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Managua, 27/05/2012 8:16 AM
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De Miami a Puerto España
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La Cumbre de las Américas nació en 1994, en Miami, cuando el entonces Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, invitó a todos los gobernantes del hemisferio occidental democráticamente elegidos, a reunirse para discutir sobre las nuevas relaciones hemisféricas después de la caída del comunismo soviético y europeo y el fin de la Guerra Fría; así como su propuesta de una alianza regional de libre comercio para promover el desarrollo, reducir la pobreza e impulsar el progreso social.

Desde entonces, como se dice popularmente mucha agua corrió bajo los puentes. O sea que bastantes cambios han habido en el hemisferio occidental y en las relaciones entre los países de las Américas que son tan diversos. Sobre todo, en este lapso hubo en relación con la Cumbre de las Américas dos momentos de gran trascendencia, uno de ellos luminoso para la democracia en el hemisferio y el otro muy negativo para Estados Unidos de Norteamérica.

El primero ocurrió en la tercera Cumbre de las Américas, que se realizó del 20 al 22 de abril de 2001 en Quebec, Canadá, la cual consignó en su Declaración Final el reconocimiento del carácter fundamental de “los valores y prácticas de la democracia”, reconoció la necesidad de defenderla de las múltiples amenazas que se ciernen contra ella y decidió que la Organización de Estados Americanos (OEA) adoptara “una Carta Democrática Interamericana que refuerce los instrumentos de la OEA para la defensa activa de la democracia representativa”. Y es importante señalar o recordar ahora, que en aquella ocasión el autoritario presidente venezolano Hugo Chávez aceptó la Declaración de Quebec, pero con reservas, primero por el llamado a la defensa de la democracia representativa y la recomendación de adoptar una Carta Democrática Interamericana, y segundo por la mención al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) propuesta por Estados Unidos.

El segundo momento de gran trascendencia en la breve historia de la Cumbre de las Américas, fue en la cuarta reunión de mandatarios que se realizó en Mar del Plata, Argentina, el 4 y el 5 de noviembre de 2005, en cuya declaración ya ni siquiera se mencionó el libre comercio regional y mucho menos al ALCA. Esto significó un gran fracaso de la política de Estados Unidos hacia la región y el gobierno norteamericano se quedó prácticamente sin una propuesta específica para América Latina y el Caribe. Y de esa manera se demostró también la gran influencia que la izquierda en sus diversos matices, desde el extremista de Chávez hasta el democrático de Lula, ha venido logrando cada vez más en el hemisferio occidental.

De manera que no es extraño que el eje real de la quinta Cumbre de las Américas que se está realizando en Trinidad y Tobago, aunque no figure en la agenda oficial, sea el caso de Cuba y más específicamente la fuerte presión internacional para que el gobierno de Estados Unidos ponga fin al embargo comercial sobre el régimen comunista cubano, de manera incondicional, inmediata y definitiva. Pero la presión es también para que en las relaciones internacionales se deje de lado la Carta Democrática Interamericana, a fin de que Cuba se pueda integrar a la familia hemisférica con su totalitarismo comunista que los hermanos Castro llaman sarcásticamente “democracia popular”, sin libertad de expresión y de prensa, sin derecho a la libre organización política, sin la obligación de celebrar elecciones libres y competitivas, sin libertad de trabajo y de empresa, sin respeto a los derechos humanos de todas las personas. O sea el brutal modelo de Estado y de sociedad que quieren imponer Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua.

Sin embargo el presidente Barack Obama dijo con mucha claridad, antes de que comenzara la quinta Cumbre de las Américas, que Cuba debe hacer reformas a favor de la libertad, la democracia y los derechos humanos, a cambio de la apertura de EE.UU. y el fin del embargo. Y escribió que Estados Unidos mantiene su “compromiso con la libertad, igualdad y los derechos humanos. Por eso —dijo— anhelo que llegue el día en que todos los países del hemisferio puedan tomar su lugar ante la mesa, conforme a la Carta Democrática Interamericana”.

Nosotros no creemos que ese anhelo del presidente estadounidense pueda ser compartido por los Castro, Chávez y Ortega. Pero en todo caso esperamos que Barack Obama sí se mantenga fiel a esa palabra que ha empeñado ante los pueblos de las Américas.

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