Gracias a la cuenta regresiva que le lleva El Azote a la presidencia del compañero comandante pueblo presidente Daniel me enteré —al revisar la edición que saldrá el domingo— de que para el lunes le quedarán mil días de su período.
Al mismo tiempo, en una entrevista al ex embajador de Nicaragua en Washington, Arturo Cruz, que publicamos en esta edición, el ex diplomático le recomienda al Presidente que aproveche a la nueva Administración de Barack Obama para reinventar su relación con Estados Unidos, y que nada mejor para esto que aprovechar el escenario de la V Cumbre de las Américas.
Y aunque sé que sólo reinventar a Ortega para su relación con Estados Unidos representaría un giro de 180 grados casi imposible, dada la ortodoxia del compañero comandante pueblo presidente Daniel, a mil días de entregar la banda presidencial (hasta el día de hoy el señor en mención no puede ni pensar en reelegirse por estar inhibido por la Constitución) la verdad es que él debería ir más allá del consejo de Cruz y reinventar toda su Administración.
Y esto tiene un sentido práctico, no es sólo una ilusión. Ojalá Ortega tuviera esa capacidad; terminaría siendo un buen presidente, alguien que hizo algo positivo por el país y al final lograría el agradecimiento de todo el pueblo y no de la ínfima cantidad de partidarios que actualmente son los beneficiarios de sus programas “sociales”, gracias a la lealtad que le profesan.
Sin embargo, como quedó claro con su discurso de ayer en Trinidad, al menos de entrada el compañero comandante pueblo presidente Daniel no tiene intenciones de reinventarse. Es algo que yo no comprendo. Al menos en teoría, aunque quizá todos cometemos ese mismo error en nuestras situaciones cotidianas, pero, como digo, al menos en teoría uno pensaría que si tiene una segunda oportunidad trataría de hacer las cosas bien, o mejor que la primera vez.
Pero, por muy ciego que esté políticamente el Presidente, y por muchos letreros que ponga anunciando que “cumplirle al pueblo es cumplirle a Dios”, la verdad es que no está cumpliendo. Su propaganda electoral decía “Desempleo Cero”, por ejemplo; todos sabíamos que eso era una mentira en el sentido literal, pero al menos se esperaba que disminuyera el desempleo, o que lo mantuviera igual, y la verdad es que los desempleados se han multiplicado.
“Eso es por la crisis internacional”, van a decir los orteguistas. En parte sí, pero ninguno podrá negar que las políticas del señor Ortega no han hecho nada por amortiguar el golpe de la crisis internacional y más bien él con su discursos y sus políticas ahuyenta la poca inversión que podría venir. Porque hay todavía algún movimiento en ese sentido. Sé de varias empresas de los llamados Call Centers, por ejemplo, que consideraron instalarse aquí y no lo hicieron por la inestabilidad política y la consabida debilidad de las instituciones.
Ahora Ortega tiene una tercera oportunidad, le quedan mil días en la Presidencia y puede cambiar muchas cosas en esos mil días. No lo va a hacer y sólo va a traer más desempleo y pobreza al país, mientras él sigue alquilando gigantescos aviones para volar con un puñado de los suyos.
Desgraciadamente, anoche el señor hizo una vez más el ridículo, haciendo un discurso atrapado en el pasado y sin propuestas reales. Logró llamar la atención, pero por su estridencia y no por su inteligencia.
Lo bueno de todo esto es que ya sólo le quedan mil días en la Presidencia.