Querida Nicaragua: Hay muchas personas que en los días de Semana Santa acostumbran reflexionar sobre el dramático proceso en el cual se condenó a Nuestro Señor. Los personajes son enormemente parecidos a los de ahora. El Sanedrín es el Poder Judicial dispuesto a condenar al reo a como dé lugar, inclusive sobornando al apóstol de la traición.
Fuera de la sublime figura del Redentor, de María su madre y de uno que otro personaje que le fue fiel, todos los demás son iguales a los de ahora.
Hubo discípulos que lo traicionaron como Judas, que lo negaron como Pedro, turbas que lo aclamaron el domingo y lo repudiaron pidiendo su muerte el viernes. De modo que la humanidad sigue siendo la misma y no deben extrañarnos las actitudes, traiciones, engaños que vemos ahora.
Nosotros tenemos un país al que hay que componer. Los politólogos le han dado en llamar a esto hacer una “reingeniería”. El Ejecutivo no respeta las leyes, los ministros hacen lo que les manda el Ejecutivo, el Poder Judicial no puede estar peor de lo que está, el Poder Electoral ha caído al fondo del abismo y ha perdido toda credibilidad, la Fiscalía como si no existiera, la Contraloría atiende las señales de sus amos, la Procuraduría de los Derechos Humanos da vergüenza.
Aunque parezca mentira, el único organismo que nos queda para salvar la democracia, para rescatar al país, para evitar una futura dictadura vitalicia, para no permitir que las libertades sucumban frente al abuso de los tiranos, es el Poder Legislativo. Con todos sus defectos, es la Asamblea Nacional donde convergen los partidos políticos, la única que puede detener la marcha hacia el abismo totalitario. Es la Asamblea la que ha nombrado a cierta basura inmersa en los poderes del Estado. Hemos sido testigos de la actuación de muchos de estos señores y es la Asamblea Nacional la que tiene la obligación de removerlos cuando sus períodos terminen, sin permitir que poderes extraños se interpongan, que intereses mezquinos continúen ejerciendo nefastas influencias en el primer Poder de la República como es el Poder Legislativo.
Todos sabemos que no hay muchos santos en la Asamblea, sabemos que hay partidos que mal escogieron a sus partidarios para hacerlos diputados. Sabemos que muchos de ellos tienen precio, ya se valoraron, han vendido sus votos casi públicamente como también sabemos que hay otros esperando la ocasión para apoderarse de la parte del pastel que no han recibido, pero con todo y eso, los diputados honestos que los hay, los diputados probos, los verdaderos patriotas, los que tienen respeto por sí mismos, pueden salvar la situación. Si los diputados honestos que todavía tenemos nos fallan, la patria estará perdida, caerá en el abismo en que están cayendo otros países íntimos amigos del nuestro.
Yo no tengo la fórmula. No soy diputado nacional, pero tanto cerebro junto en la Asamblea Nacional debe ser capaz de no permitir que cuatro diputados corruptos, oportunistas y traidores echen a perder los más altos valores de la nacionalidad nicaragüense: la libertad, el respeto a la ley, el Estado de Derecho, la libre movilización, la libertad empresarial y sindical, la enseñanza libre, el derecho a ganarse el pan cotidiano con el sudor de la frente, el derecho a hablar, opinar y divulgar libremente nuestras ideas. Respeto a nuestra condición de ciudadanos libres, sin cerrojos, sin bozales, sin barrotes.
Sólo nos queda la Asamblea Nacional.