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Managua, 27/05/2012 8:17 AM
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Noticias >> Política
(LA PRENSA/O. Miranda)
“El Presidente debe reinventar su relación con EE.UU.”
Arturo J. Cruz Sequeira, Ex embajador de Nicaragua en EE.UU.
Mañana el presidente Daniel Ortega tendrá la oportunidad de verse cara a cara con el presidente Barack Obama, de los Estados Unidos, cuando éste se reúna con los mandatarios centroamericanos que conforman el SICA. Para el ex embajador de Nicaragua en Estados Unidos, Arturo Cruz Sequeira, esto lo debe aprovechar Ortega para “reinventar su relación con Estados Unidos”. Sin embargo, el mismo Cruz admite que el ingrediente clave será el tema electoral.
Eduardo Enríquez
eduardo-enriquez laprensa.com.ni
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El ex embajador de Nicaragua en Washington, Arturo Cruz Sequeira, dejó pasar 45 días desde su salida del cargo para volver a hablar en público. Lo hizo con una conferencia magistral organizada por la Cámara de Comercio Americana Nicaragüense (Amcham) el pasado jueves en Managua.

En ella, Cruz, quien tiene un doctorado en Historia Moderna por la Universidad de Oxford, explicó la transición que está sufriendo la política exterior de Estados Unidos al pasar de la presidencia de Bush a la de Obama, y cómo esa transición, que lleva consigo una transformación de la visión del mundo de parte de la primera potencia tendrá sus consecuencias en Nicaragua.

Luego de la conferencia, el ex diplomático que se prepara para retomar su vida académica en el Incae, habló con LA PRENSA de su experiencia como embajador de un gobierno que tiene “contradicciones inevitables” con Estados Unidos y que él considera que el presidente Ortega debe reinventar su relación con ese país. Cruz habla de cómo manejó los momentos más tensos, incluyendo “el punto más bajo de la relación bilateral” como es el período posterior a las elecciones municipales del pasado noviembre, en las que el Gobierno cometió el fraude más grande de la historia de este país, tema sobre el cual Cruz insiste en guardar, desde el punto de vista personal, “un silencio administrativo”.

En su conferencia usted explicó que esta nueva Administración está más interesada en la estabilidad que en el establecimiento de democracias liberales. Eso para mí eso es preocupante porque “estabilidad” podría ser seguir con lo que tenemos.

Te lo pongo de esta manera, la administración Bush, en muchos aspectos fue una Administración revolucionaria. Para empezar quiso redefinir el tema de lo que es estabilidad política, en función a la consolidación de las democracias liberales y no necesariamente de gobiernos autoritarios y efectivos. Desde esa perspectiva sí fue una Administración muy limitante en promover la aspiración a una democracia liberal en muchas partes del mundo donde uno pudiera alegar que el cuerpo social, para darle sostén a esa aspiración a esa arquitectura de democracia liberal, no existía. Eso contribuyó a un gran desgaste en su política exterior, inclusive muchos alegarían que trajo una serie de trastornos nacionales, que ahora de alguna manera se están pagando, precisamente por no haber tenido modestia en lo que los EE.UU. con su gran poderío podría lograr.

Ahora bien, la Administración Obama se enfrenta para empezar con un debacle económica, con un inmenso déficit para el año fiscal 2009, en una situación donde su endeudamiento ya supera el 70 por ciento en proporción del PNB, y donde por supuesto el papel de los extranjeros para financiar ese endeudamiento es bien importante y aquí nos estamos refiriendo concretamente a la autocracia china.

Entonces tienen esa realidad abrumadora, y tenemos una segunda realidad que es que éste es un Gobierno que entra con dos guerras: Afganistán e Irak, y encima de eso con un vecindario totalmente inestable; Irán por un lado, Paquistán por el otro y con una situación donde Paquistán y la aspiración por una democracia liberal resulta ser una enorme decepción.

