En el Canto V de La Ilíada, Homero menciona de pasada a los hermanos Oto y Elfiates, hijos de Aloeo (y por eso fueron llamados los Alóadas), quienes durante trece meses tuvieron prisionero a Marte, dios de la guerra, atado dentro de una cárcel de bronce.
Homero vuelve a mencionar a Oto y Elfiades en la Rapsodia XI de La Odisea, en la que dice que “fueron los mayores hombres que criara la fértil tierra (…) pues a los nueve años tenían nueve codos de ancho y nueve brazas de estatura. Y agrega que “Oto y Efialtes amenazaron a los inmortales del Olimpo con llevarles el tumulto de la impetuosa guerra. Quisieron poner el (monte) Osa sobre el Olimpo, y encima del Osa el frondoso (monte) Pelión, para que el cielo les fuese accesible”.
Los Alóadas eran hijos de Ifimedia y de Aloeo, pero según la leyenda su verdadero padre fue Poseidón, el dios de los mares. Se decía que cuando Ifimedia era doncella se enamoró de Poseidón, pero éste no le puso interés, a pesar de que la muchacha era famosa por su belleza. Ifimedia se consolaba yendo a la orilla del mar, donde se dejaba cubrir el cuerpo por el agua imaginando que Poseidón la acariciaba y poseía. Así pasó el tiempo hasta que el dios de los mares se compadeció de ella e hizo que quedara embarazada con las aguas del océano.
Poco tiempo después Ifimedia se casó con Aloeo y meses más tarde alumbró gemelos, que fueron nombrados Oto y Elfiades. Aloeo creía que aquellos robustos mellizos eran sus propios hijos, a pesar de que fueron formándose como seres extraordinarios que cada año crecían un codo de ancho y una braza de estatura. Así, cuando tenían 9 años su estatura era también de nueve brazas (un poco más de 15 metros) mientras que su volumen era de nueve codos, equivalentes a cuatro metros y medio. O sea que eran unos gigantes.
A esa edad Oto y Elfiades decidieron asaltar el Olimpo y destronar a los dioses. Oto pretendía poseer sexualmente a Hera, la esposa de Zeus, mientras que Elfiates lo quería hacer con Artemisa.
Así fue que, como dice Homero en La Odisea, los hermanos gigantes colocaron montaña sobre montaña para atacar y asediar al Olimpo. Zeus mandó a Marte a contener el ataque pero los Alóadas lo hicieron prisionero, como también menciona Homero en La Ilíada. Es que a Oto y Elfiades no los podía matar nadie, ni dios ni mortal, tal como un oráculo se lo había hecho saber a Ifimedia cuando consultó sobre el destino de sus hijos.
Apolo sugirió entonces enviar un mensaje a los Alóadas, proponiéndoles cesar el ataque a cambio de entregarles a Artemisa, para que uno de ellos la poseyera sexualmente. Aceptaron los Alóadas la propuesta, pero cada uno de ellos quería ser el que hiciera el amor a la diosa.
En esa disputa estaban cuando Artemisa se presentó ante ellos en la forma de una preciosa venadita. Oto, por un lado, y Elfiates, por su parte, quisieron darle caza, pero cuando iban a dispararle sus mortíferas flechas, la cierva se colocó entre los dos, que de ese modo se dieron muerte el uno al otro.
Y así se cumplió la profecía de que a Oto y Elfiades no los podría matar ningún dios ni mortal, pues lo que no dijo el oráculo fue que entre ellos mismos sí podrían darse muerte.