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Managua, 27/05/2012 8:39 AM
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Cacerolada en La Habana
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Este viernes 1 de mayo, a las ocho y media de la noche, hora de Cuba, habrá en La Habana una “Cacerolada por el derecho de todos los cubanos a viajar libremente”. Se trata de una auto convocatoria de los mismos ciudadanos, o sea que no es promovida por ninguna organización en particular, y en una de las muchas invitaciones a participar en la cacerolada, que han circulado en Cuba, se lee lo siguiente:

“Las recientes medidas del Gobierno norteamericano contrastan con el inmovilismo de nuestro gobierno. Mientras que nuestros familiares que viven en EE.UU. ya pueden viajar libremente, los cubanos de la isla no tenemos derecho a salir de viaje, como simples turistas en cualquier otra parte del mundo. Son muchos los pedidos que se han presentando a nuestro gobierno en este sentido, por vías oficiales y extraoficiales. Pero todos han sido desoídos. Es hora de reclamar nuestros derechos y dejar de pedir limosnas a quienes se encargan de tomar decisiones por nosotros. Ya que no podemos hablar libremente, hagamos ruido. No es delito hacer sonar una cazuela para protestar por la inercia y la falta de respuesta de las autoridades cubanas a un pedido legítimo: que el Gobierno elimine las actuales restricciones para que todos los cubanos podamos viajar libremente”.

Por su parte, la célebre comunicadora social Yoani Sánchez, que como todos los cubanos vive como una cautiva en la isla y hace esfuerzos que parecen milagrosos, para mantener su sitio de comunicación, o blog, por medio de Internet, escribió sobre la cacerolada de La Habana lo siguiente:

“Las viejas herramientas para alimentar a la familia logran convertirse —llegado el caso— en la boleta que no podemos dejar en la urna y en esa mano que no nos atrevimos a levantar en la asamblea. Cualquier objeto sirve, si de exigir espacios se trata: una tela que se saca al balcón, un periódico que se blande en público o una cazuela que repiquetea junto a otras. El gran coro metálico que forman las cucharas y las sartenes pudiera ser —este primero de mayo a las 20:30 horas— nuestra voz, decir aquello que tenemos trabado en mitad de la garganta.

“Las restricciones para entrar y salir de Cuba han durado demasiado tiempo. De manera que haré sonar mi olla por mis padres, que nunca han podido cruzar el mar que nos separa del mundo. La sinfonía de las cacerolas la entonaré también por mí misma, obligada a viajar sólo virtualmente (o sea, por Internet) en los últimos dos años. Apretaré el ritmo de la cuchara cuando piense en Teo (el hijo de Yoani), condenado a la salida definitiva si se le ocurriera subir a un avión antes de los dieciocho años. La haré repiquetear por Edgar (un conocido de ella), que está en huelga de hambre después de siete negativas a su solicitud de permiso de salida. Al final del concierto de metales le dedicaré un par de notas a Marta (amiga de Yoani) que no obtuvo la tarjeta blanca para conocer a su nieta que nació en La Florida. “Después de tanto darle al fondo de la cazuela, probablemente ésta no me sirva para freír ni un huevo. Por el necesario “alimento” de viajar, moverse libremente, salir de casa sin pedir permiso, bien vale la pena romper todos los implementos de mi cocina”, termina diciendo Yoanni Sánchez, quien obtuvo el año pasado el Premio Internacional Ortega y Gasset, que otorga el diario español El País, pero no pudo ir a España a recibirlo porque el régimen totalitario de Raúl Castro no le permitió viajar al extranjero.

Cabe recordar que en el inciso 2 de su artículo 13, la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece de manera clara y categórica que: “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio y a regresar a su país”. Pero ese derecho, como muchos otros derechos humanos universales, no lo respetan los gobernantes comunistas de Cuba, a pesar de que este país es suscriptor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y miembro de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la cual está obligada a hacerla respetar.

Tal vez la Cacerolada de La Habana de este 1 de mayo, sea el primer paso en un nuevo camino de lucha que conduzca los cubanos de la isla a conquistar su derecho a viajar libremente y a vivir en libertad. Lo deseamos de todo corazón.

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