La Administración Bush y su postura a favor de la democracia liberal tuvo un corolario nicaragüense, y la pregunta es si la política exterior de Obama va a tener un corolario nicaragüense; entiéndase como corolario nicaragüense distancia en nuestros asuntos y dejar que encontremos nuestro equilibrio, aún si no es un equilibrio dentro de la perspectiva de la democracia liberal.

Eso creo yo que está por resolverse, porque me da la impresión que independientemente de que la Administración Obama tiene un sentido muy pragmático antes las realidades que te describí anteriormente, también hay una sociedad civil en EE.UU. sumamente dinámica del propio partido Demócrata que considera que la promoción de democracias liberal es parte de los valores norteamericanos.

En su conferencia usted mencionó Paquistán donde las fuerzas armadas se volvieron un sustituto de las instituciones democráticas, si trasladamos ese ejemplo a Nicaragua si fuera posible, ¿quiere decir que los caudillos son los sustitutos de la democracia liberal?

Habrá que ver cuál es el corolario nicaragüense, y podría ser precisamente eso, mayor tolerancia hacia las posibilidades objetivas de Nicaragua de cumplir los modelos políticos en una dirección o en la otra. De una cosa sí están clarísimos los norteamericanos, que gobernar Nicaragua en un contexto de democracia ideal es muy difícil tomando en cuenta que el 80 por ciento de los nicaragüenses tiene ingresos de bajo de dos dólares al día, que el crecimiento económico promedio de Nicaragua en los últimos 18 años ha apenas superado el 3 por ciento, que el presupuesto nacional para satisfacer la expectativas de la gente es de 1,600 millones de dólares, de los cuales 300 son recursos externos, y que hay una mayoría inmensa de nicaragüenses que están sofocados por la inmediatez, y por lo tanto propensos a políticas de relaciones tutelares; entonces de repente en este contexto tan difícil donde el sentido del realismo de la Administración Obama pareciera ser la regla, pueden decir “bien Nicaragua todavía no tiene suficiente cuerpo social para cumplir ese tipo de democracia que la Administración Bush pretendió conducir”. Ahora insisto, EE.UU. es una sociedad compleja e insisto que una cosa es la postura global de la Administración Obama pero otra cosa es cuando ya la ven de manera concreta y ahí viene de la sociedad civil norteamericana, del Congreso y de su propia Embajada.

¿Cómo queda nuestra democracia a lo interno?, a lo que me refiero es que recordó que cuando vino Shannon en el 2006 dijo “vengo a hablar con los dos candidatos, con Lewites y Montealegre...”

Que representan el futuro, y en ese momento hay un salto en la política exterior norteamericana ya la dicotomía, no es sandinismo, antisandinismo sino en aspiración a la modernidad versus sociedad tradicional. Ahora, si bien es cierto yo alego que conceptualmente era una cultura muy elegante y que era consistente con su doctrina mayor que elaboré en la conferencia, en términos electorales resultó ser muy desastrosa porque desde la perspectiva norteamericana, porque al final del día la sociedad tradicional sacó 65 por ciento de los votos y la aspiración a la modernidad menos de 35. Por es que una de las preguntas centrales con que ellos se tienen que enfrentar de cara al 2011, suponiendo que Nicaragua va a ser un asunto de su preocupación en cuanto a las elecciones de entonces, es cuál va a ser la política del 2011, una continuación de la política del 2006, o bien va a ser una política con variaciones de la del 2006, o bien van a tratar otra vez de crear un sentido de unidad como fue en 1990.

¿Por cuál se inclina usted?, porque en el escenario de la política tradicional Alemán cobra una gran fuerza .

Sin duda alguna, por eso es que la gran pregunta de la política norteamericana gira alrededor de Arnoldo Alemán, hasta qué punto es excluido o hasta qué punto es incluido.

¿En su experiencia?

Creo que le costaría mucho a la política exterior de EE.UU., aún a la del equipo de Obama, acomodarse a ciertas realidades. Pero va a depender mucho también del cuerpo social que el doctor Alemán demuestre, y eso se va a ver en términos de apoyo de cara al futuro.

Han pasado dos años bien agitados políticamente en Nicaragua, ¿cree que esa representación moderna del Estado ha ganado más espacio o ha perdido?

