Las autoridades de Gobernación y Policía del Perú, con el respaldo y la participación de organizaciones de la sociedad civil y centros escolares, están llevando a cabo una amplia campaña contra el ruido ambiental, es decir contra la contaminación sonora o acústica. En la estación de televisión TV Perú, que retransmite en Nicaragua la principal empresa de cable, se ha podido ver imágenes de niños y adultos disfrazados de los personajes de entretenimiento, nacionales y extranjeros, más populares en la sociedad peruana, que se movilizan por las principales calles y avenidas de la ciudad o se instalan en las esquinas de mayor movimiento. Allí, verbalmente o por medio de carteles artísticamente diseñados convocan a los transeúntes y particularmente a los conductores de vehículos automotores a no hacer ruido ni sonar sus bocinas innecesariamente, a respetar el derecho al silencio y a la salud de sus conciudadanos. Además, a los que no atienden al llamado de la campaña y violan la ley contra el ruido, los policías les aplican sin contemplaciones la multas legalmente establecidas.
Pero no sólo en Perú se está luchando ahora con mayor interés y fortaleza contra la contaminación acústica y por el derecho de las personas al silencio. En Europa Occidental se ha avanzado mucho en este campo, lo mismo que en Estados Unidos y Canadá y algunos países asiáticos desarrollados. Pero en el mundo subdesarrollado y pobre, al que pertenece Nicaragua, el ruido innecesario y excesivo y por lo consiguiente los daños que provoca a la salud de las personas, sigue siendo un grave problema social y particular de quienes lo sufren.
A este respecto LA PRENSA publicó en su sección Domingo del recién pasado 19 de abril, un reportaje de la periodista Amalia Morales titulado Ruido furioso, que se refiere precisamente al desenfreno ruidoso que sufre la población de Managua. En este reportaje se cita a la abogada Doraldina Zeledón, quien es una destacada e incansable luchadora contra el abuso del ruido y ha escrito y dictado innumerables escritos y charlas denunciando los males que causa la contaminación acústica y llamando a combatirla. A personas como Zeledón se debe que en la Ley Especial de Delitos contra el Medio Ambiente y los Recursos Naturales se incluyera el delito de la contaminación sonora o acústica, y que ésta haya sido penalizada por el nuevo Código Penal de Nicaragua.
Pero la contaminación sonora sigue aumentando y causando daño, porque la ley no se cumple y las autoridades correspondientes no la hacen cumplir. Por eso, seguramente, es que la experta Doraldina Zeledón dijo en el reportaje de LA PRENSA antes mencionado “que el ruido es un problema tan local que le toca a la propia gente resolverlo”. Y en ese sentido explicó que ella personalmente ha logrado que bajen el volumen al equipo de sonido en el supermercado que visita, cada vez que llega de compras, y que en el cabaré que funciona en su cuadra también reduzcan el estruendoso ruido que acompaña las sesiones de baile y desnudo femenino.
Las consecuencias de la contaminación sonora que se mencionan en el reportaje de LA PRENSA son impresionantes: En el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) hay 250 millones de personas con problemas auditivos; en Nicaragua, entre el uno y el dos por ciento de la población puede padecer algún trastorno auditivo, por culpa del ruido. De manera que es necesario combatir este grave problema, y como señaló la doctora Zeledón los mismos ciudadanos deben exigir el respeto a las leyes contra la contaminación acústica, que la Policía cumpla su deber de obligar a los conductores a no sonar sus estridentes bocinas, que tiendas y otras empresas comerciales no se promocionen con equipos de sonido al aire libre que producen un ruido infernal, y cualquier otro tipo de abusos sónicos.
Los expertos aseguran y demuestran que el ser humano está concebido y diseñado para el silencio. De manera que el ruido, sobre todo cuando es excesivo, no sólo provoca daños auditivos sino que también causa subida de presión, arritmia cardiaca, padecimientos coronarios, alteración del ritmo respiratorio, desequilibrios hormonales, desórdenes gastrointestinales, reducción del impulso sexual, inestabilidad emocional, etc., etc. En fin, el ruido mata. Por eso hay que reducir el ruido y sancionar a quienes lo provocan sin consideración al prójimo, violando los derechos humanos e irrespetando la ley.