitemos su vida apostólica y ejemplo de cristianos con un testimonio limpio y un corazón penitente. |
| Noel Cruz |
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Ejército zelayista
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Las declaraciones del ex presidente hondureño Manuel Zelaya, acerca de su intención de regresar a Tegucigalpa acompañado de un “ejército popular” de seguidores, con el aval de Daniel Ortega Saavedra, es una declaración de guerra contra Honduras. Pero ¿dónde están nuestros brillantes diputados? |
Zelaya está utilizando a Nicaragua para conformar un ejército armado y atacar a los hondureños. Esto es una violación a nuestra soberanía y un abuso de la hospitalidad que se le ha brindado. La Asamblea Nacional debe convocar una reunión de emergencia para abordar el problema y emplazar al presidente Ortega Saavedra sobre los abusos de Zelaya. |
| Fulvio Tijerino Pérez |
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“A que no pisas la raya”
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Cuando por alguna razón no podían llegar a un acuerdo y era inminente tener que resolverlo a golpes, existía un mecanismo dilatorio entre las partes que consistía trazar una raya en el suelo y provocativamente retar a la contraparte a borrarla, pisarla o traspasarla, desde el grupo azuzador —a favor de quien trazaba la raya— se vertían epítetos relacionados a la cobardía si no era capaz de hacerlo, mientras desde el del oponente lo instaban violentarla en muestra de valor. |
Muchas veces el origen del conflicto era provocado por un tercero desde una mentira al oído o por un oculto golpe que era adjudicado otro, mientras en otras ocasiones —cuando los ánimos aún no estaban tan acalorados— empujaban al retado para accidentalmente pisar la raya y de esta manera acalorar el asunto o provocar pleito; también ocurría que cuando alguno de los contrincantes daba la espalda —por haber poco ánimo— un tercero lo escupía o tiraba tierra adjudicando acción al rival y así provocar desenlace, y aunque existían muchas más astutas maneras de obligar el pleito, estoy relatando maneras de cómo resolvíamos los pleitos de chavalos en mi niñez por una babiecada —hace más de cuarenta años—, y que la misma nada tiene que ver con acaloradas situaciones políticas centroamericanas ya sucedidas, en suceso o por suceder entre personalidades: profesionales, casados, mayores de edad, en pleno uso de sus capacidades físicas y mentales y en pleno siglo XXI. |
| Edwin Mauricio Mejía Baltodano |