Realmente no tengo una respuesta sólida, tenemos que esperar la evidencia, tenemos que esperar los números, tenemos que estudiar más el tema. De lo que sí estamos claros es que en el 2006 ganó la sociedad tradicional. La gran pregunta es que si la sociedad ha evolucionado lo suficiente, o si bien los partidos tradicionales se han erosionado lo suficiente para que en el 2011 haya una nueva posibilidad de que lo que no funcionó en el 2006 funciones entonces.

También usted trató de reconciliar por lo que entendí, ante los norteamericanos, el acercamiento de este Gobierno a Venezuela y al mismo tiempo la necesidad de mantener la ayuda tradicional. Habló de un populismo responsable... Usted cree que este Gobierno ejerce un “populismo responsable”

(El Gobierno) trata. La insistencia de mantener un programa con el Fondo Monetario al menos es una expresión de una preocupación con la estabilidad macroeconómica del país y con la percepción en el mundo de esa preocupación de nuestro Gobierno por mantener esa estabilidad macroeconómica. Si no existiera esa preocupación todas las vueltas y todo el afanamiento que hay alrededor de las relaciones con el Fondo no existiría.

Sin embargo eso es una mitad, es la parte responsable, la parte populista ¿la ve implementándose?

Uno de los problemas del populismo es que enfrenta lo inmediato sin pensar en el futuro, y otro gran problema de lo que podemos llamar el enfoque neoliberal es que habla del futuro sin preocuparse del presente. Cómo reconciliás, sobre todo en una sociedad como la nuestra donde toda la gente está a lo inmediato, el presente sin perder el futuro. Y en ese sentido la maravilla del recurso que ofrecía Venezuela es que vos podés usar esos recursos de manera inmediata en el corto plazo para apaciguar expectativas que tienen que ver con subsidios, que tienen que ver con pavimentar calles, que tienen que ver con que haya luz, y que los podés hacer de cierta manera de manera inmediata y apaciguar expectativas. Pero por otro lado es que tenés que mantener una disciplina macroeconómica y eso sólo te lo puede dar un programa con el Fondo y la cooperación tradicional. Y creo que hubo un esfuerzo en esa dirección en el 2007.

Pero la verdad es que la ayuda venezolana está sirviendo para hacer del orteguismo un grupo económico

Puede ser, pero también en un momento dado tenía tanto volumen esa ayuda que podía cumplir con muchas tareas. Ahora, a medida de que los recursos petroleros se vuelven más apretados, esa posibilidad de rebasar se vuelve más limitada.

¿Qué lo llevo a aceptar a una posición tan delicada como ésta de un Gobierno que sabías que iba a ser antagonista y problemático?

Por eso acepté. No es lo mismo representar al gobierno del presidente Bolaños o de doña Violeta o del propio doctor Alemán que representar al gobierno del comandante Ortega. Desde un primer momento yo me aboqué a una tarea fundamental, y es reconocer que las contradicciones iban a ser inevitables, pero que teníamos que evitar que fueran contradicciones fatales y teníamos que convertirlas en tensiones manejable y en esos dos años creo que eso se logró. Ahora, que indiscutiblemente esto fue de ayuda para el presidente Ortega, sí creo que fue ayuda para el presidente Ortega, pero también hay que preguntarnos ¿le sirvió a Nicaragua? Y ahí viene la gran pregunta de hasta qué punto en algunas cosas hay convergencia entre los intereses nacionales y los intereses del Gobierno, y si hay convergencia deberíamos estimular esa convergencia. En el tema de los EE.UU. yo sigo convencido, de que era fundamental encontrar convergencia entre los intereses del presidente Ortega y los nacionales.

Y ¿cómo podía encontrar esos puntos cuando en pleno ejercicio como embajador en 2007 llegaba el presidente Ortega a las Naciones Unidas a dar un discurso como el que dio? ¿Cómo podría explicar eso en EE.UU.?

