Sus primeros meses en la Casa Blanca han reforzado la imagen del presidente Barack Obama, ante el pueblo estadounidense, según un sondeo entre 1,051 adultos efectuada por Gallup-USA Today, y otras encuestadoras, proveyéndole un fuerte capital político para sus futuras batallas. Un 56 por ciento le proporciona una clasificación excelente (23%) y bueno (33%) a su faena y responsabilidad como primer ejecutivo del país y lo perciben como un líder enérgico y concluyente. Un 20 por ciento estima que su trabajo es pobre (9%) o terrible (11%) y un 23 por ciento, más o menos OK.
Otras firmas como Real Clear, en su encuesta de encuestas reflejan que el 61.9 por ciento de los ciudadanos está aprobando su gestión y que el 30.6 por ciento la desaprueba. Por su parte el Congreso (Cámara y Senado) tiene un 34.3 por ciento de aprobación y el 59.0 por ciento desaprueba su ocupación en el Capitolio. Y la firma Zogby estima que los primeros 100 días de Obama-Biden está marcada por un cambio ideológico tradicional al enfrentarse a la recesión económica. En la arena internacional, empuja su diplomacia hacia un reacomodo, comprimiendo tropas en Irak y acrecentándolas en Afganistán, la lucha contra los talibanes en Pakistán y las ambiciones de armas atómicas de Irán y Corea del Norte.
Es justo reconocer que su gobierno está combatiendo una de las peores crisis financieras en décadas y que su joven administración y sus partidarios demócratas abogan por grandiosos gastos en temas como: salud, educación, seguridad social y tecnología verde. Sus metas son ambiciosas y altamente costosas. ¿Cuántos éxitos se anotará? Todavía está por verse, a pesar de una mayoría en el Congreso, pero muchos están nerviosos con el presupuesto de US $3.55 trillones en el 2010 y numerosos analistas opinan que estos gastos pueden convertirse en su Talón de Aquiles.
Otros estiman que la apertura de una posible investigación criminal de funcionarios de la administración Bush, por la forma de interrogar a terroristas, puede convertir a Washington en otra ansia del pasado y distraer a todos en la agenda del futuro. Muchos están al tanto de lo que hace Obama, desde su nueva mascota, el perro portugués, hasta cuántas veces sale a cenar en las riberas del Potomac o en el huerto de vegetales en el jardín de la Casa Blanca. Aparentemente esto le ayuda a suavizar las cosas, para afrontar los innumerables conflictos, los peores desde la Gran Depresión.
Las encuestas de Zogby demuestran que su popularidad y aprobación están por arriba 62 por ciento, y que esto lo ayuda, pero sus tácticas económicas no son bien absorbidas. En los sondeos de Real Clear, el 48.6 por ciento valora que el país va por mal camino. Sobre el Estado de la Nación, según Gallup, el 32 por ciento estima que está satisfecho y el 65 por ciento está descontento. Un ejemplo claro es que los entrevistados están insatisfechos con el salvamento y auxilio a varias entidades bancarias y a la industria automotriz “MoTown” en Detroit. Sobre el paquete de estímulos económicos, los encuestados revelan reacciones mixtas.
Estos datos son una señal clarísima que a los estadounidenses no le agrada las estrategias de endeudamiento y egresos excesivos, pero debido a su popularidad por la llamada “Obamamanía”, muchos pueden darle el tiempo preciso para encarrilar la nación. En sus viajes al exterior Obama ha extendido la mano, pero también exige que algunas naciones “abran el puño”. Su promesa de tratar de exterminar las armas nucleares, reformar sus relaciones con el mundo musulmán y con líderes al sur del Río Grande, son parte de sus promesas de campaña. Desde México, anunció apertura en los viajes y remesas a Cuba, ayudar al combate del narcotráfico y encontrar soluciones a la inmigración. En la Cumbre de Trinidad y Tobago se entrevistó y participó en diferentes reuniones con los 33 presidentes de Iberoamérica, entre ellos Hugo Chávez, pidió a los gobernantes allí reunidos mirar al futuro, abandonar el pasado y trabajar juntos batallando los problemas que nos aquejan a todos.
Estos cien primeros días han carecido de todo menos de aburrimiento; nadie se ha quedado silencioso, cualquiera que sea la etiqueta que le quieran poner a Obama. Lo que creemos que necesita después de pasar este primer examen de su administración es entender que no puede ser el único actor en el escenario, que tiene que delegar funciones y tener presente la frase que acuñó el presidente Harry Truman: “The buck stop here”.