Del viernes al domingo de esta semana se realizará en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, en las Antillas Menores, la quinta Cumbre de las Américas bajo el lema: “Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos mediante la promoción de la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental”.
Sólo el gobierno de Cuba no participa en la Cumbre de las Américas, porque su régimen comunista totalitario es incompatible con los principios y valores de la libertad y la democracia, en los que se sustenta el sistema de vida y de gobierno interamericano. Sin embargo, de hecho Cuba será representada en esta Cumbre por los gobernantes izquierdistas de otros países americanos, que actúan oficiosamente como agentes de la dictadura comunista, entre ellos el de Nicaragua. Por eso, precisamente, fue que Daniel Ortega llevó a Fidel Castro — el viernes 3 de abril— el proyecto de Declaración de Compromiso de Puerto España, que emitirán los jefes de Estado y de Gobierno en la quinta Cumbre de las Américas; es decir, para que Fidel Castro hiciera sus observaciones al documento y le diera —a Ortega— las instrucciones que quisiera.
Es por primera vez en la historia que un gobernante que va a participar en una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, lleva a otro gobernante que no participará en la reunión, antes de que ésta se realice, el proyecto de documento oficial para que lo apruebe, rechace o haga sus recomendaciones. Esto es algo insólito, sin precedente en la historia de las Cumbres y de las relaciones internacionales en general. Y es lo que explica que después que Ortega le llevó a Fidel Castro el proyecto de declaración de la quinta Cumbre de las Américas, el representante de Nicaragua en la OEA quiso desacreditar dicho documento diciendo que “no ha sido aprobado ni consensuado por los jefes de Estado”.
Por supuesto que los jefes de Estado aprobarán y emitirán la declaración de la quinta Cumbre hasta que se reúnan el próximo fin de semana en Trinidad y Tobago. Pero el texto del documento ya fue aprobado por el equipo negociador internacional, según lo informó el Embajador del Gobierno de Trinidad y Tobago para las Américas, Luis Alberto Rodríguez, quien es el Coordinador Nacional de la Secretaría de la quinta Cumbre: “Tras diez rondas de negociaciones, los 34 países del hemisferio occidental pudieron llegar a un consenso sobre el documento de 97 párrafos”, declaró en forma oficial y solemne el embajador Rodríguez.
Lo que hay detrás de esta intriga diplomática de opereta, es el interés de los gobernantes izquierdistas de las Américas —que actúan como representantes oficiosos de la dictadura comunista castrista—, de presionar para que Cuba sea admitida en el sistema político interamericano; y sobre todo para obligar al Gobierno de Estados Unidos a poner fin al cacareado embargo económico a la isla.
Pero el embargo o bloqueo —como lo denominan dramáticamente en Cuba— es más farsa que realidad, y el Gobierno norteamericano debería ponerle fin, no porque se lo exigen los gobernantes izquierdistas, sino porque al fin y al cabo a quien más ha servido es a la misma dictadura comunista cubana. Realmente, ¿qué embargo puede haber si de acuerdo con cifras del US Census Bureau, en el año 2007 Estados Unidos fue el quinto cliente comercial de Cuba, y en el período de enero a noviembre de 2008 las exportaciones norteamericanas a Cuba aumentaron 72.5 por ciento, en relación con las del mismo lapso del año anterior. Al respecto el académico cubano-norteamericano, Carmelo Mesa-Lago dijo a la periodista española Maite Rico, del diario El País, de España, que: “El Gobierno cubano ha usado el embargo para encubrir los múltiples errores de la política económica (…). El embargo ha sido una excusa conveniente. Y ha servido también para justificar el autoritarismo, al presentar a EE.UU. como una amenaza frente a la que Cuba no puede bajar la guardia”.
De todas maneras, si es cierto que tanto interesa a la dictadura comunista de Cuba y a sus amigos de las Américas que se ponga fin al embargo, EE.UU. por lo menos debería exigir a los hermanos Castro que a cambio pongan en libertad a todos los presos políticos y de conciencia y que se comprometan a un diálogo con la oposición interna, para iniciar la transición hacia la democracia. Es lo menos que se puede pedir.