Te voy a decir cómo se hizo, y definitivamente el presidente Ortega también ayudó para resolver ese tema. Nosotros siempre diferenciamos lo que era la agenda multilateral y la agenda bilateral, indiscutiblemente en la agenda multilateral las diferencias son notables en las Naciones Unidas y la OEA. En lo personal te digo que son demasiado notables, yo no hubiera querido esas diferencias tan grandes, porque eso afecta la agenda bilateral, pero también tenés tu agenda bilateral y esa agenda bilateral tiene su propia dinámica, y entonces precisamente cuando la agenda multilateral estaba más complicada, la agenda bilateral cogía dinamismo. La agenda bilateral tiene muchos puntos que había que evacuar y que a los EE.UU. le interesaba que esas cosas se evacuaran, entonces precisamente en los momentos de mayor tensión en las instancias multilaterales paradógicamente la de mayor fluidez es la agenda bilateral.

Uno de los temas más importantes en esa relación bilateral era el tema de los misiles, creo que a usted le hubiera gustado salir con ese problema resuelto.

Hubiera sido para mí uno de los triunfos mayores, precisamente porque yo me aboqué a la negociación, pero el tema de los misiles fue lo que permitió que relajáramos las tensiones después del discurso de las Naciones Unidas, porque inmediatamente después de este discurso empezamos a negociar el tema de los misiles, y en ese sentido, independientemente que no se culminó felizmente ese proceso, ese proceso en sí ayudó a mantener la relación viable y desde esa perspectiva fue un enorme logro de poder, si vos querés, diluir los efectos del discurso. Y a la semana estaba el equipo norteamericano negociando con el presidente Ortega y sus representante, entre los cuales estaba yo, la cuestión de los misiles y el intercambio de medicina por un número definido de equipo militar. El proceso se avanzó muchísimo y llegamos a lo que podríamos llamar el punto de culminación, que después el Presidente tomó su decisión en la dirección que él consideró conveniente, que fue una decisión que a mí personalmente no me pareció la correcta, también es cierto, pero él es el jefe del Estado, yo soy el embajador en Washington que tengo puntos de vista muy definidos y que se los exprese. Ahora bien esto no quiere decir y es muy importante, no quiere decir que este tema esté totalmente muerto, es parte de la agenda.

Otro de los problemas que se dieron durante tu estadía allá fue el tema de las elecciones municipales que tuvieron como consecuencia la suspensión de la Cuenta Reto del Milenio, ¿cómo manejó eso? Por las expresiones los diplomáticos norteamericanos están claros que aquí hubo un fraude electoral...

La percepción generalizada en EE.UU. es de que el proceso electoral nicaragüense fue tremendamente irregular, antes de las elecciones, durante las elecciones y después de las elecciones y ahí el consenso fue universal, y por supuesto que es el punto más bajo de la relación y es donde la Cuenta del Milenio toma la decisión de suspender la ayuda. Ahora bien ahí es donde yo jugué un papel junto al Canciller y la diplomacia nicaragüense también jugó un papel de tratar de minimizar el daño porque considerábamos que la retención de la ayuda golpeaba más a la sociedad que al Gobierno. Cuando me retiro del cargo todavía sigo abogando para que se mantenga la decisión de no cortar la ayuda.

¿Pero cuál era su argumento? Ok, hubo fraude pero mantengan la ayuda...

No, no, no, obviamente yo soy representante de mi Gobierno, tengo que ser consecuente con la posición de mi Gobierno, lo que estaba planteando es que hay que dejar los espacios abiertos precisamente pensando en la posibilidad de una modernización del proceso electoral de cara al 2011.

¿Pero hubo fraude o no?

Vuelvo a insistirte. Yo fui embajador del presidente Ortega, traté de ser consecuente con los interese de ese Gobierno, pero sobre todo con los intereses de Nicaragua y yo tengo que tener cortesías mínimas con el Gobierno que me designó como su representante en Washington. Y esa cortesía la voy a mantener.

Esa cortesía no es recíproca porque no vimos a nadie del Gobierno aquí en la conferencia.

Yo no actúo sobre la base de la expectativa de qué va a hacer el otro, yo actúo sobre la base de mi educación, de la manera en que yo crecí y de la manera en que he sido formado. Soy un convencido de que a mí se me dio la oportunidad de servirle a mi país y esa oportunidad uno también la tiene que agradecer.

El presidente de AMCHAM don Róger Arteaga le pedía el jueves en su discurso al Presidente que en Trinidad y Tobago abogue por los intereses nacionales y no por cosas “que no son de nuestra incumbencia”, dijo

En cuanto al evento de Trinidad y Tobago, yo sí creo que el Presidente debería aprovechar ese momento para reinventar la relación con los EE.UU. tomando en cuenta que Obama es un Presidente que viene desde lo más liberal, en el buen sentido de la palabra, del partido demócrata, que tiene una visión del Estado mucho más fuerte que del mercado en algunos aspectos, que podemos definirlo que tiene preocupación por la agenda social. Además, el presidente Obama está queriendo tener buenas relaciones con Rusia, está queriendo tener buenas relaciones con Irán, está queriendo mantener buenas relaciones con Siria, está consolidando su relación con Gadafi, (Obama) está tratando de transformar la relación con los adversarios históricos de Estados Unidos. Entonces hay un ambiente general que le facilita reinventar esa relación.

Pero eso significaría un giro de 180 grados para el presidente Ortega.

Pero es que yo también creo que en cierta forma el presidente Obama es un giro de 180 grados. Es decir si Obama no fuera ese giro de 180 grados yo comprendo la dificultad para el Presidente. Ahora hay cosas emocionales, hay cosas de identificaciones históricas propias del nacionalismo latinoamericano, que yo estoy convencido que van a ser parte de ese reinvento, pero eso no quiere decir que (yo) no vea que ésta es una oportunidad que se puede aprovechar.

`Dijo que su comunicación con el Presidente fue fluida, que tuvo victorias y que tuvo derrotas... ¿Cuál fue tu mayor victoria y cuál fue tu mayor derrota?

Todavía me tengo que reservar parte de esa agenda personal de trabajo, pues porque uno debe mantener cierto profesionalismo en cuanto a los secretos propios de una diplomacia complicada, pero sí te puedo decir de que tuve momentos de gran satisfacción y que tuve momentos de mucha tristeza, pero que yo también comprendía que eran decisiones que a mí no me correspondían.

Ese giro de 180 grados para reinventar la relación implicaría que el presidente Ortega retome el tema del fraude...

Creo yo que los norteamericanos van a insistir y no van a dejar de insistir como condición sine qua non para que las relaciones realmente se afiancen, que el proceso electoral en el 2011 sea más aceptable tanto para la mayoría de los nicaragüense como para la comunidad internacional.

Habiendo vivido lo que vivió en estos dos años, ¿si lo pusieran de nuevo en el 2006, aceptaría de nuevo?

Sí aceptaría de nuevo. Y te voy a decir algo, si yo hubiera sido más consecuente en cuanto a mis convicciones de lo que le conviene más a mi país, me hubiera quedado de embajador.

¿Pero no ve que aquí se está construyendo una dictadura y que su función como embajador estaría ayudando a consolidarla?

Yo con toda objetividad vuelvo a insistir esa dicotomía democracia versus dictadura creo que es demasiada polarizante y es demasiado radical y hay espacios intermedios que hay que ampliar, que hay que profundizar por el bien de este país. Nicaragua no se puede dar el lujo de una involución como la que tuvimos en los años ochenta, esa involución es la que de cara al futuro ha creado todas estas complicaciones que estamos viviendo y no soy de la tesis que con tal de golpear al Gobierno tenemos que golpear al país. Es decir cómo puede la oposición resistir las aspiraciones del presidente Ortega de reelegirse etc. etc. pero a la misma vez guardando todos los posibles espacios para que Nicaragua no caiga en una involución dramática.

¿Y realmente se le puede hacer el mismo llamado al presidente Ortega?

Sin duda. Y de lo que se trata precisamente es entonces de tener un discurso civil, precisamente para ser interlocutores válido con la oposición y con el Gobierno.

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